EL SACRIFICIO DE LA HUMANIDAD 2.0 (parte 2)


¿QUÉ SON ESOS FUEGOS QUE NOS HABLAN?

En la mayoría de religiones a estos seres se les llama “espíritus”,
de una manera general, aunque tengan variadísimos nombres,
dependiendo de las diferentes religiones
y dependiendo de los diferentes “espíritus”

                                                     Salvador Freixedo: “¡Defendámonos de los dioses!” 1984

Columnas de fuego, zarzas ardientes, estelas luminarias, rostros incandescentes, pequeños fuegos sobre las cabezas de los agraciados, e incluso fuegos salvadores. Estos hechos relatados son el reflejo de una “comunicación” divina. Muestras de “diálogo” entre unas entidades emisoras de un “mensaje“(aparentemente) y unos receptores “elegidos” por las mismas para la “propagación” de las directrices “reveladas“. Seguiremos limpiando de polvo y paja esas escrituras y documentos; unos oficiales, otros no tanto, pero que nos servirán para comprobar que las similitudes entre los cultos religiosos distas entre el espacio y el tiempo, tal vez no coincidan entre sí por causas metafísicas, las intrínsecas de los colectivos humanos; sino que pueden deberse a propósitos tendenciosos más terrenales y provechosos para esos “patrocinadores” de dogmas. Expondremos los dictámenes o relatos religiosos desde el punto de vista de la fuente de donde es recogida, aclarando las neblinas que podamos despejar en esos textos, u oscureciéndolos para entrever desde un ojo más sombrío esos detalles que se dan por inalterables y que nos puedan conducir a unas respuestas de las causas de esos sacrificios, ya sean sus autores humanos o de otra naturaleza. Viajemos por las señales de este denominador común: el FUEGO… y sus iluminados receptores.


Atendiendo a las narraciones históricas, legendarias o histórico-religiosas, todo parece indicar que aquellos que estaban en posesión del elemento “que había que crear” (y dominar) de los 4 principales, estaban en posesión de dominar al resto de la población. En todas sus formas: en su forma física, como fuente de energía; o en su forma alegórica, como fuente de conocimiento y sabiduría. Por ende, permitiría “controlar” el desarrollo tecnológico a aquellos que poseían esa información.


Ese FUEGO, por tanto, comprenderá uno de los elementos “emisores” clave que ha utilizado ese poder-religión, manejado por unos pocos (no está mal recordarlo), como “vía de comunicación” con las diferentes entidades divinas y sus escenificaciones, unas teatralizadas (cada cual lo entienda como guste) y otras narradas (incluso fabuladas), para lograr la comprensión más sencilla e intimidadora al receptor. Y quiénes mejor para usar el “telefonillo celestial” que aquellos “elegidos” por descendencia según las escrituras escritas, valga la redundancia, pertenecientes a la casta sacerdotal. Todo grabado a fuego (entiéndase, inalterable).

Nimrod, constructor legendario de la Torre de Babilonia

Comencemos por la historia-narración-leyenda-mito de Abraham, o Ibrahim, “patriarca” de algunas de las principales religiones del mundo. En su versión islámica; por tanto debería ser la última en tiempo (debería…). Tenemos al hombre justo Ibrahim encerrado durante largo tiempo por Nimrod, el rey de Babilonia y según las malas lenguas, bisnieto de Noé, por haber destruido a los ídolos inanimados que adoraban las gentes de esa tierra por obra y gracia de los sacerdotes del primer rey poderoso del mundo. Al parecer, el poder dominante notó algunas dudas en sus súbditos y puso en marcha un plan para hacer desaparecer toda sombra de duda sobre la adoración al rey y sus dioses. Mandó Nimrod amontonar la mayor pira de madera construida jamás, para que su potente fuego apagara para siempre la idea de un sólo Dios creador todopoderoso que insistentemente promulgaba el bueno de Ibrahim.

El patriarca esperaba con resignación su muerte encomendando su alma a su Dios, Allah. Este no le iba a dejar morir y ordenó al fuego que fuera un lugar fresco y pacífico para Ibrahim, que salió de entre las llamas sin una gota de sudor en sus ropas por el fuego y sin rastro de halo de humo en sus ropas. El fuego tan sólo quemó sus cadenas. Todos los presentes gritaron: “el dios de Ibrahim le ha salvado del fuego“. Nimrod ya no puede seguir con el engaño de su falsa idolatría frente a su sometida población. Representa al que se rebela contra Dios e intenta imponer unas falsas deidades, el que no se somete a la voluntad divina. El que intenta construir la Gran Torre de Babel como desafío a Dios, el que no acepta su ley, el mal salvaje. El sacrificio-ejecución a través del potente elemento que simboliza el conocimiento, se vuelve en su contra y hace que la visión impactante, a modo de trauma, de la salida de Ibrahim de las enormes llamas, ilumine cual es el conocimiento a seguir. Paradójicamente, lo que trata de transmitir esta leyenda, es la idea del fuego que debería haber apagado para siempre la creencia monoteísta, se convierte en la que acaba con las falsas idolatrías contrarias a aquel hombre que surge de las enormes llamas (simbología del renacer o pasar a una nueva vida) . Su Dios pasa a ser el controlador del verdadero conocimiento a ojos de ese pueblo. 

“Así ardió Zaratustra”

Prosigamos con uno de los aspirantes a ser el primer culto monoteísta de la historia, con el permiso de Akhenatón, que en la gloria de los olvidados se halle. Nos referimos al zoroastrismo, el mito-hombre reformador del culto a Ahura Mazda, dios Creador no creado. Zoroastro es el personaje al que se le atribuye la exaltación de esta deidad suprema, entre una indeterminada fecha entre los siglos XII y VI antes de Cristo. El símbolo para representar y que reconocen sus seguidores es el FUEGO. Los zoroastristas rezan frente a alguna forma de fuego o una fuente de luz. No se adora al fuego-luz en sí, sino que es tomado como símbolo de divinidad. 

Pero es el mito del personaje de Zoroastro o Zoroaster (el Zaratrusta, tomado prestado por Nietzsche, también), el que nos llama la atención. Aquí entrará en escena un joven francés, Abraham  Anquetil-Duperron (1731-1805), orientalista que se aventuró a conseguir escritos originales de las antiquísimas religiones de la India. Este pretendido “maestro de las instituciones de toda Asia”, aupado por personalidades como Voltaire (veremos porqué). Llegó al sudeste de la India en 1755, con la intención de aprender sánscrito y así poder tener acceso en mejores condiciones a viejísimos textos vedas hindús. Es en esa parte de la India donde se concentraban los parsis, el grupo más importante de seguidores zoroastrianos. Aquellos que huyeron de Irán cuando el Islam conquistó la antigua Persia. Anquetil recoge la información de los sacerdotes parsis. Del catecismo que escucha impartir a niños y a los que creen en esa religión. 

A partir de ahí, escribe “Vida legendaria de Zoroastro“. Lo que conlleva a que la primera fuente de información que arriba a la Europa de la Ilustración sobre el mito de este profeta, sea lo que dice-escribe el autor que le dijeron los sacerdotes parsis. Veamos que dice que le dicen; no seamos malpensados.

Nació un 21 de marzo, el equinoccio de primavera y año nuevo persa. Dohodo, su madre, es visitada por un ángel anunciador en sueños que le comenta que está embarazada y que dará a luz un profeta. Mucho trabajo y que poco originales son los ángeles anunciadores a lo largo de la historia, parece ser. Quizá los escribas no estén “muy atentos” a la hora de plasmar las revelaciones divinas, pudiera ser. La criatura no llora al nacer; sino que rio a carcajadas. Este suceso llegó a oídos de los magos de la antigua religión, que intentaron matarle (siempre lo antiguo es peor comparado con lo nuevo). En este mito, los Reyes Magos, se convierten en secuestradores y asesinos de niños. El jefe del grupo de esos malvados magos, levanta el cuchillo para dar muerte al recién nacido Zoroastro, cuando queda parado al escuchar al bebé decir: “Conmigo, no podrás“. Una tergiversación de la matanza de los Inocentes…¿o aquella de esta? El niño es arrojado un día por estos magos a un fuego. Ese símbolo de Ahura Mazda parece protegerlo, y hace que el pequeño salga, sano y salvo, y por su propio pie, de las llamas. Se hizo un Ibrahim contra Nimrod… ¿influyó esta historia sobre la del patriarca de las tres grandes religiones monoteístas, o aquella sobre esta? O tal vez, sólo tal vez, Anquetil-Duperron, “mezcló”, o se dejó llevar un poco por sus estudios de teología. 

