Los Manuscritos Muertos y las Vidas Creadas


LOS MANUSCRITOS MUERTOS (mortuis scripta) Primam partem


 “Busqué a los sabios sacerdotes,

los esperé después del rito,
 los aceché cuando salían
 a visitar a Dios y al diablo.
Se aburrieron con mis preguntas.
 Ellos tampoco sabían mucho;
 eran sólo administradores.”
Pablo Neruda.

En el momento de comenzar la lectura de una obra, ensayo, tratado, tesis, biografía o artículo de corte histórico, nos prestamos a creer que aquel que escribe contará unos hechos fidedignos que ha comprobado por diversas fuentes. Esto debería ser lo correcto, y muy de vez en cuando, incluso, se puede llegar a dar esa circunstancia. No se asusten que es de lo más normal. Aquel que realiza una investigación seria y amplia, «debería de» ceñirse a unos hechos lo más fidedignos, dentro de lo posible, a los datos recabados. 

Sin embargo, esto no es así. Los datos «sospechosos de veracidad» o «difíciles de encajar» son aprobados sin problemas por la oficialidad académica. El porqué de estos «pequeños descuidos» de rigurosidad no es otro que el de cumplir con las normas de los autores de encargos de estos estudios. Sí, sí. ¿Eso significa que las universidades públicas y privadas, academias o sociedades históricas, y sobretodo, aquellos escritores y guionistas de novelas y películas trabajan para fomentar una determinada idea previamente por encargo? La mayoría sí. En especial aquellos dirigidos a un público masivo o los dedicados al consumo académico. Pero todo esto no es malo. El análisis de esos «encajes sospechosos» nos hace recopilarlos y establecer patrones de engaño. «El mal» es lo que tiene, que es detectable por aquellos elucubradores que miramos un poco más allá que los lectores, y espectadores, también, cuya credulidad está a prueba de anuncios de coches espaciales o de virus hipermutables e inteligentes que atacan a horas determinadas por los gobiernos.

No teorizaremos demasiado, expondremos algunos sucesos y descubrimientos sorprendentes en  la historia y analizaremos la idoneidad de la aparición del mismo en su momento histórico. Del mismo modo, y casi sin percatarnos, observaremos la construcción de «vidas creadas» a la medida de las situaciones narrativas que encajarán según lo convenido por la oficialidad académica. Sin apenas forzar situaciones, y sin sobresaltos, descorreremos las cortinillas de esa historia de la historia que nos han contado aquellos que manejan el pasado, para beneficiarse en el futuro. Que no tienen prisa para llevar a cabo su agenda; de la cual, arrancan y pegan hojas a su gusto, según demanda del «cliente». 

«Dedos de sal» en el Mar Muerto.

Miraremos con brevedad un descubrimiento arqueológico de unos documentos que ha sido catalogado como el mayor del siglo XX. Se trata de los conocidos como los Manuscritos del Mar Muerto. Este hallazgo, también conocido como los «Rollos de Qumrán,», fueron encontrados según los relatos oficiales hacia finales de 1946 o principios del año siguiente, en algún lugar al noroeste de ese peculiar lago salado, situado en la depresión más profunda del planeta. Este lago endorreico, que es el nombre como se denominan a las masas de agua que se autoalimentan de su cuenca hidrográfica, y no enlazan con la masa principal de agua que conecta a los mares y océanos, el Mar Muerto, aunque no sea mar, es uno de los que tiene una de las mayores concentraciones de sal del mundo. De hecho, una de las primeras impresiones que te vienen a la cabeza en cuanto escuchas el nombre del lugar, es la alta flotabilidad de los objetos en sus aguas debido a esa alta concentración de sal en ellas.

Y es la sal la que adquiere una gran importancia simbólica en esta historia. Es un elemento con la propiedad de ser soluble en el agua, donde se separan los iones de carga positiva, los cationes, de los iones de carga negativa, los aniones. Esta solubilidad simboliza la unión con Dios. La de el pueblo elegido con su Yahvé en su «Alianza de la sal«. Muestra de ello son: «Y sazonarás con sal toda ofrenda que presentes, y no harás que falte jamás de tu ofrenda la sal del pacto de tu Dios; en toda ofrenda tuya ofrecerás sal.» en  Levítico 2, 13, o en el Paralipómenos 13, 5, con la pregunta: «¿Ignoráis acaso que Yahvé, el Dios de Israel para siempre a David, a él y a sus hijos con pacto de sal?«. La sal es símbolo de lo imperecedero, se usa como conservante de los alimentos. Para simbolizar el carácter perpetuo de un pacto era costumbre tomar sal. El entorno es mucho más importante de lo que parece en este destacado «encuentro casual». El escenario vuelve a ser clave en nuestras investigaciones; pongámanos en escena, pues.

 

Muhammid Ahmed el-Hamed, alias «edh-Dhib» (el lobo) y su primo son los primeros actores de la trama. Pastores beduinos de la tribu de los Ta’amireh, buscando una cabra perdida, uno de ellos, arroja una piedra por dos huecos y escucha un extraño sonido de rotura de algún recipiente. No se adentra y ve que hay un hueco más grande y de difícil acceso. Esta historia de la piedra arrojada nos lleva a viajar hasta el año 820, donde el Califa Al-Mamún, de los Abasidas de Bagdad, y sus sabios, buscando una galería dentro de la Gran Pirámide de Guiza, que los condujera hasta la Cámara del Rey, escuchan un gran ruido al otro lado del túnel realizado por ellos. Esa piedra triangular desprendida que cayó y su estruendo, marcó el camino a seguir hacia la dirección correcta a las «cámaras reales» (o conocimiento encriptado) y a la entrada original, 10 hiladas de piedra más arriba de la entrada excavada. Esta leyenda, que comentamos en su día, enlazaría con la de la piedra-esmeralda de la frente de Lucifer, que una vez arrojado del paraíso, le fue arrebatada para desprenderle de su poder. Esa piedra puede simbolizar la comunicación entre el mundo de los vivos con el Cielo y el Inframundo. En grabaciones originales de uno de los dos pastores, la cabra no aparece en la anécdota, pero la «memoria colectiva» (o el constructo) la empalma para moldear el «romanticismo» del relato. 

«Cuentan» los pastores beduinos haber encontrado dentro de la cueva 10 vasijas de barro. De esas 10 vasijas (que podrían recordar a los 10 sefirots del árbol de la cábala), 8 estaban vacías, una llena de tierra y una contenía unos rollos manuscritos. En una siguiente entrada encuentran otros más, sin especificar, siendo los rollos encontrados. Estos 7 rollos fueron los más completos. más importantes y los mejor conservados (casualidad, vaya). Esta fue la cueva número 1 del total de 11, donde se encontraron casi 1000 restos de manuscritos entre 1947 al 56. Eso según, los dos primos de la cabra perdida, que nunca lo estuvo, y que se llevaron los rollos; tampoco hubo rastro de las vasijas. Al menos de esas.

Cabe decir que estas vasijas, según el relato de los pastores, recuerdan al nombre original de la «Caja de Pandora«, una «pithos«. Eran tinajas ovaladas que quedaron en el recuerdo y se transformaron en la aceptación posterior como una «caja». Aquella leyenda donde Zeus, urde un plan para vengarse de Prometeo y atacar a su adorada humanidad, regalando a la mujer del hermano de este, Pandora, una pithos con órdenes de no ser abierta bajo ningún concepto. La mujer de Epimeteo, que había sido creada por los dioses con una gran curiosidad y, debido a esta, acaba por abrirla. De la vasija salieron todos los males y se instalaron dentro de la especie humana. Cuando Pandora acertó a cerrarla, dentro, sólo quedaba el espíritu de la esperanza (Elpis). Por algunos restos de vasijas halladas en las inmediaciones de las cuevas pudieron conocer como sellaron las tapas con los rollos en su interior. Un impermeabilizante vegetal denominado pez negra. Encontrar unos rollos manuscritos de la época en la que acabó cualquier forma de gobierno por parte del pueblo elegido sobre su tierra, resulta una «esperanza» guardada y sellada a través del tiempo para ser abierta justo en el momento en que ese pueblo, otra vez, recuperaba la gobernabilidad  de «sus tierras». 

Pero aquí, lo importante, es el concepto y el entorno. En pleno conflicto civil por la proclamación del Estado de Israel por las recien creadas Naciones Unidas, el descubrimiento de unos rollos que aparecieron de la nada, como el que dice, y fueron datados entre el siglo II antes de nuestra era y en siglo I, hasta el comienzo de la primera guerra judeo-romana en el año 66. Los rollos, fraccionados la mayoría, consensuaron los expertos en explicar que procedían de un pequeño asentamiento a un escaso kilómetro de la cueva numero uno. Este poblado del desierto de Judea, Qumrán, se estudió que perteneció a una secta radical de judíos llamados esenios; aunque hoy se discute todavía ese detalle. Eran unos religiosos obsesionados con la pureza y la vida según la estricta regla de las sagradas escrituras, y los presuntos autores de los rollos. Ese pequeño poblado estaba en una minúscula meseta a la mágica altura de menos 333 metros bajo el nivel del mar. Unas cuevas, como simbolismo recurrente de «útero materno», de donde surgen los manuscritos más antiguos de las sagradas escrituras del pueblo judío, que acababa de volver a «su tierra prometida» después de una diáspora de dos milenios. Esos rollos y sus fragmentos han pasado a ser las nuevas reliquias del, autodenominado, «pueblo elegido». Los nuevos Arca de la Alianza, mesa de Salomón, Menorah o Tablas de la Ley de Moisés. Y con la sal del Mar Muerto como símbolo del nuevo pacto de reconocimiento de su tierra, siendo el lugar más profundo del planeta.