Zoroastro en la “Academia de Atenas”

Tras varias anécdotas para eliminarlo, como situarlo en mitad de bueyes y vacas para ser pisoteado, al igual que entre caballos, que tuvieron nulo resultado sobre aquel niño, que era protegido por los animales. La historia que dice-escribe que le dicen, y cuando “lo peta”, Anquetil, viene al narrar como intentan deshacerse, del aún bebé Zoroastro, abandonándolo a su suerte en mitad del bosque. Aquí, Zoroastro, es amamantado por una loba, cual Rómulo y Remo (cosas de la mitología), aunque por la zona más bien la referencia sería Ciro, rey de los Medas que fue amamantado por una perra salvaje (cosas comunes de las leyendas de los fundadores). Ya crecidito, intentan envenenarlo a través de un supuesto remedio para una enfermedad que contrajo. Este lo rechazó y se curó por sus propios métodos. Todos estos episodios o intentos de asesinato se asemejan mucho a una superación de “triple muerte”, según los testimonios casi todos de niño, y varias más, que hemos visto anteriormente. Vemos que; inventada, influenciadas, genuinas o no; Zoroastro, supera un proceso iniciático “mortal” que culmina con su viaje de estudios a Caldea. Allí adquirió conocimientos de matemáticas, astrología y ciencia. Regresa a tierras persas a profesar sus conocimientos a la edad de 30 años. Hecho que nos lleva a pensar en otros profetas y personajes históricos que culminaron su proceso iniciático a esa edad. ¿Se acuerdan de Napoleón y su noche en la Gran Pirámide aquel 9 de Av del calendario hebreo, tres días antes de cumplir los 30?

Zoroastro, comienza su andadura en su Persia natal cruzando un río caminando sobre sus aguas con unos cuantos de sus seguidores. Y no fue en el mar de Galilea ni sus discípulos iban en barca como contaban al menos tres evangelistas de su maestro. Tanta influencia pudo venir inducida por un personaje interesado. Uno de los motivadores del viaje de Anquetil en busca de esas informaciones fue Voltaire, que andaba empeñado en demoler todo lo establecido de una manera sistemática, para la instauración de lo que él y sus secuaces llamaban “el progreso“. Aunque ya se conocía bastante de la filosofía zoroástrica o mazdeísta, un relato como el del pretendido orientalista francés, lleno de “coincidencias forzadas” con pasajes del cristianismo y el antiguo testamento, sirvieron de pólvora a la lengua torticera del rey de la sátira, snob ilustrado y “caballero galopante” en pro de las víctimas de la intolerancia religiosa (valiente mamón). La pseudo-traducción chapucera del Avesta, el libro religioso que supuestamente contenía las enseñanzas de esta religión tampoco ayudó a aclarar sus muchos misterios. Y digo supuestamente, porque de esos 21 libros originales que contenían esas enseñanzas compiladas, tan sólo ha llegado a nuestros días uno. El resto son compilaciones que se suponen de tradición oral. La destrucción del resto de libros se la atribuyen a Alejandro Magno, que a su llegada a Persépolis, considera este que no cuentan la verdad y manda destruirlos. No cuadra mucho que un alumno de Aristóteles, como fue el joven rey macedonio, cometiera tal fechoría, pero así es la historia de la historia, llena de redes cautivadoras de mentiras; tampoco descartemos lo contrario.

Teokoteno (Media), Mensor (Caldea) y Sair (¿Kuwait?) ¿Reyes Magis?

Toda esta ocultación histórica puede que tenga que ver con la casta sacerdotal encargada de profesar y administrar las creencias y rituales del zoroastrismo, los poco conocidos Magis o magiis, que recuerda en parte aquellos levitas del judaísmo (o aquellos a estos). Depositarios de antiguas creencias, que se pierden y velan en el tiempo. Según Heródoto, historiador griego del siglo V a.C.: “los magis eran una casta sacerdotal numerosa que constituía una de las seis tribus Medas.” Contaba de ellos, también: “Adoraban al aire, la tierra, el agua y, sobre todo, el FUEGO, cuyo culto se celebraba bajo unos techos, donde noche y día mantenían la LLAMA SAGRADA”. Y las actuaciones de estos a tener en cuenta: “Se proclamaban mediadores entre Dios y el hombre, y ofrecían los sacrificios (…) e interpretaban los sueños, los presagios, pretendían poder preanunciar el porvenir.”  Otros autores, como Robert Charles Zaehner, en el siglo pasado, escribieron que los magis era los vigilantes de los asuntos religiosos nacionales, independientemente del culto religioso. Ellos debían de estar presentes para permitir, limitar y; como no, cobrar, de bien seguro, religiosamente, la parte acordada de la ofrenda ritual. Incluso participaron en celebraciones invocadoras del espíritu oscuro de Ahriman, la maldad opuesta a Ahura Mazda. A parte de las menciones en los territorios y civilizaciones del entorno (Persia, Parthia, Medas, Sakas) aparecen alusiones a estos magis, magus, magavan, en tierras lejanas como Arabia, Etiopía y Egipto. Esto nos hace sospechar que la tribu de los Magis fuera algo más que una simple casta sacerdotal. Tal vez, fueran unos hechiceros del fuego que portaban sus lucrativos rituales y leyendas a través del mundo y del tiempo. Tabernáculos, oráculos, círculos megalíticos,… fuego, sangre y sacrificio que conecte o medie con la entidad de turno. Quedémonos con este nombre, “magis“, porque volverá a aparecer de mano de cierta orden religiosa.

Zoroastro mimetizado en un “palomo”

Una última observación sobre los fuegos “zoroastrianos”. Se llegaron a clasificar, con el tiempo. Siempre se ha dicho que ha habido “clases y clases”; pues del fuego, también, faltaría más. ¿Acaso estaban pensando que si unos “magos sacerdotales” tomaban un símbolo divino sencillo de realizar iban a dejar que cualquier simple llama tuviera el mismo valor? Claro que no. Se han clasificado 3 tipos de fuegos. El llamado Farnbag, relacionado con el clero y que se mantenía en la región de Chorasmia o Jorasmia (norte de Irán, sur de Turkmenistán y gran parte de Afganistán). Aluden a una llama de emplazamiento estable; pero movible, que es transportada en varias ocasiones hasta la fijación de la religión (supuestamente por Zoroastro) en el siglo VI a. de C, y llevada a un santuario llamado Kariyán (no localizado), en alguna parte cercana a Fars (sudoeste de Irán). El fuego Gushnasp, cuyo origen lleva a los magis de Media, que controlaban y custodiaban como símbolo de poder y de la monarquía. El fuego menor sería, como no, el perteneciente al elaborado por los campesinos, el llamado Burzen-Mihr, para consumo propio. Esta manera de clasificar las llamas no deja de ser otra cosa que un diferenciador de acceso al conocimiento. No todos los fuegos calientan igual.

El obediente Abraham

Retomando momentáneamente al justo Abraham/Ibrahim, para ilustrar de una manera ejemplarizante para todo aquel que vea-escuche-imagine, la escena del inminente sacrificio sobre su primogénito; ya sea Isaac para judíos y cristianos, o Ismael para los seguidores del Corán. Ambos, padre e hijo, suben a un monte “con un fuego” para realizar un holocausto (o sacrificio) en olor de Yahvé. A la pregunta de su hijo sobre donde estaba el cordero para la ofrenda, su padre le respondió que corría a cuenta del altísimo. Lo dejaremos en este punto porque el lugar tiene una localización curiosa. Antes veremos unos pasajes anteriores.

Viene a confirmar una especie de pacto de obediencia ciega al ser superior, roto con anteriores ascendientes de este pueblo. Pacto que comenzó en el Edén; donde los primeros seres humanos, Adán y Eva, deberían asumir los 7 elementos o condiciones para vivir eternamente en el paraíso que se les otorgó. Entre las condiciones de poblar la tierra, arreglar el huerto, comer deliciosas frutas y hierbecillas del campo, se les condicionó no probar el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, so pena de muerte. “Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” Génesis 2, 17. A modo de pedagógico pareado, al primer hombre le han enseñado. Como del árbol comieren, no la  muerte; pero sí el destierro sufrieren. 

Rota la baraja por el dios Jehová, les estableció un nuevo pacto con 7 elementos nuevos por mil años. En este, el sufrimiento por la vida es la tónica, la mujer pasa a la sumisión del “macho” y a parir entre dolores, y la tierra es maldita para ser producida por el hombre, que eso de estar ocioso está mal visto entre las deidades, entre otras condiciones. Tras el “enfado” con la humanidad y el Diluvio Universal, Noé, desde su arca, esperó a comprobar si las aguas volvieron a su cauce tras sendos envíos de palomas, esperando entre vuelo y vuelo 7 días en ambos casos. Luego estableció esta divinidad el pacto anterior con un nuevo pliego de 7 condiciones, donde ya se promulgan gobiernos de unos humanos sobre otros dependiendo de su estirpe (menos mal que eran hijos del mismo padre) y unos cuantos sacrificios de animalitos en olor a su gracia y como expiación de sus pecados. Para que viesen que no era tan rencoroso, Yahvé, el impredecible (o dependiendo de la predilección del escriba del momento, más bien), les promete que ya no volverá a destruir la humanidad con agua. Como prueba de buena voluntad les mandará su “arco de luces” cada vez que se retiren las nubes de lluvia. Luces, agua, aire y tierra fértil y un bonito arco iris de 7 colores.

“Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra”. Génesis 9, 13

Volvemos ahora con Abraham y su hijo preparando el altar para el sacrificio. Atando al muchacho se dispuso a proceder a su degollamiento. En la versión del Corán, Ismael, es conocedor de las intenciones de su padre y actúa de buena voluntad en el sacrificio. El arcángel Gabriel desde los cielos llama al patriarca justo cuando levanta el cuchillo sobre su hijo para detener la acción; en el relato del Génesis hebreo. No así en la versión musulmana donde Abraham intenta cortar el cuello de su primogénito. Acto impedido por Allah, que ordena al cuchillo que no corte. En ambas versiones le comunican al profeta que ha demostrado de soberana su sumisión total a Dios. “En verdad la prueba evidente.” El cordero ya entradito en edad apareció justo detrás, enredado en un zarzal, y a este animal que venía de pastar por 40 años en el jardín del Edén, si que dio el cuchillo de Ibrahim buena cuenta de su cuello. No deja de sorprender ese “fuego” que llevaban consigo para la oblación (ofrenda). Este acontecimiento dio lugar al pacto renovado de Yahvé con Abraham, que entre las 7 condiciones, destaca la promesa de una nación para sus descendientes y su protección. Vamos alternando la versión de la Biblia con la del islam para una mejor localización del suceso que se señala en el monte Moriah, en lo que después fuera Jerusalén y enclave sagrado que se repetirá en lo sucesivo.

El “nacimiento” de la piedra negra

No obstante, Ibrahim y su hijo Ismael (versión islam), tuvieron el encargo de su Dios para “construirle” una casa sagrada para ser alabado por todos sus fieles. Ese lugar fue la Kaaba (el Cubo). Edificio de forma cúbica que fue “complementado” por una misteriosa piedra negra, especie de meteorito de origen indeterminado, alegoría de piedra fundacional, que según la tradición, se la entregó Yibril(Gabriel), arcángel para todo. Veremos el porqué de las rocas/piedras fundacionales y comunes. La Kaaba/Cubo, con su piedra mágica en la esquina oriental (donde sale el Sol, como no), fue instalada en el valle de la Meca, bastante alejado del monte Moriah, la escena del no-sacrificio del primogénito de Abraham. Una distancia más que mágica. Dicha piedra está envuelta en una explícita vagina de plata, simbolizando de alguna manera el momento del alumbramiento de un niño desde el interior del Cubo. El llamado “metal de la Luna”, toma fuerza si tenemos en cuenta que la plata es el metal que combina la más alta conductividad térmica junto a la mayor conductividad eléctrica. ¿Un nacimiento de alta frecuencia saliendo de esta casa sagrada? Cubo de piedra que permanece velado por una cortina de seda negra (kiswa), que pareciera tapar las vergüenzas de una mujer durante el parto, y que “vela” el ritual de las 7 circunvalaciones al edificio. Las 7 órbitas planetarias según la visión del cielo de la antigüedad, tratando de tocar o besar la mágica piedra, en cada una de las vueltas, por cada peregrino como si de una atracción cósmica se tratara. Según la tradición islámica, esta piedra será testigo y juez el día de la Resurrección (Mashara). Nacimiento energético, resurrección tras juicio divino. Curioso ritual iniciático amparado en un objeto y lugar cuyo culto se presume mucho más antiguo de lo que resulta a ojos de la historia.

Escalera hacia el Cielo y la Tierra.

De tan lugar curioso nos desplazaremos nuevamente hasta el monte Moriah, donde nos encontraremos con Jacob, nieto de Abraham, que tras una huida por tal de evitar males mayores con su hermano, pernocta en ese enclave sagrado. Toma una piedra como almohada y tiene lugar un sueño visionario de una escalera (su escalera), que está apoyada en tierra y por la que veía como subían y bajaban hasta los cielos a ángeles de Dios. Al final de ella, se le apareció Yahvé, que le habló acerca de la protección que le daría a él y a su descendencia para que tomara aquellas sus tierras. Después del sueño, vertió aceite sobre aquella piedra y llamó a aquel lugar Betel (casa de Él), que anteriormente se llamaba “Luz”. 

Jacob, el padre fundador de las 12 tribus de Israel, viene a ser una figura más terrenal que Enoc, el sumo sacerdote celestial, que pudo mirar a los encendidos ojos de Yahvé en su larga estancia en los cielos y que describió a este Dios envuelto de fuego. Tal y como se le aparecería generaciones posteriores a Moisés, y a su pueblo errante. En forma de columna de fuego o de humo, según la hora del día, para guiarlos hasta la Tierra Prometida; y en forma de zarza ardiente, en la intimidad con el profeta que guiaba el Éxodo. Parecido fue, el viaje del pueblo azteca o méxica, con su Dios guiándolos en forma de águila por las Américas, y que Fray Diego Durán explicó así: “Traían un ídolo que llamaban Huitzilopochtli, el cual traía cuatro Ayos (sacerdotes),que le servían ya quién él decía muy en secreto todos los sucesos de los itinerarios y camino, avisándoles de todo lo que les había de suceder, y era tal la reverencia y temor que a éste ídolo tenían, que ninguno de ellos lo osaba tocar. Este venía metido en un arca de juncos, que hasta el día de hoy no hay quien sepa ni haya visto la forma de este ídolo. A este hacían estos sacerdotes adorar por Dios, predicándoles la ley que había de seguir y cumplir, las ceremonias y ritos con que habían de ofrecer sus ofrendas. Y esto hacían en todos los lugares que se asentaban, a la misma manera que los hijos de Israel lo usaron todo el tiempo que lo usaron por el desierto“. Muy “levítico” todo, ¿no? Sin trampa ni cartón. Si una historia funciona bien, para que cambiarla, ¿verdad Fray Diego? No se anduvo de poner ni colorado este dominico escribiendo su códice “Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme” durante la segunda mitad del siglo XVI; aunque viendo el siguiente texto pareció muy apenado por la desaparición de documentos originales este “tergiversador” histórico: “No ignoro el excesivo trabajo que será relatar crónicas y historias tan antiguas, especialmente tomándolas de tan atrás, porque allende de haber los Religiosos antiguos quemando los libros y escrituras y haberse perdido todas, faltan ya los viejos y antiguos que podrían ser autores de esta escriptura, y hablar de fundación y cimento desta tierra, de los cuales yo habré de tomar el intento de sus antigüedades.” El mismo modus operandi histórico-tergiversador de toda la vida. Ah, y fuente bibliográfica “veraz” de investigadores como Salvador Freixedo y Andreas Faber-Kaiser (parece mentira).