En forma de Diosa (In forma Deae).

Para poder encajar toda esta simbología narrativa y, contextualizar históricamente estos datos, realizaremos un viaje por unos sucesos de una religión que partió de muchos de esos mismos textos que dejaron escondidos en el Qumrán. De los textos que formarían la Biblia, entiéndase, junto a los libros escritos a partir de la segunda mitad del siglo I en adelante, para completar los sagrados escritos del cristianismo. Y aunque suene extraño lo haremos desde esos fenómenos extraordinarios que se llaman «apariciones de la Virgen» o «apariciones marianas«, muchas de ellas muy bien documentadas; casi de manera excepcional, diríamos, incluso demasiado. No trataremos de convencer a nadie de la autenticidad de estos fenómenos, allá cada cual con las cuestiones de fe. Nos limitaremos a exponer los hechos documentados, y estos en su mayoría hay que decir que son descritos por primera vez, desde bastantes años posteriores al momento de producirse, cosa que los pone más en cuestión. 

En la noche del 2 de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando «oyó voces de ángeles que cantaban Ave, María, gratia plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol». Esta leyenda es recogida por primera vez en unos textos hallados en la Catedral de Zaragoza a finales del siglo XIII (mucho llovió desde entonces). En concreto, decían de manera textual que el apóstol Santiago, «pasando por Asturias, llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro. Allí predicó Santiago muchos días y, entre los muchos convertidos eligió como acompañantes a ocho hombres, con los cuales trataba de día del reino de Dios, y por la noche, recorría las riberas para tomar algún descanso«. 

«Aparición de la Virgen del Pilar a Santiago y sus discípulos zaragozanos»
visto y pintado por un jovencísimo Goya.

Pudiera parecer razonable que hubiera existido un templo dedicado a la madre de Jesucristo antes de esas fechas, nunca antes del siglo X, pero fue a partir del siglo XII cuando se impulsó el culto a la Virgen María con mayor fuerza, a raíz de personajes clave como San Bernardo de Claraval, el «padrino» de la Orden del Temple. Las primeras noticias sobre presencia de cristianos en la Hispania romana no existen hasta mediados del siglo III, pero la tradición de la excursión evangélica del apóstol Santiago, el Mayor, a la península Ibérica no es recogida hasta bastante más tarde, por San Isidoro de Sevilla y Beato de Liébana, en los siglos VI y VIII respectivamente. Podría verse un intento de engrandecer la evangelización de este territorio, ya mencionado por el mismísimo Pablo de Tarso y sus intenciones de viajar a Hispania en su epístola a los Romanos, cuya fecha se sitúa en un tiempo aproximado al año 58, y que se vio truncada por la pérdida de la cabeza de este, presuntamente, a manos de la justicia romana. 

El obispo Hugo de Matamala fue el impulsor de esa leyenda con motivo de la restauración de la antigua y ruinosa iglesia románica, a partir de 1293. Las numerosas peregrinaciones acudieron en masa a ver por sus propios ojos el «pilar» que dejó la Virgen María en su aparición y, de paso, dejar cuantiosos dividendos para la reforma de la nueva Basílica. El primer documento en que se cita una advocación a «Santa María del Pilar» data de 1299, en la «Aparatio b. de Mari de Pilariae«, marcando con bastante probabilidad  el inicio oficial del culto a la Virgen a través de ese pilar o columna. Pero lo que llama la atención es el «pilar«. El simbolismo que entraña no parece casual, aunque la leyenda fuera inventada. Se aprovecha la antigua tradición de colocar a los dioses y diosas encima de columnas, simulando un eje del mundo. Otra característica simbólica es la de ser un conducto entre el cielo y la tierra, una especie de enlace. De ahí se entienden mejor los apelativos de María, como «la puerta del Cielo» o «la escala de Jacob«. 

Pero lo que llama la atención es el año de la aparición de María al apóstol en Caesaraugusta (Zárágózá), el año 40. Por tanto, 7 años más tarde de la muerte de su hijo, Jesús, y según escritos apócrifos viviría por esos tiempos en Jerusalén o según alguna tradición, cerca de Éfeso, en el otro extremo, el oriental, del Mare Nostrum en todo caso. Por tanto, para mostrarse en «carne mortal» debería haberse producido ese fenómeno que se llama bilocación, que es la facultad de estar físicamente en dos lugares a la vez. Esta misma visión fue relatada por la mística más famosa del siglo XVII y consejera personal, de manera epistolar, del rey Felipe IV, Sor María Jesús de Ágreda, conocida por sus numerosas «bilocaciones» donde dijo evangelizar a numerosos nativos de Nuevo México sin salir de su convento soriano, la «Dama Azul», la llamaban. No había otra servidora de Dios mejor para promocionar el suceso del Pilar zaragozano. Por los mismos años que se obró el milagro del «cojo de Calanda«, a quien se le amputó una pierna y la mañana siguiente de soñar con una visita a la Basílica del Pilar, halló de nuevo su extremidad en su cuerpo. Otra versión dice que cedió una habitación a un soldado del frente de Cataluña, que en ese año de 1640, causaban hostilidad a su paso por tierras aragonesas para sofocar las revueltas catalanas. Todo muy fortuito. Hubo incluso la connivencia de un notario dando fe de ello, el cabildo de Zaragoza informando de buenas noticias que podían aprovechar las tropas del Conde-Duque de Olivares y el rey Felipe IV, ambos en horas bajas. La extraña desaparición del manuscrito original del «proceso» de 1641 o incluso, una insólita exhumación del presunto cojo en 1950, por las autoridades eclesiásticas no hacen más que indicar la construcción de un… ¡Milaaagro!

Y que decir de la fecha del 2 de enero como la elegida para el descenso de la Virgen. El rey Fernando, el Católico dijo: «creemos que ninguno de los católicos de occidente ignora que en la ciudad de Zaragoza hay un templo de admirable devoción sagrada y antiquísima, dedicado a la Santa María del Pilar, que resplandece con innumerables y continuos milagros«. ¿Recuerdan qué pasó el 2 de Enero de 1492 en tiempos de los Católicos Reyes? La conquista del último territorio de la península en manos del islam por los reinos unidos de Castilla y Aragón. Esa es la primera fecha. Siglos más tarde, a mediados del XVIII, el Papa Clemente XII, señaló la fecha del descubrimiento de América como la de la festividad de la Virgen del Pilar. Aquella columna de 1,77 metros de alto por 24 centímetros de ancho estaba a punto de convertirse en un símbolo-constructo de identidad patria (todos los países lo han hecho, que nadie se asuste). Los milagros promovidos no entienden de prisas ni de tiempos, sólo de hechos favorables a la causa, montañas de dinero y de fe, mucha fe.

Diez años después de la conquista de Tenochtitlán, a poca distancia de la ciudad de México, en el cerro llamado Tepeyac, se le aparece por cuatro veces la Virgen a un indio pobre, llamado Juan Diego. En los dos primeros encuentros, la aparición pidió al indígena que avisara al obispo de México, fray Juan de Zumárraga, para que se construyera una iglesia en ese lugar y que la nombrara patrona de los nuevos españoles, para poder intermediar entre Dios y ellos. El obispo no daba crédito a las afirmaciones de Juan Diego y le pidió una prueba. La Señora accedió y en la cuarta aparición le invitó a cortar «rosas de Castilla» en aquel pelado cerro para llevárselas al escéptico obispo. El indio se quitó la tilma que llevaba, que es una prenda similar a una manta para recoger las flores. Al mostrarlas delante del obispo Zumárraga quedaron extendidas en la tilma formando la imagen de la Virgen. Las fechas de los sucesos fueron entre el 9 y el 12 de Diciembre de 1531 y el lugar se conoció como Guadalupe.

Tenemos al indígena Juan Diego, de apellido casi impronunciable, Cuauhtlatoatzin, «el que habla como águila«, subiendo y bajando cerro arriba y cerro abajo, ya en su cincuentena, de mensajero entre la Iglesia y la madre del Hijo de Dios. ¿Raro no? Nos encontramos en la primera etapa de la colonización española y la importancia de poder evangelizar a los habitantes de allí era una tarea que debía realizarse con el menor coste posible. Entiéndase coste por la imposición de la fuerza para lograr objetivos. El cerro en cuestión no era un lugar escogido al azar. Era un templo de la diosa madre Tonantzin, que junto con Ometéotl, fueron unos de los dioses primigenios del panteón de los mexicas, y objeto de peregrinaciones, danzas, cánticos y ofrendas en su honor. Los franciscanos transformaron con habilidad el templo en una ermita dedicada a la Virgen María. La táctica fue la misma que la llevada a cabo durante los años de la Reconquista en la Península Ibérica. Suplantación de las imágenes paganas por las cristianas. Los cultos a Jesucristo y a la Virgen enraizaron bien hasta fechas actuales, donde se puede ver en las vírgenes de Izamal o de Chapopán, así como el Santo Señor de Chalma o el de Ocotlán.

Fray Bernardino de Sahagún, el vigilante de los «malos salvajes».

Eso sí, como en todo había clases, y el culto a la «guadalupana» era seguido con fervor por los indígenas, mientras que la población española seguía el culto a la Virgen de los Remedios. Alguno de los franciscanos de segunda generación en esas tierras, como el ínclito fray Bernardino de Sahagún, hacia 1576, calificaba el hecho de cambiar a la antigua diosa mexica por la Virgen del Tepeyac como “invención satánica para paliar la idolatría”, pues maliciaba que aquellos «malos salvajes» adoraban mucho aquella imagen y visitaban poco las demás iglesias. pero para la segunda mitad de ese siglo XVI todas las clases sociales sin distingos de raza visitaban a la Virgen de Guadalupe. La imagen era una representación libre de la Inmaculada Concepción, no una réplica de las imágenes europeas. El término «Guadalupe» responde a «río de lobos», y donde en Extremadura existe una importante devoción a otra Virgen de ese nombre; cuya denominación es debida a la abundancia de esos animales en la Península Ibérica de aquellos años, y pudiera tomarse como una especie de protección para los «lobos», encarnando a los «demonios» que veían los españoles en aquellos dioses prehispánicos o como decían,“la vocación de la Virgen de ahuyentar a los lobos infernales”. La leyenda aparece un siglo más tarde entre los indígenas, en textos en lengua náhuatl, y tiene una semejanza con otras apariciones en la España de la época. La presentación de la Señora a un hombre humilde, «un pobrecillo«, como los pastorcillos de la Virgen de Roncesvalles o la de los Milagros de Soria, o la mujer pobre de la Señora de la Cogullada de Zaragoza. Patrones muy comunes en los relatos y leyendas que traspasan «el Charco».

Pero se entiende una concepción de bastantes décadas posteriores, al señalado milagro guadalupano, al incorporar elementos de la cultura náhualt. La leyenda es desarrollada en un «tepelt», que se traduce como monte, al que los nativos tenían por un lugar sagrado donde habita el dios que con las aguas hace germinar y da vida a todo aquello que brota en la tierra. Allí donde se encuentran las flores vive el Tloque Nahaque, «el señor del cerca y del junto». La virgen de Guadalupe se presenta con los nombres de Ipalnehmohuani, que significa «aquella por quien se vive», y Tlalticpacque, «el dueño de cuanto hay en la tierra». Lo que le describe el indio Juan Diego al obispo Zurbarán sobre su visión, la cima de la montaña llena de flores, es coincidente con la idea indígena del Xochitlalpan, «la tierra florida«, y el Tonacatlpan, «la tierra de nuestro sustento«, que según la tradición náhualt era el lugar donde vivía «el señor de la lluvia«. La utilización de las flores mediante conceptos tradicionales como «bellas y olorosas, fragantes, gustosas y que daban contento», hacen asimilar muy bien este culto a los nativos. 

Las rosas simbolizan femenidad sagrada y la relación con el culto mariano, transformado por el primer concepto de la rosa en el cristianismo, que representaba a las llagas de Cristo y al cáliz que recogía esa sangre del Hijo de Dios, aludiendo a un renacer místico. En la Antigüedad la rosa se consagró a Afrodita y su origen se atribuía a la sangre de Adonis, «el eterno joven» y amante de la diosa del poder sensual y la fecundidad. La música celestial, narrada también en las leyendas españolas, se suma al milagroso relato sincrético. Tal como las expresiones de asombro del indio ante las apariciones: «¿Es acaso merecimiento mío lo que escucho? ¿Tal vez estoy sólo soñando? ¿Acaso sólo me levanto del sueño? ¿Dónde estoy? ¿Dónde me veo? ¿Tal vez donde dejaron dicho los ancianos, en la tierra florida, en la tierra de nuestro sustento, tal vez allá en la tierra celeste?» Evocaron conceptos claves de la antigua visión de la cultura náhualt. México, en esa lengua, significa «el centro de la Luna«, dibujada justo encima de la imagen inferior de Juan Diego a los pies de la Virgen, con alas de águila, agarrando con la mano derecha el manto de estrellas (azul, recuerden este color) y con la izquierda la túnica de flores, representa la unión de Cielo y Tierra. Constructo de milagro venido al pelo que supo integrar detalles bien asimilables por ambas culturas.

Existe una curiosa dilvulgación acerca de un misterio sobre lo que esconde la mirada de la Virgen en la tela donde quedó grabada la imagen. El enigma parece surgir en 1929, cuando el fotógrafo de la Basílica Guadalupana, Alfonso Marcué, pareció advertir que en las fotografías que había tomado a los ojos de la imagen se distinguía una silueta humana. Ya en 1956, un doctor mexicano, Javier Torroella, hizo el primer análisis médico a los ojos de la Señora; el resultado dio positivo a las leyes de Purkinje-Samson, aplicables a cualquier ojo vivo. Producen tres imágenes que se deben a la reflexión parcial de la luz en la córnea y en las caras anterior y posterior de la retina. La imagen de la córnea y la primera del cristalino son derechas, mientras que la segunda del cristalino es invertida, y las tres son menores que el objeto reflejado. En este caso aparecen triples reflejos de los objetos localizados enfrente de la Virgen y distorsionados por la forma curva de las córneas. 

Pero fue en 1979 cuando José Aste Tönsmann, del Centro de Estudios Guadalupanos de México, graduado en Ingeniería de Sistemas por la Universidad de Cornell (EEUU), decidió aplicar sus conocimientos en fotografías computerizadas que había desarrollado con imágenes satelitales para la NASA. Las córneas en la imagen miden apenas 8 milímetros, pero logró «captar» unas figuras humanas aumentando 2500 veces los ojos de la Señora. Según este ya anciano respetable, se produjo un reflejo de la escena de la «estampación» en la tilma del bueno de Juan Diego, que quedó grabada en la mirada de la Virgen. Este investigador pudo identificar a la mayoría de los personajes de esta leyenda mariana. Sea un estudio de parte, o no, lo más probable es que a la vista de la alteración histórica clara, no sean más que unas paraeidolias, es decir, unas imágenes que son erróneamente percibidas como una forma reconocible, debido a un sesgo perceptivo ¿Adivinan cuántas figuras llega a contar este señor? «13«. Ya veremos como se repite este número en relación a este tema.  

«Tabla de Santo Domingo de Guzmán». Primer cuarto del siglo XIV.

No obstante, las apariciones marianas protagonizadas por miembros destacados de la institución eclesiástica tuvieron mensajes más concretos y de carácter más instructivo. La Madre de Dios, en persona, le enseñó a Santo Domingo de Guzmán a rezar el rosario en el año 1208 y le dijo que propagara esta devoción y la utilizara como arma poderosa en contra de los enemigos de la Fe. El castellano, establecido en esas fechas en el Languedoc francés por orden del Papa Inocencio III para predicar entre los herejes cátaros. Estos suponían un peligro para la Iglesia católica que había que resolver por lo místico o por una alianza militar. En una obra escrita por el santo francés del siglo XVII, San Luis María Grignion de Montfort, sobre los secretos del Santo Rosario, nos explica una anécdota de Domingo de Guzmán en su lucha por convertir cátaros a la disciplina católica. La exorcización de un albigense (cátaro) que estaba poseído por el demonio ante 12000 espectadores (12 en alusión a los testigos-discípulos). Obligó a contestar a los demonios que encarnaban ese cuerpo, confesar cuántos eran y a quién temían más en el infierno, entre otras cuestiones. Resultaron por número 15000 demonios, como los 15 misterios del rosario con el que luchaba el sacerdote castellano, y que era él, al que más odiaban en el Infierno por las almas que les había arrebatado con la devoción a esa herramienta proporcionada por Su Señora que predicaba. Domingo se vino arriba y arrojó el rosario al cuello del poseído, en un intento de atrapar a esos seres del inframundo. A la pregunta de cuál era de todos los santos del Cielo al que más temían y al que los mortales deberían amar y honrar con mayor devoción, contestaron que era la Virgen María. Ordenó rezar de manera devota el rosario a los 12000 asistentes y los 15000 demonios fueron vencidos y expulsados del cuerpo invadido a medida que iban pronunciando Avemarías. Esto provocó la conversión de muchos herejes que pasaron a ingresar la Cofradia del Santo Rosario.

Estrellita, estrellita…

La multiplicación por mil para enfatizar un suceso extraordinario es un fenómeno bastante recurrente que podemos encontrar a lo largo de los textos bíblicos, que a veces encarnan extraños códigos numéricos que ocultan distancias que pueden trasladarse a situaciones y localizaciones reales. Pero eso es otra historia y algunos ejemplos ya los hemos mostrado en anteriores investigaciones. De la parte que le tocó a Santo Domingo para convertir a esos herejes, en realidad, las instituciones interesadas las consideraron muy lentas y poco efectivas. El Papa llamó a la Santa cruzada contra los albigenses, secundada por el rey de Francia y todos sus barones. El conflicto acabó con la desaparición del culto cristiano-cátaro a sangre y fuego, miles de muertos, el Rey de Aragón caído en batalla, la toma del castillo de Montsegur en 1244 como último reducto de esta y un nuevo mapa político de la zona europea. En 1215, Domingo funda la Orden de los Predicadores, conocidos como Dominicos, o «los perros del Señor» (Domini canes) y confirmada en el solsticio de invierno (22 de diciembre) de 1216, por Honorio III, en bula papal. A destacar la estrella de 8 puntas que corona su escudo. ¿Pero cuál fue la eficacia de ese Santo Rosario ofrecido por la Virgen a Santo Domingo? Pues la verdad es que las alusiones históricas documentadas de la utilización y prédica, de Guzmán, con su famoso artilugio para llevar la cuenta de las avemarías no aparecen hasta 250 años después, por medio de otro miembro de los Dominicos, el francés Alain de la Roche, que promovió su uso y fundó la primera confraternidad del Rosario en 1470. Veamos de donde viene ese contador de avemarías, padrenuestros y glorias.