Mahoma en la Kaaba con la “piedra negra”

Enlacemos a Jacob, y su escalera, con el profeta impulsor del Islam, Muhhamad o Mahoma. Y sin rodeos vayamos a su viaje nocturno. Este se encontraba en la Mezquita prohibida de la Meca, la Kaaba, cuando el ángel Yibril, quien sino, le hizo de guía y lo subió a lomos de Buraq, un asno o burro con alas enjoyadas y rostro de mujer, por los cielos hasta la Mezquita “más lejana”, lo que sería por aquella época las ruinas del Templo de Salomón. Eso se conocería por el Isrâ. Una vez allí, se produjo la Ascensión por los 7 niveles del cielo, donde Mahoma pudo conversar con todos los profetas de Dios, y en su último nivel se hallaba el trono de Allah. Desde Adán, Moisés, Abraham, hasta el mismísimo Jesús. A eso se le llamó la Mirach. Se describe la no visión del dios al estar “velado por luz”, o simbología de un misterio inabarcable. También Yibril y el burrito Buraq  lo llevaron a conocer los 7 infiernos

¡Gloria a quien una noche hizo / viajar a su siervo desde la Mezquita / Inviolable hasta la Mezquita más lejana, aquella cuyos / alrededores hemos bendecido, / para mostrarle parte de Nuestros signos! / Verdaderamente El es Quien oye y Quien ve”. Sura XVII, al-Isrâ. 

Stairway to heaven

Ese viaje “horizontal” a través del espacio-tiempo nocturno, a parte de mitología, se da el caso que dista 666.666…millas náuticas o minutos de arco, ya mencionados en anteriores trabajos, que producen una especie de escalera iniciática sorprendente al pasarlo a la “medida natural” del metro. tal que los 1851.85185185…metros de la milla náutica se convierten en la sucesión 1.234.567,9012345679012345679012345…metros. Ojo con esta sucesión que salta del 7 al 9, para luego comenzar desde 0 y volver a saltarse el 8. Número que se considera simbólicamente como comienzo, o transición entre el cielo y la tierra (nunca mejor dicho); no en vano, para la iglesia católica es símbolo de resurrección. 

La cuadratura del círculo de la Cúpula de la Roca

Pero no nos andemos por las ramas y visualicemos esa curiosa sucesión numerológica como una “escalera matemática“, de esas que se utilizan para enseñar a los más pequeños de una manera gráfica al realizar operaciones de cálculo. En dicha escalera echamos a faltar el 8, ya lo hemos visto. ¿Dónde está? Podríamos elucubrar bastante sobre teorías diversas simbólicas, pero resulta mucho más sencillo visualizar el punto de conexión entre el trayecto horizontal y la “escalera vertical” hacia los cielos: la Cúpula de la Roca. Un vistoso edificio octogonal (8 lados), con unos anillos geométricos que envuelven a la “Roca sagrada” a modo de espacios anulares en el interior del edificio y que juega, visible e invisiblemente, con “anillos” cuadrados, octogonales y circulares. La pared del muro octogonal y el pórtico interior paralelo, de 8 pilares y 16 columnas, forman dos octógonos que envuelven al círculo, de cuatro pilares y 12 columnas, que soportan el tambor sobre el que se eleva la cúpula recubierta de cobre. Esto sería la parte visible. Los círculos imaginarios que formarían los vértices de ambos octógonos y los dos cuadrados que se trazarían, con ángulos de 45 grados entre sí, desde las 4 entradas (cada una correspondiente a un punto cardinal) darían lugar a la parte invisible de la construcción. Este conjunto aúna un esoterismo geométrico herederas del pitagorismo, que expresaba las leyes del microcosmos para expresar el macrocosmos del mundo ideal. Por tanto, esos círculos y cuadrados simbolizarían la unión del cielo y la tierra; que a su vez está representado por los “visibles” octógonos, figura geométrica que está a medio camino entre el círculo y el cuadrado. La cuadratura del círculo.  

El “Pozo de las Almas”

Si en el otro extremo de la “escalera horizontal” tenemos a una piedra venida de los cielos, que parece salir de un misterioso cubo “cargado de energía”, al otro tenemos lo que parece que denominan varias culturas “la Roca fundadora del Mundo”. Testigo de los pactos de obediencia de Abraham y su hijo, Jacob, David y Salomón, Mahoma y en sus laderas el sacrificio del Cordero de Dios, véase Jesús, en expiación de toda la humanidad. Justo debajo de esta Roca, existe una cueva, excavada en un hueco natural, de la que corren todo tipo de leyendas sobre su contenido. Una pequeña cripta que atesora un pequeño altar dedicado a Abraham y otro a Elías y un mihrab (nicho que señala la dirección de la Kaaba). Es conocida por el “Pozo de las Almas”.

La “Transfiguración” de Jesús.

Y llegamos al profeta, mesías, hijo y Cordero de Dios, rabino atípico y revolucionario, cuya biografía está enterrada en una madeja de contradicciones. No trataremos de su existencia real o no; sino que analizaremos un par de pasajes relacionados con la luz y el fuego, que nos está conectando unas historias con otras. Jesús, Jesucristo, el Hijo del Hombre o, como fuera su destino, el Cordero de Dios. Nos centraremos en la llamada “transfiguración” (cambio de forma o apariencia), el cambio de Jesús o culminación de la iniciación que representa. El “maestro” se lleva a sus tres discípulos más aventajados, Pedro, Santiago y Juan, a orar al Monte Tabor. Este suceso denota diferentes niveles iniciáticos dentro de sus seguidores. Unos más iguales que otros. Durante la aparente meditación el rostro y las vestiduras de Jesús empiezan a iluminarse y resplandecer, mientras el resto de iniciados que se hallaban con él se encuentran en aparente trance ritualístico. En este proceso “anunciador” se les aparecen Moisés, representando la parte legisladora, y Elías, como la parte profética, para comunicarle su partida muy próxima de Jerusalén. Un anuncio de prueba final iniciática. Como culmen del ritual luminoso nada mejor que estos dos versículos de Lucas para explicarlo: “Mientras él decía esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor al entrar en la nube. Y vino una voz desde la nube que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd.” (Lucas 9. 34, 35)

La invasión de las mentes por el “Espíritu Santo”

Seguimos con Jesús, y su manifestación desde los Cielos a sus seguidores más cercanos. Un claro ejemplo de puesta en escena relatada que deja a las claras que puede representar ese “Espíritu Santo”, que alecciona a los fieles con el atrezzo adecuado y de una manera bastante eficaz. “Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados” Hechos 2, 2. Fijar la absoluta atención del espectador-receptor mediante la utilización de los elementos. “Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose en cada uno de ellos” Hechos 2, 4. Esta escenificación milagrosa de las lenguas de fuego dotando de poderes extraordinarios para comunicarse en las diferentes lenguas de aquel mundo conocido, lleva a pensar en la influencia cuasi universal sobre las escrituras de las castas sacerdotales “itinerantes”; tanto en el espacio como en el tiempo. La imagen alegórica del “Espíritu Santo” penetrando en el ojo de manera, a la vez benigna y atemorizadora, “enciende” los mecanismos del cerebro que impregna, al tocado por este “fuego” de una profunda obediencia que han alterado desde tiempos remotos, y que para nada tendría que ver con el libre albedrío otorgado al ser humano por derecho divino (elucubración carente de toda validez teológica, tranquilidad) 

Pablo de Tarso recibiendo una imposición de manos “iluminadora”.