Tenemos una elucubradora relación con la cruz del Ankh egipcia y el rosario cristiano. Durante el Imperio Antiguo de esa civilización ya era de uso común y representaba a la vida eterna. Los fallecidos eran mencionados como «ankhu«, que se traduciría como «vivientes«. Sus sarcófagos o similares eran ornamentados con el símbolo de «ankh» , y conocidos como «neb-ankh«, traducidos como «poseedores de vida«. Ya durante el Imperio Medio egipcio se utilizó la palabra «nkh» para denominar a los espejos. Esto fue la causa de que un gran número de espejos de mano, como el hallado en la tumba de Tutankhamón, tuvieran la forma de este símbolo. La religión de los antiguos egipcios mostraba a la vida en el más allá como un reflejo de la vida en la tierra. De ahí que los espejos o las superficies donde se producían reflejos sean considerados como mágicos. Durante la celebración de «las linternas de la diosa Neith«, relacionada, también, con la figura del ankh, los habitantes de Egipto encendían «platillos llenos de sal y aceite, la mecha flotando sobre ellos y ardiendo toda la noche» para simbolizar un reflejo en la tierra del cielo nocturno estrellado, creando o ritualizando una imagen de espejo. una manera de retirar el velo entre los mundos de los vivos y los muertos y establecer una conexión con los familiares y amigos del más allá, donde la sal simboliza esa unión. Esta fiesta se llevaba a cabo el 13 del tercer mes del verano, según relataba Herodoto en el siglo V antes de Cristo. En el Imperio Nuevo esta diosa, antecesora de la Atenea griega, relacionada también, con la fenicia Astarté y la Isthar mesopotámica, que transmuta en la «diosa madre«, como un ser andrógino creador de dioses y hombres. Nos quedaremos con ese día «13» que se nos muestra al mencionar diosas o madres vìrgenes.

Mirando la forma estética del rosario y la cruz de ankh se podría encontrar cierta relación con la figura que forma la cruz que une la sarta de cuentas con la egipcia, pero es en la utilización de estos objetos y su uso el punto de unión más curioso. Y no sólo en el cristianismo. En las culturas hindúes, budista y otras de carácter oriental se usa el Japa Mala, un rosario de 108 bolas, para el conteo de los mantras en sus meditaciones u oraciones, siempre múltiples de 3. En el islam utilizan el tasbih o masbaha, muy parecido al rosario, formado por 33 granos o cuentas, con las que deben invocar los 99 nombres a atributos de Allah, en una triple repetición; a diferencia del cristiano que alterna series de 10 oraciones con una de transición entre las decenas, quedando 10-1-10-1…hasta 15 en su forma clásica. Se le atribuye el origen de este rosario o tasbih a Fátima, la hija del profeta Mahoma. ¿Fátima?…¿Rosario?…¿Diosa Madre?… ¿día 13?…Ummm.

Otra aparición de la Santa Señora a personajes elegidos dentro de la Iglesia fue la ocurrida a mediados del siglo XIII a San Simón Stock, General de la Orden Carmelita. El suceso se produjo el 16 de Julio de 1251, cuando este se encontraba en oración pidiendo ayuda para sus compañeros, tras ser expulsados de Tierra Santa. El peculiar Monte del Carmelo fue el lugar sagrado donde el profeta Elías venció a los 450 profetas de Baal. También donde esos eremitas cristianos de la época de las cruzadas fundaron esa orden, dedicada a la contemplación, la ascesis y la soledad, adorando a la Stella Maris, la «estrella del mar», que llamaron los carmelitas a la Madre de Jesús, junto a esa costa de Haifa. Otra adjetivación de la Virgen. No fueron muy bien recibidos en tierras occidentales.

Durante la visión, la Santa Señora, vino acompañada de una multitud de ángeles y le otorgó el escapulario de la orden en sus manos. «Este será el privilegio para ti y para todos los carmelitas, que todo el que muera con este hábito, se salvará y no padecerá el fuego del infierno«. Esta prenda sin mangas de dos piezas es colocada sobre los hombros y cubre pecho y espalda, anudado por un cinturón de cuerda. Aquel que vista el escapulario ha de procurar siempre tener presente a la Madre de Dios y tratar de copiar sus virtudes, su vida y obrar como María obró, según sus palabras: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra«. Este privilegio-promesa es confirmado décadas más tarde por la Virgen apareciéndose a un cardenal francés en pleno cónclave, mientras este oraba pidiéndole ayuda para acabar una larguísima elección del heredero de San Pedro tras la muerte de Clemente V, el pontífice que ayudó a acabar con la todopoderosa Orden Templaria. Ese cardenal era Jacques Duèze, futuro Juan XXII, y «confirmó» que aquellos que murieran habiendo vestido el escapulario, el sábado siguiente a su muerte sus almas serían trasladadas al Cielo desde el Purgatorio. 

Suena algo extraño este relato del privilegio sabatino, pero se vuelve algo comprensible al ser el sábado, el día dedicado a la Virgen María, pues fue el día entre la muerte y la resurección de su hijo; el viernes ocurrió el martirio de Jesús, y el sábado el martirio doloroso de la madre. Ese sábado es, por tanto, medio entre el día de la adoración, el domingo, y el día de la alicción, el viernes; así la Virgen es intermediaria entre Dios y los hombres. Este es el concepto que va adquieriendo forma en el catolicismo. Los carmelitas empezaron a minimizar esa prenda en dos trozos de tela unidas por una cuerda con las imágenes de la Virgen del Carmen, por un lado, y por la otra, una en representación de Cristo. Bendecidas por sacerdotes de esa orden para poder ser entregadas a personas seculares y ser portadoras de ese privilegio.

El uso del escapulario del Carmen es una costumbre que se extiende desde el siglo XVI por toda la cristiandad. La gran mayoría de los Papas lo han vestido y promocionado. El Papa Juan Pablo II, que fue terciario carmelita, recordó en numerosas ocasiones que vistió con devoción, desde niño, ese escapulario. Esta prenda «salvadora» fue vestida por monarcas, como el rey inglés, Eduardo II, y nobles, como su contemporáneo, el Duque Henry de Lancaster; cuyas vidas estuvieron a caballo entre los siglos XIII y XIV. ¿De qué tenían tanto miedo unos hombres ya privilegiados de por sí? ¿Acaso no eran hombres píos y ejemplos de vida cristiana? Jeje. No entraremos en detalles, pero no acabaron muy bien en su reinado.

La tela permite simbolizar el yugo de Jesucristo. Tanto la prenda de ropa, como las piezas con las imágenes divinas. ¿Cómo se utiliza el yugo en la Biblia? Como símbolo de sujeción y servidumbre. Es un artilugio que sólo puede ser utilizado por un tipo de animales. De robusto cuello y poderosa fuerza, tratando de simbolizar una fe fuerte e inquebrantable; como una fuerte opresión, en el Libro de Deutoronomios,»y él pondrá yugo de hierro sobre tu cuello, hasta destruirte»; como una restricción pesada; a veces rebelión contra la autoridad legítima, como en Jeremías 5, 5: «Sólo Dios puede quitarnos el yugo de nuestros pecados«. Ese yugo metafórico implica limitar para alcanzar un objetivo, ya sea el arrepentimiento, quebrantar la rebeldía o el orgullo, limitar la libertad como parte del juicio. De una u otra manera el yugo significa imponer restricciones para aplicar presión y así alcanzar un objetivo.

Su nombre se toma de las «escapulas» u hombros, los huesos triangulares que unen los brazos al tórax, permitiendo su movilidad en todos los planos, orientar las manos en todos los ejes del espacio y dar estabilidad al conjunto. Divide el esfuerzo para realizar el trabajo. Su fortaleza se asemejaría a los bueyes que tiran de la fuerza del espíritu. Este se representa en una imagen de doble cara en el pequeño escapulario de tela que se entrega a los laicos, bajo bendición sacerdotal, con la imagen de lo femenino por un lado y lo masculino por otro, como hemos visto antes. Cuando se nombra el yugo se viene la idea de sujeción, carga, trabajo, disciplina. Hablaríamos de limitar la movilidad, entonces, para caminar con fuerza, firmeza y rectitud; con las limitaciones y restricciones que se utilizan para mantenernos por el camino que nos han preparado.

Cuando se desea que un buey aprenda rápido a utilizar el yugo, se le coloca junto con otro buey que tenga experiencia en el uso del mismo. El dominante enseña al más joven a «trabajar bajo el yugo«. Unidos como las escapulas por las clavículas. Lado con lado. Lo demuestra el escudo de la Orden de los Carmelitas con sus 3 estrellas de David (que representan la unión de lo masculino y femenino) formando una tríada junto al triángulo que representa al monte Karmel (sagrado) y el Cielo como figura contrapuesta. En cambio, según nos explica la misma Orden, el escudo reproduce  «en la estrella inferior a los carmelitas todavía en camino hacia la cima del Monte Carmelo, mientras las otras dos estrellas superiores representan a los Carmelitas que han terminado su peregrinación y han culminado la santa montaña»  Más estrellas, o luceros, y vírgenes.

La impresión que da la figura de la Madre de Dios es que va tomando un protagonismo dentro de la fe católica que no tenía en un principio. Va adquieriendo poderes en forma de dogmas marianos poco a poco. Son verdades basadas en la fe que no están fuera de la revelación pública, es decir, que se asienta por firme y cierta, como principio innegable. En román paladino, «verdades que van a misa«. El primer dogma, allá por principios del siglo V, salido del Concilio de Éfeso (431), fue la maternidad divina de María: «la Virgen es realmente la Madre de Dios porque Jesús y Dios son la misma persona uniendo dos naturalezas.» Esto generaba dudas sobre su maternidad posterior al Hijo de Dios y su figura era bastante terrenal; cosas que trataron de solventar con el segundo dogma, «el de la virginidad perpétua de María«, que data del 553, año del Concilio de Constantinopla. A partir de aquí, ya adquiere el personaje de la Madre de Dios, un carácter de cierta divinidad. Lo justo y necesario, todavía.

Como hemos visto con anterioridad, la Virgen va cogiendo fuerza desde las órdenes religiosas y sus gurús-constructos, que fueron realizando un completo trabajo de campo a nivel popular desde el siglo XIII, y con mayor fuerza desde la Edad Moderna. Aunque los mensajes de esta no pasaban de pedir oraciones y templos para su adoración. La historia cambió de método a partir de 1830, donde a través de las visiones de una monja francesa llamada Catalina Labouré, la Virgen, le encomendó la misión de acuñar una medalla que aludiera a su Inmaculada Concepción. Debería portar la imagen de una cruz sobre una gran letra M, enlazada a esta por una base horizontal del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, representados por un corazón envuelto en una corona de espinas y el otro atravesado por una espada, respectivamente, rodeados de 12 estrellas, por una parte de la medalla ;y la imagen de María de pie sobre un globo, aplastando una serpiente, como símbolo de protección a sus siervos, y radiante como el Sol naciente. El arzobispo de París permitió la fabricación de esa medalla, que sería conocida como «milagrosa», al ser distribuida durante la epidemia de cólera de 1832 en esa misma ciudad. Fue señalada como objeto de salvación y curación de sus portadores. 

Como curiosidad, la hermana Catalina se mantuvo en el anonimato de las apariciones por consejo de su confesor, hasta la muerte de este y tan sólo unos meses antes del fallecimiento de ella, el último día del año de 1876. La popularidad de las medallas milagrosas era ya universal. También, como curiosidad, la Virgen «ordenó» ser representada de acuerdo con los cánones de arte religioso que se venían dando en la época. El manto de color celeste fue un símbolo de distinción en estas apariciones. Parecía «estar a la última» en arte sacro. Fue casi dos décadas después, en 1854, cuando Pío IX, proclamó el tercer dogma de la Virgen, el de la Inmaculada Concepción. Donde se le otorga preservada inmune de toda mancha de culpa original. Como estos conceptos teológicos son duros de penetrar en las molleras de los feligreses, que mejor que a través de unos hechos explicados por alguien de baja condición social y pocas entendederas para que estos se vieran reflejados en la aceptación del dogma mariano. 

La «escogida» fue la joven pastorcilla de 14 años llamada Bernadette Souvirous, cuando tiene una aparición en una pequeña gruta cerca de Lourdes, población del Pirineo francés, 4 años más tarde de la proclamación del dogma mariano. Desde el 11 de febrero y durante 6 meses, la joven tiene un total de 18 apariciones en esa cueva. En una de ellas, descubre un nacimiento de agua «milagrosa». La «Aqueró» (Aquella), que es como llamaba a la aparición, le ordenó que bebiera agua del manantial y que comiera de las plantas silvestres que había en la gruta. Excavó la joven en la tierra e intentó beber el fango, ensuciándose la cara, ante varios centenares de personas y bajo la acusación de fraude. Entonces brotó un manantial, donde se pudo limpiar la cara y que produce 100 mil litros de agua diaria, que es el santo y seña del emplazamiento sacro. Pero más allá de este suceso hemos de ver la simbología que entraña esta leyenda en concreto. El manantial es origen y principio, símbolo de pureza todavía no enturbiada ni alterada. «Sin mácula», sin mancha. La «Aqueró» pidió que se realizara un templo en ese lugar en su honor.

El Padre Peyramale, apuntando fechas de guardar.

No fue hasta el 25 de marzo, día de la Anunciación de la Virgen, cuando se presenta la Señora como  «Yo soy la Inmaculada Concepción«. Esta revelación es dada por parte de Bernadette al Padre Peyramale, párroco de Lourdes y varios abades de la zona, que le habían preguntado a quién había que dedicar el templo que le demandaban. Se ponen al mando de las «interpretaciones» referidas por la pastorcilla. Esta respuesta parece una clara alusión a la pregunta de Moisés a Jehová durante el Éxodo. «Si ellos me preguntan ¿Cuál es su nombre?¿Qué les responderé?» Y este le respondió «Yo Soy el que Soy«. Tras sumarísimos interrogatorios a la joven, dos años después, el obispo de Tarbes publicó la carta pastoral con la cual declaró que «la Inmaculada Madre de Dios se ha aparecido verdaderamente a Bernadette». Los «diálogos» con la Señora cesaron el 16 de julio, día de la Virgen del Carmen o Monte del Carmelo. Fechas muy bien seleccionadas y de gran facilidad para su identificación por los feligreses. El santuario que allí se construyó es objeto de uno de los peregrinajes más multitudinarios en la actualidad. 

El último dogma mariano se proclamó en 1950 por Pío XII, el de la Asunción, que explica que fue llevada en cuerpo y alma por los ángeles al cielo. Este hecho la coloca en una posición mística casi al nivel del Hijo de Dios. La fecha escogida fue el 15 de Agosto. Esta fiesta era ya celebrada en la Iglesia de Santa María la Mayor en Roma, por lo menos desde el siglo VI, y también el día «mágico-simbólico» señalado para la fundación de la Orden jesuíta y otra anterior, algo menos conocida, pero que guardan paralelismos históricos, como veremos en la segunda parte de esta investigación. Las fechas nunca son escogidas al azar, quién sabe si por divina providencia, pero acostumbran a tener patrones simbólicos muy bien llevados bajo palio. Las medallitas, los escapularios y la obsesiva utilización del rosario no hacían más que elevar el poder de la Virgen entre sus siervos. Herramientas materiales para otorgar un mejor acceso a la espiritualidad convenida. Era necesaria la popularización de estos objetos para establecer una relación directa con los «nuevos poderes», que casi la equiparaban a la figura de su hijo.

Escrivá, «el visionario».

En cuanto a lo referente a la imposición del rosario, la curia vaticana tiró de sus «influenzers» más mediáticos para asegurar el uso entre sus fieles, aún más si cabe, de ese utensilio «donado» por la divinidad. Ejemplo de esto, ya en el siglo XX, es el fundador del Opus Dei, en su obra «Camino«. En el punto 558, comenta: «El Santo Rosario es arma poderosa. Empléala con confianza y te maravillarás del resultado». «Camino«es la guía que propone San Josemaría Escrivá, santo a golpe de montañas de dinero y poderosas influencias, para mostrar al ferviente seguidor las exigencias divinas a las que mirar para ser un buen miembro, servil y sumiso. Aparecido este libro por primera vez en Cuenca, en 1934, bajo el título «Consideraciones Espirituales«, fue ampliado y editado ya en Valencia en septiembre de 1939, poco después de la finalización de la Guerra Civil Española, con su nombre definitivo. ¿Qué parecida esa primera nomenclatura con aquellos «Ejercicios Espirituales» de Loyola, verdad? 

Pues en efecto, el catedrático en filología y mediavalismo, Ángel Gómez Moreno, argumentó paralelismos entre la obra «Camino», de Escrivá, y un exitoso en su época y olvidado por el tiempo, manual de los «Ejercicios Espirituales» del siglo XVIII escrito por el jesuita aragonés Francisco Javier Hernández, de título larguísimo que abreviaremos en «El Alma Victoriosa«. Esta guía-manual expone el «Ars bene moriendi» (el arte del buen morir), unos tratados tardomedievales del siglo XV sobre como asistir al moribundo para que no caiga en las redes del demonio, aprovechando la debilidad del momento y condenar su alma. La verdad es que utilizar como referencia los consejos a los moribundos para evitar al diablo no da muy buena espina, pero viniendo del fundador de la secta Opus Dei, tampoco es de extrañar; así como el desmesurado uso de las expresiones a modo de recordatorios como «mortificación continua», o a la de «cruz de palo sin crucifijo», siendo este último una proyección del cuerpo del siervo. Se inspiró en un libro semi-olvidado, sólo utilizado por seminaristas jesuitas (quién se va a enterar), como ya hizo en su momento San Ignacio de Loyola, con otra obra a la que tuvo acceso en su estancia en la Abadía de Montserrat, suceso que ya analizamos en su día. Influencias jesuitas y un total de 999 puntos componen este «Camino», el inverso de 666 (¡diablos!). No en vano, tras ser ordenado sacerdote en 1926, ejerció en la iglesia de San Pedro Nolasco de Zaragoza, que entonces estaba regida por los jesuitas. Como no, este «escogido» por la divina providencia, también tuvo su particular visión «como una semilla divina caída del cielo» de su futura «obra», el 2 de octubre de 1928, tras escuchar las campanas de la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, en Madrid, el día en que se celebra la fiesta de los Ángeles Custodios. Tomemos nota de este personaje que tendrá una actuación muy importante y sibilina, más tarde.