La figura de uno de los personajes clave en la formación o composición de los dogmas de la Iglesia cristiana es San Pablo y su “conversión”. Saulo de Tarso, judío fariseo de la tribu de Benjamín. Un inciso en lo representativo que puede tener una interpretación de la pertenencia a dicha tribu específica. Benjamín fue el último de los hijos del patriarca Jacob (el “padre” de las 12 tribus de Israel) y su mujer Raquel. La mujer murió tras el parto, poniendo punto y final a la saga. Vendría a decir que los pertenecientes a esa tribu son de alguna manera los que cierran la descendencia, no en vano, los benjamines ocuparon una muy pequeña porción de Palestina, pero con los importantes emplazamientos de Jerusalén y Jericó. Ya lo dejó caer Jacob a modo de bendición-profecía en su lecho de muerte refiriéndose a sus hijos: “Benjamín es lobo arrebatador; a la mañana comerá a la presa, y a la tarde repartirá los despojos” (Génesis 49.27). Ahora podemos entender mejor el símbolo de la espada que siempre acompaña a San Pablo. A mi modo de entender (siempre elucubrador, faltaría más), el anterior perseguidor de cristianos primitivos y luego principal cabeza visible de los seguidores de Cristo, “devoró” toda la organización y la “regurgitó” para que sus fieles “se comieran” los dogmas de fe producidos por Revelación Divina; las “papas” fueron gentileza de Constantino, el Grande, allá por el Concilio de Nicea (325). El problema era que Saulo no conoció al Mesías y estaba en inferioridad de condiciones frente a Pedro, la Roca sobre la que construir la Iglesia que señaló Jesús, y el resto de discípulos. Estos fueron tocados por el fuego “que es invocado”. Él no. No pasa nada. Se construye  ‘ad hoc’ una una iniciática conversión-exprés siguiendo los patrones habituales. Lo importante es construir un mito sustentable a lo largo de los siglos.

Saulo de Tarso se dirigía a Damasco para dar caza a unos cristianos. Cerca de esa ciudad, “vi una LUZ en el cielo que sobrepasaba el resplandor del SOL“. Esa luz, hablaba y le preguntó, llamándole por su nombre y en lengua hebrea, según San Pablo: “¿por qué me persigues? Dura cosa es dar coces contra el aguijón“. Ese aguijón se denominaba a una vara puntiaguda con la que se pinchaba a los animales, tales como bueyes, para guiarlos por el camino a seguir. Un pequeño detalle a tener en cuenta es que ese dicho proverbial es de origen griego; lengua que para nada dominaba el Hijo del Hombre… pero lo importante es el mito. La LUZ lo dejó ciego y tuvieron que acompañarlo en su viaje. En otro “mensaje revelador” le comunican que tiene que buscar en Damasco a un tal Ananías, que había sido uno de los 72 discípulos de Jesús que nombró Lucas en su evangelio, para que le devolviera la vista. Al tercer día localizaron al “sanador”. Durante este tiempo, Saulo, no pudo ni comer, ni beber, a parte de no poder ver. Este “ayuno ciego” parece ser una prueba de iniciación, aunque sea un mito, claro. El tal Ananías lo bautiza y le realiza una imposición de manos, que uno de sus usos es el rito de la confirmación de la fe, otorgándole el Espíritu Santo dentro de su cuerpo (y resucite al tercer día). Este nombre del discípulo suena mucho al héroe Eneas, que en su viaje al Averno para buscar a su padre fue guiado a sus puertas por Sibila, quién le obsequió con una rama dorada para poderse guiar por el Inframundo. ¿La rama dorada y la vara-aguijón simbolizan el mismo camino a seguir? Puede que sí. Que indiquen el camino para después de morir, como hombre, guíen el nacimiento para otra vida.

San Ignacio de Antioquía y su peculiar representación
 a modo de escudo heráldico. 


Los tres viajes evangelizadores de Pablo por Asia Menor y territorios griegos parecen estar bien documentados por esas famosas epístolas a las iglesias de las nuevas colonias cristianas. Parecen, sí, digo bien. Las 7 cartas dadas por auténticas por los expertos en la materia, y las 7 pseudo-epigrafías (cartas escritas en su nombre) que se le atribuyen a él de diferentes autores; pero que no son aceptadas en la actualidad, parecen mezclarse en nombres, lugares y hechos con las cartas y sucesos últimos de San Ignacio de Antioquía. Se ponen de manifiesto unos sucesos similares en la narrativa de su “viaje final”, presos ambos, a Roma. Históricamente los sucesos de Pablo se sitúan unas seis décadas antes que los de el obispo de Antioquía, cargo anteriormente ocupado por “la piedra sobre la cuál se sostendrá la iglesia“; véase San Pedro, el rival de Pablo por la hegemonía ideológica de la recién creada secta. Los dos son ciudadanos romanos, y tras su detención, ejercieron el derecho de apelar al emperador (al menos eso deducen los “expertos”). El viaje de Pablo a la ciudad imperial, se pierde en las narraciones evangélicas, no haciendo mención de su martirio. Sí lo hace, Ignacio, en referencia a San Pablo, en sus epístolas, escritas estas durante el tortuoso viaje hacia su destino, condenado ya a muerte, en Siria. El de Antioquía, recorre casi todos los lugares descritos en los viajes del apóstol de Tarso, en un extraño camino escoltado de diez guardias romanos. Es como si este tuviera que pasar por aquellos asentamientos cristianos evangelizados por el rival de Simón Pedro, a la vez que redacta 7 cartas, igual número que las 7 epístolas paulinas.

En una de esas cartas, San Ignacio, ruega a los cristianos de Roma que: “Por favor. No vayan a pedir a Dios que las fieras no me hagan nada. Esto no sería para mí un bien sino un mal. Yo quiero ser devorado, molido como trigo, por los dientes de las fieras para así demostrarle a Cristo Jesús el gran amor que le tengo“. Aquí está mostrando a Cristo como Pan de vida, realizando una alegoría con el trigo molido antes de hacerse pan, recordando al pasaje del Libro de Isaías que hace referencia al futuro mesías y la expiación de sus pecados para salvación de su pueblo.

Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por sus llagas fuimos nosotros curados”                                                                                  Libro de Isaías, 53, 5

Pero es la continuación de esa carta la que nos llama la atención por contener una evocación de varias muertes, anteriormente tratadas en esta pequeña investigación. Prosigue: “Y si cuando yo llego allá (Roma) me lleno de miedo, no me vayan a hacer caso si digo que ya no quiero morir. Que vengan sobre mí (atención) FUEGO, CRUZ, CUCHILLADAS, fracturas, mordiscos, desgarrones, y que mi cuerpo sea hecho pedazos con tal de poder demostrarle mi amor al señor Jesucristo“. Desea ser quemado, colgado y hecho pedazos…¿triple muerte? Es posible. También pudiera ser una “interpolación” histórica para acabar de rematar el relato final de San Pablo, el cuál no se cuenta en los Hechos de los Apóstoles, su martirio, y así ponerlo a la altura de su rival, Pedro. El obispo de Antioquía fue arrojado a la arena del circo romano, donde dos leones hambrientos dieron buena cuenta del anciano y sus carnes en el año 107. En la mayoría de representaciones y grabados de este personaje que junto a los leones parecen formar un curioso escudo heráldico. Corrían tiempos del emperador Trajano, originario de Hispania, curiosamente de allí donde quería llevar el Evangelio, Pablo, después de su paso por la capital del Imperio. Cuenta, Eusebio de Cesárea, dos siglos más tarde, que al recoger los verdugos los restos del santo dejados por las fieras, del corazón roto se pudieron ver marcadas las siglas de I-H-S, mostrando así el nombre de Jesús. Cabe destacar que a este santo se le adjudicó ser el primero en adjetivar a la Iglesia cristiana como “católica” (universal). Como veremos más adelante, este relato no nos sorprenderá viniendo del primer historiador de la iglesia cristiana y gran aficionado a la tergiversación histórico-religiosa.

7 trompetas, 7 sellos, 7 estrellas…

De esos tiempos convulsos donde los Padres de la Iglesia hubieron de “fijar” evangelios, construir relatos convincentes para los nuevos adeptos; hacerlos más amenos sincretizando paganismo con la nueva fe; la inminente llegada del mesías, tantas veces anunciada por el “ganador” de la doctrina a seguir por el cristianismo, San Pablo, dan lugar al considerado libro más controvertido de la Biblia cristiana: el Apocalipsis de San Juan. Una suerte de relato-visión-iluminada cargado de simbolismo de todo tipo: mítico y pagano, astrológico y geográfico, y unos cuantos más que podrían acercarse bastante al gnosticismo hermético que convivía con el cristianismo de sus primeras fases. Hete aquí que vemos una relación entre los hechos narrados de los viajes de Pablo, el viaje redentor de San Ignacio de Antioquía por la mayoría de esas ubicaciones, las 7 epístolas paulinas con las 7 cartas del obispo sirio y las constantes menciones a las 7 iglesias de Asia menor. Las llamadas 7 iglesias hermanas forman parte de una red de comunidades proto-cristianas situadas en la provincia romana de Asia. Es en el Apocalipsis, o Libro de las Revelaciones, donde vamos a ver una relación encubierta  (o no tanto) de cultos como el hermetismo, gnosticismo, maniqueísmo, orfismo, neopitagorismo con ese primer “cristianismo”, que parece esconder un interés por la astrología y la magia. 

Y miré, y vi que en medio del trono de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba de pie un CORDERO como inmolado, que tenía 7 CUERNOS, y 7 OJOS, y los cuáles son los 7 ESPÍRITUS de Dios enviados a la tierra.” Apocalipsis 5, 6.

Puede verse una prioridad en estos cultos (véase la casta sacerdotal) por la comunicación e invocación con los dioses; o Dios, uno y trino. como en el presente libro, que sobre la teología; así como atribuciones a los 7 astros-planetas del firmamento en forma de virtudes, otorgadas todas al Hijo de Dios, representado por el Cordero sacrificado, dios mediante los cuatro elementos principales. Aquí, el aire, es simbolizado por los 7 cuernos del carnero, de los que son utilizados para la elaboración del shofar, esos instrumentos de viento sagrados, que a modo de 7 trompetas, conectan-invocan los espíritus “divinos” con sus receptores-emisarios en la Tierra.

-“que decían a gran voz (millones de ángeles): El CORDERO que fue inmolado es digno de tomar el PODER, las RIQUEZAS, la SABIDURÍA, la FORTALEZA, la HONRA, la GLORIA y la ALABANZA”. Apocalipsis 5: 11-14.

Aire, fuego, tierra y agua son convertidos en los medios a controlar, y sus técnicas o rituales pasaran a ocultarse de forma más velada, si cabe, entre esos textos religiosos convenientemente adulterados según los tiempos manden.

-“Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono de Cristo, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.” Apocalipsis 5:12-13

Aquellos que poseen el dominio de las fuerzas elementales, tendrán por tanto, la capacidad de hacer y deshacer a voluntad. 

Las siete hermanas invertidas

-“El misterio de las 7 estrellas que has visto en mi diestra, y de los 7 candeleros de oro: las 7 estrellas son los ángeles de las 7 iglesias, y los siete candeleros que has visto son las 7 iglesias” Apocalipsis 1, 20. 

Y eso es lo que nos lleva a elucubrar la simbología de las 7 hermanas de las Pléyades, las también llamadas , las 7 cabrillas, las 7 palomas (peleiades), para los griegos. 7 estrellas bastante jóvenes (unos 100 millones de años, poca cosa) que para una importante cantidad de civilizaciones fueron consideradas el centro de las galaxia o el Universo. Ya los babilonios, a su estrella más brillante, Alcione, la llamaban “la piedra fundamental (Temennu)”; los árabes, “el centro” (Al Wasat) y para las culturas hindúes eras “la madre” (Amba). Eso sí, remitiéndonos a la mitología; que tanto debe para las explicaciones de movimientos y cálculos astronómico-astrológicos, el “cazador” Orión, en su persecución de las 7 hermanas, hijas de Atlas y Pléyone, fija su arco hacia su izquierda en la bóveda celeste a vista de espectador, donde se puede ver su cúmulo estelar. Pues bien, si esa visión se reflejara en la tierra, la plasmación inversa de la disposición de las 7 estrellas se asemejaría mucho a la colocación en el mapa de la localización de las 7 iglesias de Asia mencionadas en el Apocalipsis. Puede parecer forzado, pero les aseguro que el dibujo de la constelación de Virgo, plasmada en el mapa de las catedrales góticas francesas, que planteó Louis Charpentier en su “El enigma de la Catedral de Chartres”(1969) es muchísimo menos definido. Y ya sabemos como gustan de invertir objetos e imágenes, sean quienes sean, estas criaturas.

Hipercubo Jerusalén

Mención alusiva a mediciones sagradas, en el libro apocalíptico, relacionadas con una anterior investigación, nos invita a medir los 12.000 estadios del cubo que forma la “Jerusalén Celestial” (¿culto a Saturno?). Los 185.185185…metros del estadio equivalentes a una décima parte de un minuto de grado terrestre, nos porta a la mágica cifra de 2.222,222… kilómetros de arista (o lado del cubo). Haciendo un cálculo total de las 12 aristas resulta 26.666,666… kilómetros, ¿duplicidades del número de la bestia?…Puede, hablando del libro de las Revelaciones sería normal, pero hay otro cálculo natural intrigante. Esa distancia total del cubo pasada a millas náuticas o minutos de grado, son 14.400 . La décima parte de los 144.000 elegidos de los 12.000 de cada una de las 12 tribus del pueblo de Jehová o simbólicamente de las 12 aristas del cubo. Pareciera que a esa cifra de la ciudad cúbica de los cielos le faltara un grado en la escala decimal, esa que sirvió para “medir” el perímetro del planeta llegando a la unidad natural de la 10 millonésima parte del cuarto de meridiano; cuyo perímetro “redondeado” de 40.000 kilómetros y su 18ª parte (1+8=9) equivaldría exactamente a una arista del cubo (2.222,222…km) de la Jerusalén de los cielos, tantas veces mencionada en el libro del Apocalipsis. La longitud de la docena de aristas daría lugar a los 2/3 del perímetro terrestre. ¿Recuerdan la Kaaba-cubo de Abraham, la piedra negra y el “viaje-escalera” del profeta Mahoma? Pues de la división de la longitud de la arista de este profetizado cubo entre aquel número mágico en millas náuticas (666,666…) en kilómetros, distancia de la Kaaba al Templo de Jerusalén, nos da como resultado 1,8 (1+8=9). Una última anécdota, para no cansar con tanta cifra, es la medida de esa arista llevada desde la Kaaba hacia las 7 iglesias-estrellas caería hacia el centro de esta extraña constelación terrestre. ¿Cuántas vueltas rituales se hacen alrededor de la Kaaba?

Sobre la Nueva Jerusalén y sus luces:

La ciudad no tiene necesidad de Sol y de Luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera.” Apocalipsis 21, 23

Ignatius et distorter

De la conversión de Pablo de Tarso pasamos a la no menos mítica de Ignacio de Loyola (1491-1556). El futuro líder religioso de la Contrarreforma católica y primer general de la Compañía de Jesús, tuvo un episodio traumático a los 30 años cuando fue herido gravemente como soldado. Podemos ver como se repite esa edad en la construcción de personajes-mito como punto de inflexión en sus vidas (todos quieren parecerse entre ellos, debe ser).  En su convalecencia de meses la lectura de textos sagrados y vidas de santos fueron la chispa que encendiera su transformación espiritual. En ese tiempo escuchará la llamada de Dios a través de una “visión” de la virgen María y su niño en brazos. Siente la necesidad de peregrinar a Tierra Santa. Antes, empero, hace una “pequeña” parada en Manresa de 11 meses, donde se establece como ermitaño y entabla contacto con los monjes del cercano monasterio de la orden benedictina de Montserrat. Tenemos, pues, al futuro San Ignacio, aún polvoriento de su peregrinaje, a punto de pasar su noche más larga junto a la Virgen morena, llega justo para el equinoccio de primavera, el 21 de marzo de 1522. Cuentan, en sus biografías, que andaba aún a primeros de marzo en Logroño. Se cascó en apenas dos semanas alrededor de 500 kilómetros, lisiado de las piernas y tirando de una mula. Hay que comprender que las leyendas no se forjan con ligerezas. Atisbamos un simbolismo concerniente al laberinto en ese deseo extremo de llegar a Tierra Santa, símbolo iniciático de “peregrinación” previo al renacer, donde no todos pueden llegar.

Pasa tres días de confesión y la víspera de la Anunciación de la Virgen María (25 de marzo), procede a despojarse de sus vestiduras y avatares militares y se viste con un sayal de penitencia que se mandó confeccionar. Se pasa la noche orando junto al altar de la “moreneta”, de rodillas con el báculo en la mano, como si fuera ya un obispo consagrando santos lugares. Una “vela de armas” de caballero a monje. Una iniciación de 3 días para renacer, cual Saulo en San Pablo, como siervo de Dios y el Papa. Abandonar al noble Íñigo y convertirse en el peregrino mendicante hacia Tierra Santa, Ignacio.