Fatima Coniuratia (Conspiración fatídica)

Arribamos a la fecha clave de estas apariciones-conspiraciones y desembarcamos en Portugal, Mayo de 1917, en concreto. La joven república portuguesa  apenas llevaba siete años de vida y la confrontación de gobierno y la Iglesia católica era palpable y evidente, sobretodo en las zonas rurales. Una república basada en leyes de gran influencia masónica, que avanzaba con gran velocidad hacia una sociedad laicista. Y claro, la Iglesia no se iba a dejar comer la torta con tanta facilidad. Apenas llevaba un año dentro de la Gran Guerra, Portugal estaba sumida en huelgas y severos problemas de suministros a consecuencia del conflicto bélico.

En esas fechas se produjo un llamamiento del Papa Benedicto XV a la Virgen María por una intermediación para lograr la finalización de la guerra. Introdujo en las «letanías lauretianas» una invocación hacia ella como «Reina de la Paz» al final del rezo del rosario, así como las devociones marianas de mayo, en una carta dirigida a todos los obispos del mundo fechada el 5 de Mayo de 1917. En palabras de este miembro de la antigua familia nobiliaria genovesa della Chiesa: «Elévese, por tanto, hacia María, que es Madre de misericordia y omnipotente por la gracia, desde todos los lugares de la tierra, desde los templos más nobles hasta las más pequeñas capillas, desde los palacios regios hasta las más pobres casuchas, desde allí donde haya un alma fiel, desde los campos y los mares ensangrentados, suba hasta Ella el llanto angustiado de las madres y a las viudas, el gemido de los pequeños inocentes, los suspiros de todos los corazones generosos, la piadosa y devota invocación “Regina pacis, ora pro nobis»”. Se colocó la semilla para que la «Reina» se mostrara ante los fieles por fruto de tamaña súplica, pero en especial que se hiciera por niños, por ser almas carentes de malicia. 

Queremos hacer mención de unas pocas conocidas noticias que precedieron a las famosas apariciones. Se trata de unos anuncios que aparecieron misteriosamente en cuatro de los periódicos más importantes de Portugal. Estos señalaban el día 13 de mayo de ese año 1917 como el día en que iba a suceder un fenómeno extraordinario en Portugal que cambiaría el devenir del mundo. El suceso se produjo el 7 de Febrero de ese mismo año en Lisboa, durante una sesión de un grupo espírita entorno a la figura de un conocido médium de la época, Carlos Calderón, en la que se intentó contactar con unas entidades del más allá para consultar buenos augurios sobre el fin de la cruenta Gran Guerra. El método utlizado fue el de la escritura automática, donde la supuesta entidad se manifiesta a través del médium, que plasma su mensaje en papel en estado de trance. Este método fue muy popular en toda Europa desde finales del siglo XIX entre las ociosas clases pudientes, que seguían la moda de los círculos esotéricos, donde estafadores como Madame Blavatsky y su coronel Olcott, mezclaron una suerte de religión teosófica con inventadas sabidurías ancestrales; una suerte de orientalismo ecumenizado impulsado desde los hilos del poder-religión, también desde logias masónicas, para capturar el espiritualismo huérfano del creciente ateísmo. Era una tergiversación de aquellos mensajes procedentes de divinidades y que se manifestaban a través de los escritos o dictados de profetas en diferentes cultos religiosos.

El mensaje en cuestión tenía una particularidad. Fue escrito de derecha a izquierda, de manera que para leerlo era necesario un espejo. Es decir, que invertía simbólicamente el mensaje venido de a saber donde, o de bastante cerca, que fuera lo más probable que allí pasó. Sea como fuere, era una advertencia sobre el fenómeno que estaba a punto de iniciarse. Veámos su contenido e intenten compararlo con otros parecidos de distinta índole sobrenatural:

«No os compete ser jueces. Aquel que os ha de juzgar a vosotros no le gustarán vuestras preguntas. Tened fe y sed pacientes. No es nuestra costumbre predecir el futuro. Los arcanos del futuro son impenetrables, aunque, en ocasiones, Dios permite que se desplace ligeramente una esquina del velo que lo cubre. Tened confianza con nuestra profecía. El día 13 de Mayo será un día de gran gozo para los buenos espíritus de todo el mundo. Tened fe y sed buenos. «Ego sum charitas (yo soy el amor)» siempre tendréis a vuestros amigos a vuestro lado, los cuáles guiarán vuestros pasos y os ayudarán en vuestro trabajo. «Ego sum charitas». La brillante luz de la «Estrella de la Mañana» iluminará el camino.» 

–Stella Matutina

El remitente del mensaje es una entidad que se hace llamar Stella Matutina, aludiendo a la estrella de la mañana, la que nació con la primera luz, la que vino del amanecer, etcétera. Una referencia a Venus, el planeta, a través de sus diferentes mitologías. También al «portador de la Luz», Lucifer (lux-ferre/ llevar-luz). Se olisquea el mensaje engañoso que utilizan aquellos que mueven los hilos detrás de los velos. Y que mejores velos que aquella estrella que se «muestra» tanto al romper el día como al atardecer, donde noche y día, se difuminan.

Algo sospechosa es la utilización de ese nombre en los círculos esotéricos de la época. A partir de 1903, Stella Matutina, fue una de las órdenes de la organización hermética Golden Dawn, creada en Gran Bretaña. Ese mensaje «decidieron» publicarlo mediante un anuncio en el Diário de Noticias, en la edición del día 10 de marzo, dos meses antes de las apariciones, con el misterioso titular encabezado por los números «135917«, que encriptaba de manera poco sutil la fecha del 13 de mayo de 1917, con el texto siguiente: «No olvides el día feliz en que terminará nuestro martirio. La guerra que nos hacen terminará«. 

El mensaje de Oporto provenía de un psíquico llamado Antonio y estaba fechado el 11 de mayo de 1917, pero fue publicado en tres de los periódicos de más tirada de Portugal dos días después, el 13. Lo más específico de la advertencia, de procedencia de un plano astral (por decir algo) fue: «El día 13 de este mes sucederá un evento, relacionado con la guerra, que impresionará enormemente a toda la gente«. En el periódico «O Primeiro de Janeiro», uno de los grandes escritores de Portugal, Guedes de Oliveira, comenta la noticia de esta manera: 

«Hoy es día 13 y no sé si, en el momento en que los lectores han posado sus compasivos ojos en estas palabras del espiritualista señor Antonio, el acontecimiento predicho habrá ya tenido lugar y todos nosotros nos encontraremos tan profundamente impresionados como si un abismo se hubiera abierto debajo de nuestros pies (…) y no puede dejarnos indiferentes, y es con verdadera alarma como recibo esta información de un celoso defensor de la verdad. Nunca pensé que podríamos establecer tal comunicación con seres de otro mundo.» Cabe decir que Henrique Guedes de Oliveira era uno de los intelectuales anticlericales y republicano más exitosos de la época y se había convertido sin saberlo, o tal vez sí, en un reportero accidental de una extraordinaria noticia que se supone que sucedió ese día en algún lugar de la República Portuguesa. ¿Raro, no?

Se juntaron los factores del ataque del gobierno luso a la Iglesia, una reacción del poder eclesiástico, que contaba con mucha fuerza en las zonas rurales, esos mensajes olvidados a posteriori de los «extravagantes» grupos espíritas, o la falta de esperanza del pueblo portugués ante la terrible crisis bélica. El momento y el lugar adecuado no tardaría en llegar. En la pequeña localidad rural de Fátima se corrió el rumor de que unos niños pastorcillos hablaban que tuvieron una aparición con «una señora» el 13 del mes de mayo de ese año y que volvería a aparecerse el 13 de Junio, día de San Antonio de Lisboa, más conocido como de Padua, y muy festejado en la zona. Se documentaron varias apariciones en tierras portuguesas en esas fechas, una dos días antes al norte de Oporto, sin ir más lejos, que superó en popularidad a Fátima, al principio, para caer en el olvido después; pero ese lugar, el «Altar del Mundo«, como se le conoció años después, y esos protagonistas fueron los escogidos. ¿Por qué, quién o quiénes? Conozcamos como se tejieron esas redes conspirativas y se colocaron sus nudos en lo que algunos denominaron la Operación Fátima.

Antes de abordar la aparición mariana más relevante y promocionada por las altas esferas de la Iglesia católica, observaremos un ejemplo fallido (de los muchos que hubo), de como se cortó, tanto por parte de autoridades gubernamentales como eclesiásticas, un fenómeno de visionarios celestiales. En 1931, la reciente proclamación de la República de España amenazaba con mermar el poder de la Iglesia. El fervor anticlerical que se respiraba en esas fechas era patente en la sociedad y, de repente, dos pastorcillos (otra vez pequeños guías de borreguitos), los hermanos Antonia y Andrés Bereciartu, de 11 y 7 años, asistieron a un encuentro con la que identificaron como «la Virgen» en una colina cercana a unos prados en la noche de San Pedro (29 de Junio) del 31. Se corrió la voz como la pólvora y al mes siguiente ya se contaban por un centenar los visionarios en aquella colina. Llegando hasta 200 en otoño del 1933. Hasta que en Junio del año siguiente, el Santo Oficio romano prohibió las visiones de Ezquioga y se pasaron a ejercer de manera un tanto clandestina. ¿Qué pasó para que a todos aquellos visionarios se les señalara y denominara «txotxoloak» (chalados) y los habitantes de la zona tuvieran vergüenza colectiva hacia el suceso?

Al parecer en esa colina se dieron todas las visiones divinas clasificadas por Sor María Jesús de Ágreda, la monja que «evangelizaba» indios, bilocalización mediante, y antes mencionada, en su obra magna «Mística Ciudad de Dios»: intuitivas, abstractas, angélicas, intelectivas, imaginarias y corpóreas. Muchas, demasiadas e incontrolables por los promotores de las visiones. El exceso de fenómenos se les fue de las manos. Las sucesivas procesiones alrededor de pintorescos personajes que entraban en trance y transformaban sus caras perdiendo la mirada en el infinito, en alguna parte donde supuestamente se aparecía, para unos, una imagen luminosa con un extraño mensaje, y para otros, ellos eran los portadores de los augurios terribles, o milagros que nunca se materializaban. Algunos fueron promocionados socialmente gracias a la intervención de adineradas beatas que apadrinaron a estos videntes.

Pero el responsable directo de los fenómenos de Ezquioga fue el pater del pueblo, Antonio Amundarain. Este cura fue el que organizó alrededor de las visiones de los dos primeros pastorcillos un eje del que impulsar las peregrinaciones hacia ese lugar inspirado en su admirada Lourdes. Hombre fascinado por las experiencias místicas y las formas de vida inmaculada; creador de un instituto laico para salvaguardar a las mujeres de «la corrupción de la sociedad urbana manifiesta en el baile agarrado y en los trajes de baño«, como se mostraba en la turística y cercana San Sebastián. Su aspiración era crear «un ejército de vírgenes que lucharan contra la irreligiosidad, el libertinaje y la inmoralidad» . Aquellos videntes manifestaron el apoyo de la Virgen a sus pías pretensiones. 

Pronto comenzaron a desmoronarse los mensajes apocalípticos y de lucha entre católicos, que parece que murió de éxito. Cientos de miles de peregrinos no acababan de ver que aquellos «mensajes divinos» se materializaban como así lo verbalizaban los videntes que se concentraron, cada uno de su padre y su madre. Las autoridades quisieron cortar aquellos fenómenos cuyo mensaje iba en contra de sus intereses de sociedad laica. Pero el mayor enemigo de estos lo encontraron en la propia institución eclesiástica. Los visionarios se toleraban como agentes de gracia, con sus santuarios rurales y seguidos por numerosos devotos; pero siempre, siempre, bajo la estrecha supervisión de la Iglesia e incluso promovidos. Podían tener su contacto directo con lo divino, pero la privilegia intermediación de administrar los sacramentos es de los sacerdotes. 

Los «visionarios rurales» son considerados teólogos aficionados que pueden caer en errores que pongan en peligro el monopolio de la Iglesia. Si no pueden ser domesticados bajo control e institucionalizados, se convierten en rivales en potencia. Eliminando su apoyo oficial, el destino de esos videntes era la desaparición o el culto muy minoritario. Vamos, que a los pastores no les gusta que sus ovejas vayan por libre y no poder esquilarles la lana cuando toque. Tan sólo dos curiosos apuntes. Los fenómenos de Ezquioga sucedieron a 10 kilómetros justitos en línea recta dirección Sur del Santuario de Loyola, basílica construida en torno a la casa natal del fundador de la Compañía de Jesús, y en el comienzo de la nueva forma de Estado ya se barruntaba un ataque del gobierno de la República hacia esta orden religiosa, que se confirmó el 29 de Enero de 1932 con un decreto de disolución de la misma.

Narraremos los hechos de las apariciones de Fátima según se fueron documentando en una línea temporal, como hemos relatado con los curiosos mensajes espíritas. Se extendió el rumor del fenómeno sucedido en Cova de Iría, una de las pequeñas agrupaciones poblacionales que pertenecían a esa fregresía (pedanía en portugués), de la aparición de una «brillante señora vestida de blanco» a tres niños. Las edades de estos eran: 10 años, en el caso de Lucía, la mayor de ellos; 7 años, de la pequeña del grupo, Jacinta; y 9 años, para su hermano Francisco, estos dos eran primos de la primera. Están colocados en ese orden según el grado de interacción con la «Señora». Lucía podía ver, escuchar e interactuar con ella hablándole: Jacinta la vio y escuchó, pero poco entendió; Francisco sólo la pudo ver hablar, aunque dijo que no movía los labios. A través de una curiosa publicación que plantea la aparición de Fátima como un encuentro extraterrestre de tercera fase (unas interpretaciones algo «exoplanetarias»), «El Secreto de Fátima. La historia oculta de las misteriosas apariciones y la conspiración de los jesuitas«, de Joaquim Fernandes y Fina d’Armada (aunque muy bien documentado, por cierto), los niños describen, en declaraciones recogidas de los testimonios originales en esos primeros momentos, a la Señora, como un ser carente de pelo de unos 120 centímetros de alto, con traje a la altura de las rodillas, manto acolchado y portando una especie de esfera en las manos. 


El nombre del lugar tampoco parece escogido al azar. Fátima en árabe significa «señora«. Cova de Iria, el lugar en concreto donde se produjeron las apariciones, proviene de Irene, del griego «eirene», que equivale a «paz«. Iria, fue una bella joven monja portuguesa que vivió en el siglo VII y que fue asesinada como venganza de un joven noble que la pretendía y por la decisión de conservar su voto de castidad. Santa Irene, o Santa Iria, fue nombrada patrona de Portugal. Santarém, de Santa Iria, es el distrito al que pertenece Fátima. La «Señora de la Paz«, por tanto, muy similar a la «Reina de la Paz» del llamamiento evocado por Pío XI.

Y por supuesto, los nombres de los niños protagonistas tampoco son baladíes. Veámos. La principal protagonista de esta historia fue Lucía, o Lúcia en portugués, proveniente del latino Lux-lucis. «Luz«, por tanto. De adjetivo brillante y luminoso. En tiempos pretéritos se llamaban así a las niñas que nacían con la primera luz de la mañana. ¡Y nada menos que venimos de la «Stella Matutina» como entidad portadora de augurios! Su apellido Dos Santos (de los Santos), muy popular en ese país, alude a la divinidad de los mensajes y a la futura santidad de la principal vidente, así como Santa Lucía es celebrada en el santoral el 13 de Diciembre (otra vez 13) y su principal patronazgo es la vista; por las luces, debe ser

No menos interesante resulta el apellido de los hermanos Francisco y Jacinta, Marto. Este recuerda y los podemos asociar, con las circunstancias de estos dos pequeños protagonistas secundarios en esta historia, al término «martirio«. Procede del griego «martyrion«, que es una prueba o testimonio en un juicio; derivado en «mártys», «mártyros», como testigo y testimonio. Viene al pelo con la función desarrollada por ellos. Fueron los testigos privilegiados de los sucesos, pero por desgracia para estos chiquitos fallecieron al poco tiempo, por lo que no se pudieron constatar sus testimonios. El niño el 4 de Abril de 1919(4-4/1919)y la pequeña Jacinta el 20 de Febrero del 1920 (20-220), casi como mártires de la causa, como veremos. Los designios de la providencia debieron tener mucho trabajo en esta historia.

Cuanto más se acerca uno a los documentos originales cercanos a los sucesos de 1917, menos se parece el relato oficial que ha llegado hasta nuestros días a través de las instituciones eclesiásticas. Hay un punto de inflexión con «Las Memorias de la Hermana Lucía«, en 1942, donde el relato cambia por completo. Memorias que contienen algunos pasajes de terror e incitación a la tortura hacia unos niños, de entre 10 y 7 años, que se ven obligados a aceptar unos «sacrificios  por la humanidad» que no les pertocaban y que sólo pueden ser concebidas por mentes perversas, que para nada muestran amor por los pequeños. Luego veremos unos ejemplos que a buen seguro salieron de las retorcidas cabezas de los asesores de la vidente superviviente, convertida entonces en sor Lucía. Lo que parece que silenciaron fue las posibles interpretaciones de la protagonista, pues lo verdaderamente secreto fueron los documentos originales en los tiempos de las apariciones. Permanecieron seis décadas ocultos, hasta 1978 y publicadas de manera discreta a principios de los 90.

Las anotaciones del párroco de Fátima, Manuel Marques Ferreira, cuando interrogó a los niños durante los sucesos son fundamentales para poner en cuestión el relato posterior. Pero eso ya no nos puede sorprender a estas alturas de investigación visto lo analizado. Esta declaración es de Lucía tras la segunda aparición, ya con unas decenas de personas de espectadores:

Lo que vestía era: un manto blanco que le llegaba desde la cabeza al final de la falda, el cual era dorado desde la cintura hasta la parte de debajo de los dos cordones, los cuales se cruzaban arriba y abajo y en el dobladillo, todo era dorado y estaba junto. La falda era blanca y dorada con cordones, los cuales la atravesaban en vertical, pero solo le llegaba hasta las rodillas; el abrigo era blanco no dorado, y solo tenía dos o tres cordones dorados en los puños; no llevaba zapatos, sino medias blancas sin nada dorado; en el cuello llevaba una cadena de oro de la que colgaba un medallón”. 