Los éxtasis de Loyola

Allí tiene acceso a la lectura del “Exercitatorio de la vida spiritual“, (salido de la imprenta de la basílica montserratina en 1500) del abad García Jiménez de Cisneros, no confundir con su primo el cardenal que gobernó para los Reyes Católicos. Una obra ascética para alcanzar la unión divina con Dios para  “hermanos exercitadores y varones devotos” en un plazo relativamente corto de tiempo. Una alegoría a través del fuego describe de forma sencilla el proceso en tres fases de esa iniciación:

(..) el FUEGO, según que veemos, por humo escomença; después desto viene juntamente la llama con el humo; después el FUEGO PURO, claro y lúzido en el carbón.

Estas son las tres vías espirituales, ya descritas anteriormente por otros doctores de la Iglesia, que Cisneros expone: la purgativa como principio, la iluminativa como medio y la unitiva como fin. Son importantes estos detalles descritos por este abad benedictino que luego parecen resurgir en la vida y obra de Loyola. Veamos un poco más de esta obra:

E assí el que ha de subir a la vía unitiva y contemplativa en su comienço no puede tener perfección, mas antes le conviene primeramente alcançar humo de displicencia de la su vida pasada, y llorar amargosamente, y él mismo turbarse sin alguna consolación; después verá la llama del amor con el tal humo juntamente; a la postre el amor puro sin humo“.

La cueva de la transformación de San Ignatius.

Fue precisamente durante su estancia en la cueva de Manresa, y varias visitas a Montserrat, donde Ignacio, tuvo sus experiencias ascéticas y visiones que le permitieron más tarde escribir sus “Ejercicios Espirituales“. Una especie de guía espiritual, algo más desarrollada que la anterior, que permitía igualmente alcanzar la unión con Dios, aquí en un plazo de un ciclo lunar. Lo que viene siendo 28-30 días. “(…)todo modo de preparar y disponer el alma, para quitar todas las afecciones desordenadas con el fin de buscar y hallar la voluntad divina“. ¿Quién puede pretender preparar tu alma durante una Luna? Loyola se pasó 11 lunas (11 meses) en una cueva de los alrededores de las montañas montserratinas “ejercitando” su espíritu. Que mejor sitio para renacer, simbólicamente hablando, que una cueva, la caverna iniciática tantas veces vista. El lugar donde dejar atrás sus oscuros sentimientos interiores y llegar a la conclusión, como en la caverna de Platón, cuántas sombras hemos seguido en nuestra vida anterior. Y desde su cueva-caverna-interior, a pocos kilómetros hacia el sur, tenía una inmejorable visión del macizo de Montserrat, como visión simbólica de la montaña-celestial, el más visible de todos los lugares; en contraposición con la caverna, pero complementarios un símbolo de otro. O eso nos contaba René Guénon.

Al menos eso cuenta en su biografía, en tercera persona (a lo Julio César), dándole una perspectiva impersonal, tan impersonal como que la Compañía de Jesús, hizo desaparecer dicho relato una década después de su muerte y durante casi 400 años, hasta bien entrado el siglo XX, en español e italiano en la misma obra, como se supone era la original. Se publicó en latín durante el siglo XVIII. Dicen las malas lenguas de la Compañía, que por contener material que pudiera ser motivo de sospecha de “iluminismo” en su época. Dato curioso, aquí, son los 11 capítulos 11, de los que componen la “autobiografía”, dictada a santa viva voz al padre Luis Gonçalves da Camara (confesor del rey portugués Juan III). Oficialmente este padre, elegido por el santo, quien tomó nota de la narración y luego pasó a un amanuense (copista de las notas a limpio) que pasó los 8 primeros en castellano, en Roma. Después, otro amanuense italiano, en Génova, pasó los tres capítulos restantes a su idioma, no habiendo ninguno que lo pudiera hacer en la lengua de los primeros, en ese lugar. Resulta un poco extraño que una obra tan importante para la recién fundada orden, que gozaba con el beneplácito papal, hiciera tan magnánima biografía de forma tan chapucera. Da la sensación de ser un corta y pega adulterado por múltiples manos. Este hecho deja a las claras, la tergiversación de estos personajes de negro de la que tienen bien encaminada una más que posible autoría de parte de la que llamamos la historia de la historia. Un ejemplo: la narración va desde el inicio de su conversión, a los 26 años, hasta su llegada a Roma. San Pablo 2.0.

Paulo IIIAlejandro Farnesio (de los Farnese de toda la vida), escribió relativo al libro de Loyola: “Exertitia spiritualia ex sacris Scripturis et vitae spiritualis experimentis elicita” (Ejercicios Espirituales, a partir de las Sagradas Escrituras y la vida de experiencia espiritual provocada). Ignacio fue un soldado aplicado, pero carecía de conocimientos de latín, sin formación espiritual y sin haber podido tener acceso a la biblia de primera mano, porque en esas fechas sólo la hubiera podido leer en esa lengua, porque ya en griego, ni hablamos, con el poco letrado Ignatius. No obstante, podemos atribuirle una amplia gama de recursos en esa época a dicho personaje (y mucho, muchísimo “rostro”, no precisamente iluminado); con lo que podemos concederle la virtud de que San Ignacio, “sabía latín”, antes de aprenderlo (¡milaaaagro!). Una cosa que hacían los benedictinos de Montserrat es tomar nota de todo. De entradas, de salidas y de sucesos en su monasterio. Y claro, se pilla antes a un mentirosillo como Loyola (o sus secuaces), que a un cojo, que también lo era. Loyola no comenzó sus estudios de latín hasta la edad de 33 años, y a partir de ahí, a la Universidad; primero dos años en Alcalá de Henares y posteriormente en París, por algo más de siete (nunca es tarde si la “bicha” es buena).  

Los 7 Magníficos” 

Y es aquí donde entra la figura del padre Anselm Maria Albareda (1892-1966), archivero de dicho monasterio benedictino. Buen conocedor de la época del paso del “Ignacio peregrino”, no en vano escribió “La bibliografía de los monjes de Montserrat. Siglo XVI”, donde aparece bien documentado el tratado espiritual “inspirador” de Loyola, realizado por el abad Cisneros. Y sobre todo, una obra titulada, “San Ignacio en Montserrat“, de 1935. En esta, parece echar una mano a las críticas de órdenes rivales; que a lo largo de la historia atacaron a la Compañía de Jesús de plagiar o copiar, en gran parte, el “Exercitatorio” de Cisneros para la elaboración de los tan aclamados “Ejercicios Espirituales“. Alguna cosa debió encontrar este teólogo-archivero, extraordinariamente preparado, que no le cuadraba con el relato oficial del santo. El relato al que nos referimos es justamente después de la vela de armas junto a la Virgen: “en amaneciendo se partió, por no ser conocido, y se fue, no el camino derecho a Barcelona, donde hallaría muchos que le conociesen y le honrasen, más desvióse a un pueblo que se dice Manresa.” (Hay que reconocerle su fe en que iba a ser un personaje reconocido históricamente, pues siendo un mindundi ya daba señales de “no tener abuela”.) Albareda, no admite este testimonio de la autobiografía ignaciana, porque contradice “los testimonios múltiples y solventes que afirman la presencia de Ignacio en Montserrat después del 25 de marzo“. Hace una alusión al asesoramiento del padre Chanon, en ese monasterio, al recién convertido, sin formación espiritual, sin ninguna iniciación en la oración metódica, que los ejercicios “manresanos” tuvieran un gran parecido con el “Exceritatorio de la vida espiritual”, que allí se manejaba. Sea como fuere, advertencia u otro motivo, al año siguiente, unos días antes del inicio de la Guerra Civil española, llamaron a Roma a Albareda para ser nombrado prefecto de la Biblioteca Vaticana (“casus fortuitos”), donde modernizaría sus instalaciones y métodos y tendría un papel protagonista en la salvación de importantes bibliotecas durante la Segunda Guerra Mundial.

“Asunción de la Virgen”. Visión a través de Juan, el Evangelista realizada por El Greco. (Véase en posición horizontal).

Dato altamente sospechoso es la creación de la Compañía de Jesús por parte de los 7 miembros fundadores en París (los 7 hermanos), por el día de la Asunción de la Virgen (15 de agosto) del año 1534. Concretamente en la cripta de la capilla del “Martyrium” de la iglesia de Saint Pierre de Montmartre, doble juego de las palabras “martirio” y Marte, con sus restos de un antiguo templo dedicado al dios de la guerra, como no. Cuerpo y alma son trasladados al Cielo… o un final a un proceso iniciático de Loyola y sus compañeros: Francisco JavierFabro, LaínezSalmerón, de Bobadilla y Rodrigues. Puede que trataran de elaborar los planos del Gran Arquitecto Del Universo. ¿Cómo? Sí, para que una logia funcione a la perfección y en armonía debe tener un mínimo de 7 maestros masones. Trabajando en ella las 7 fuerzas planetarias principales, aportando su energía y sus atributos: las normas de Saturno; el poder de Júpiter; la fuerza de Marte; la voluntad del Sol; la armonía y belleza de Venus; la inteligencia de Mercurio; y la imaginación de la Luna.  Esos fueron los 7 “primi fundatores” de la Compañía. Los 7 magníficos.

Como ejemplo el lema de la Societas Jesu: Ad Maiorem Dei Gloriam (para la mayor gloria de Dios); en comparación con el nombre simbólico de Dios utilizado por la masonería: el Gran Arquitecto Del Universo. Comparemos las siglas de los primeros con la de los segundos:

A.M.D.G. – A simple vista se muestra en su logo una mezcla de caracteres en griego y latinos en los cuatro ángulos de una cruz. Al menos en una de las múltiples versiones de este y la que más nos ha llamado la atención por su curiosa composición: α (alfa minúscula); seguido de “m” latina minúscula, cuya traza se parece mucho a una omega griega minúscula boca abajo o invertida; en los ángulos inferiores, δ (delta minúscula), nos puede sugerir algo que la inicial correspondiente a Dios (Dei) se encuentre minusvalorada; y la inicial perteneciente a la “gloria”, sea recalcada con una “G” mayúscula. La “gloria” representaría algo más poderoso que ese Dios. Al menos para los que han encriptado el mensaje.

Una pista para resolver este elucubrador misterio vendría de la observación de los cristogramas, que del griego de las iglesias bizantinas, se fueron latinizando con el paso del tiempo. Un ejemplo es el IHΣ; las tres primeras letras de Jesús, en mayúscula griega, (ιησουζ- ΙΗΣΟΥΣ) acabaron en el IHS adoptado por la Compañía de Loyola. Aquí, los hombres de negro, la reinterpretaron como las siglas de Iesus Hominum Salvator (Jesús Salvador de los Hombres). A su vez, esta abreviatura venía de la latinización de la frase del emperador Constantino I,  “In Hoc Signo vinces” (con este signo vencerás), en referencia a las primeras letras de Cristo, en griego, ΧΡ (Χριστος) cuya visión en el cielo se le supone le hizo ganar la batalla del Puente Vilmio (312), hecho histórico clave para el devenir del cristianismo como futura religión oficial del Imperio. Y remata San Bernardo de Claraval, el gran promotor de los antecesores soldados del Papa, en el siglo XII incitando a la devoción del monograma IHS, simbolizando la palabra Jesús, como representación de divinidad en sí mismo. Relacionando el símbolo de victoria; victor o invictus, con el “Sol invictus“, podemos mezclarlo tranquilamente con el logo jesuita del IHS con sus rayos solares. Hay quienes apuntan a esas tres iniciales como las divinidades de Isis, Horus y Seth. Pudiera ser…

Ya tenemos todos los elementos para conjeturar que ese logo dedicado “para la mayor gloria de Dios“, mezcla intencionadamente grafías latina y griegas, con alguna sorpresa oculta en su mensaje. El alfa y el omega (aquella “m” invertida), la manera de denominar a Dios con el alfabeto griego, el principio y el fin, la tenemos fijada. Igual que en la representaciones de casi todos los crismones, que portaban ese alfa y omega, esta última generalmente en su grafía minúscula, flanqueando el habitual travesaño horizontal del cristograma, convertido con el pasar del tiempo en un círculo de ocho radios. Démosle la vuelta otra vez a la omega para convertirla de nuevo en “m”, y veamos su equivalente en  griego, la “mu” (μ), algo parecido a una “u” latina.

Con todas las letras convertidas al alfabeto heleno, nos iría quedando unas iniciales con α (alfa), μ (mu), δ (delta)y γ (gamma). Ilegible totalmente. Pero si alternamos consonantes y vocales, dándole un valor de “u” a la apariencia de la “mu” griega nos quedaría algo más sonoro y familiar como  λ . α. δ. μ., el conocido G.A.D.U. de la masonería. El supuesto Gran Arquitecto del Universo siguiendo el trazo de los tiempos disfrazado de Sol, de fuego, de luces cegadoras y otros deslumbramientos para esconder la verdadera naturaleza de Dios. Es el juego de la superposición de símbolos e ideas, el arte de engañar. Lo más probable sea, que la fantochada de Constantino, sea fruto de una propaganda “made in” Eusebio de Cesárea (263-339), el autor de “Historia Eclesiástica” y de la biografía de este Emperador. 

Estos crismones fueron evolucionando dentro de círculos que, grabados en sus paredes, pasaron a consagrar puertas de templos y altares. Este tipo de círculo-sacro, con diferentes formas subjetivas, pasó a “divinizar” otros conceptos, como veremos más adelante. El “engaño” o doble exposición resulta intrínseco en todo asunto relacionado con la Compañía de Jesús. El mostrar una cara o acción misericorde; cuando la realidad sea otra muy diferente. Una “trampa” para la mente. 

La apertura celestial ” fake”  en la Iglesia de San Ignacio de Loyola en Roma.

Para muestra unos botones; las pinturas del magnífico pintor-ilusionista, a la par que jesuita, Andrea Pozzo (1642-1709), que supo dotar de profundidad a través de trampantojos (trampas para los ojos) pictóricos una sobria iglesia como la que lleva el nombre del primer general jesuita en Roma. Falsas cúpulas, techos mentirosos que aparentan una subida hacia los cielos lejos, muy lejos, de Loyola, que es atravesado con un fuego luminoso enviado por Dios, a través de Cristo y distribuido desde el espíritu del Santo en cuatro rayos a los continentes del mundo. Presbiterios de formas distintas a la real. Falsear, en definitiva, la apariencia, se vislumbra como constante en este ejército del Papa. El nombre de “Ignacio“, etimológicamente viene a decir “el nacido del FUEGO”. Se comete el error de confundirlo con Íñigo, el nombre con el que fue bautizado el fundador de los jesuitas, escogió ese nombre en honor a San Ignacio de Antioquía, del que hemos hablado anteriormente. Su atribuible pasado como perteneciente a la secta mística “los alumbrados” no está del todo clara. Loyola era un conquistador de almas (de sus saquitos de monedas, más bien), “meter la red”, lo llamaba. Un enredador enredando a ricas viudas dadas a la mística espiritual (por decir algo). 

Incluso les puede resultar familiar el término que le atribuyen a la espiritualidad ignaciana: el “magis”, Adverbio “más” en latín. Aluden a un mayor compromiso de los jóvenes novicios jesuitas. Ofrecer “más” a los demás, “ir a más” en cada circunstancia. Una especie de redes territoriales conectadas de futuros jesuitas. Como bien indican el símbolo “+” es el de la “cruz” cristiana; pero como buenos tramposos del lenguaje simbólico juegan con el “magister”, “maestro”, “clase magistral”, procurar trascender y encontrar felicidad en el propio desprendimiento voluntario y en el compartir con el prójimo. Bien, pero… ¿se acuerdan de los “magis“; aquella clase sacerdotal que elucubramos como una tribu de los Medas y que parecían “arrastrarse” por diferentes épocas y territorios, dejando, al parecer, ritos y creencias comunes? ¡Nooo, no puede ser! Sería elucubrar demasiado.

Para no alargar demasiado esta parte continuaremos en la última entrega de esta pequeña investigación, donde seguiremos analizando “fuegos cegadores” que intentan llevar al ser humano a su propio sacrificio. Pero eso será dentro de poco.

“Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará y saldrá, y hallará pastos”
Juan 10:8-9

Continuará…

2 comentarios sobre “EL SACRIFICIO DE LA HUMANIDAD 2.0 (parte 2)

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