De estas palabras los avispados ovnílogos, como los llamaba el truculento escritor ex-jesuíta, el gran Salvador Freixedo, se aprovecharon para intentar vender un encuentro con un ser extraterrestre en la tercera fase. «Las apariciones marianas son otro juego de los dioses«, decía el polémico escritor al respecto. Con toda sinceridad, un servidor, dado en exceso a la elucubración, sólo ve la descripción de una muñeca por una niña. Ese medallón pasó a ser una «bola» en 1922, y de ahí transmutará en el «Inmaculado Corazón de María«, que será clave para dar forma al segundo secreto dos décadas después. Pero para los primeros párrocos también generaba confusión estas descripciones y se imponían una autocensura que diera más crédito a la visión católica de estos niños. Aquí vemos unos ejemplos en esas anotaciones perdidas: 

«Jacinta afirma que el vestido de la Señora solo llegaba hasta las rodillas (…) Nuestra Señora no puede, evidentemente, aparecer si no es más decente y vestida. El vestido debería descender hasta cerca de los pies. De lo contrario (…) constituirá la dificultad más grave para sustentar la sobrenaturalidad de la aparición y hará que surja el espíritu de recelo; se pensará que es una mistificación preparada por el espíritu de las tinieblas» 

Y claro, si lo relatado por los chiquillos no se adecuaba a los estrictos cánones de otras visiones, se preguntó: «¿Será el demonio el que causa y ocasiona semejantes hechos?«. El párroco Ferreira no acabó de verlo claro y tras enviar sus informes al Patriarcado de Lisboa, marchó desquiciado de la zona a principios de 1919. Según declaraciones de la futura sor Lucía años después: “por no querer asumir la responsabilidad de los hechos”. Mucho más sereno e instruído llegó el canónigo Manuel Nunes Formigão, que acabó haciéndose conocido como «el cuarto vidente de Fátima», por su apostolado sobre las apariciones de ese lugar. Asistió a la última aparición el 13 de Octubre y fue el encargado de dirigir los interrogatorios con carácter de oficialidad por la Iglesia. Se convirtió en el primer orientador espiritual de los videntes. También tuvo una gran labor tapando los testimonios incómodos por parte de los niños y publicitando aquellos fragmentos más convenientes para el mensaje de Nuestra Señora. 

Formigão redactó el Proceso Canónico Diocesano modelando los interrogatorios para que se pudieran considerar las apariciones dignas de crédito. Este «bendito», mostró a Lucía una estampa de Santa Inés y la invitó a imitarla en su vida. Recordar el martirio de la joven Inés de familia noble romana, que fue encerrada en un prostíbulo por no querer entregar su cuerpo a sus varios pretendientes. Milagrosamente logró mantenerse virgen y fiel a Cristo, pero fue condenada a ser degollada. ¿Qué parecido con el relato de Santa Iria, no? De ahí viene el sacrificio del cordero el 21 de Enero de Santa Inés, Agnus (en latín) Dei; donde son bendecidos aquellos corderitos cuya lana estará destinada para los «palios» (vestimenta ritual) de los arzobispos de la Iglesia. Recordemos la edad de Lucía en ese momento, 10 años. Un «bendito cabrón«, por aquello de los corderos-agnus. La principal vidente fue encerrada en un convento a partir de los 14 años y silenciada a no hablar ni escribir sin autorización respecto a las visiones que vivió. Fue, de alguna manera, una doncella sacrificada a los dioses para cumplir con los buenos augurios del poder-religión.

Vayamos a las incongruencias de los famosos 3 secretos de Fátima supuestamente revelados a los pastorcillos. Para empezar, los niños no tuvieron percepción  de ningún secreto hasta que les preguntaron por él, el secreto que les había revelado «la Señora». El párroco de Fátima, Ferreira, se enteró de que existía un «secreto» a través del inhumano administrador (alcalde) del Concejo el 13 de Agosto, cuando ante la expectación y posibles disturbios, tuvo la peregrina idea de retener a los niños en el edificio público en una celda durante un par de días. Jacinta refirió, cuando le preguntaron por el secreto, que lo había oído el día de San Antonio, al igual que Lucía; así  quedó recogido en interrogatorios realizados por el párroco de Cortes a mediados de septiembre de 1917. También en lo registrado por Formigão tras el 13 de Octubre y última aparición, donde el 13 de Junio era el día de la revelación del «secreto». En cambio, en 1922, Lucía, única superviviente ya, informa a la comisión dirigida por el obispo de Leiria, que el secreto les fue confiado el 13 de Julio y «que les prohíbe revelar a nadie.«

Si no existía previa revelación antes de la retención de los niños, ¿de dónde surgió la idea del secreto que ansiaba conocer el administrador? Observaremos el testimonio que escribió en 1922 un trabajador de correos de la zona, Inácio António Marques, que presenció las apariciones desde la segunda y envió a la Comisión Católica: «En Mayo de 1917 corría el rumor de que a tres niños se les había aparecido una señora vestida de blanco… que el día 13 de Octubre les diría un secreto. En la segunda aparición, cuento a las personas y veo que están presentes unas 40. Terminada la letanía, Lucía dice: “Ya viene Ella” y nos manda arrodillar. Comienza interrogando y respondiendo a alguien al que no oigo y que mis ojos no ven. Y la segunda aparición, una vez allí, afirma delante de un reducido número de espectadores que Ella le está diciendo que vaya allí todos los meses y que el 13 de octubre será la última vez y entonces dirá un secreto«.

Joaquim Gregório Tavares, testigo de las apariciones del 13 de Octubre dijo a un diario local en Noviembre del 17: “Dicen también [los videntes] que el último 13 de mayo, Ella se les apareció nuevamente en el mismo sitio, sobre una carrasquera o pequeña encina, entre el medio día y la una, revelándoles un secreto, que no dicen a nadie…” Para el doctor Luís Vasconcelos, eran los creyentes los que intensificaban el rumor del secreto. Sobre las impresiones que escribió de Lucía dijo: «había oído hablar anteriormente de los milagros de la Señora de Lourdes. Una mujer que decía ser su tía la ayudaba algunas veces en las respuestas y hacía diversas consideraciones sobre un secreto que ellas tenían y que no revelaban a nadie”. Esa señora era una tía abuela de Lucía, y la que iba hablando en esa ocasión de un secreto.

En cuanto al Milagro del Sol del 13 de Octubre, ocurrido delante de unas 40.000 o 70.000 personas, según las fuentes, mejor echar mano de algunos testimonios recogidos en la zona:

J.G. Tabares afirmó: «Debemos que aunque admitimos la posibilidad de algún hecho milagroso, estuvimos allí mientras teníamos en mente conversaciones que tuvimos anteriormente con personas serenas que anticipaban algunos cambios de color en el Sol». Maria do Carmo, que alojó unos días deseptiembre a los niños manifestó: «se anticipó que el milagro involucraría a las estrellas, debido a que en los meses de Julio, Agosto y Septiembre, los habitantes de la zona afirmaban que la luz del Sol se atenuó y el cielo se oscureció lo suficiente para que se hicieran visibles las estrellas.» Esto fue negado por muchos testigos. Apuntó Maria: «la gente de Alburitel oscurecía trozos de vidrio al exponerlos al humo de las velas para que pudieran mirar el Sol, sin dañar sus ojos» .

Fotografía-fake del milagro del Sol, publicada
por el diario oficial del Vaticano en 1951

En la investigación que llevó a cabo Kevin McClure, «Evidencias sobre las apariciones de la Virgen» de 1982, señaló sobre el «Milagro del Sol», que la multitud podía haber estado esperando ver señales en el Sol, y sobre esa base, cree que la multitud vio lo que quería ver. También indicó que nunca había visto tal colección de relatos contradictorios de un caso en ninguna de las anteriores investigaciones. 

El padre Andrew Pinsent, Director de Investigación de Ciencia y Religión de la Universidad de Oxford, señaló «una perspectiva científica que no descarta los milagros y el evento de Fátima es particularmente creíble.» Afirmaba que el año del evento estaba conectado con hitos históricos importantes que exigen el arrepentimiento de Fátima: el protestantismo en 1517, la masonería en 1717 y el comunismo ateo en 1917. Quizá habría que haberle recordado a este profesor de Oxford qué sucedió 210 años antes de Lutero, un 13 de Octubre, pero no está mal tirada esa elucubración de repetición de efeméride anticatólica cada 200 años, reverendo Pinsent.

Lo único claro de las 6 apariciones (aunque la primera sólo tuvo de testigos a los 3 pastorcillos)  es que la gente presente allí, pudo atestiguar que los tres niños se reunían los días 13 de cada mes, entre Mayo y Octubre, a rezar el rosario y pedir por el fin de la Gran Guerra mientras parecían contactar con una entidad subida a una pequeña encina. Los mensajes secretos fueron originados más por las dudas e intrigas de los espectadores y fervientes creyentes. Y una cosa lleva a la otra; en teoría, claro. Porque los acontecimientos que relataremos a posteriori nos marcarán unas señales inequívocas de que el suceso fue entramado desde lo más alto de los poderes ocultos. aquellos que saben utilizar los tiempos, los momentos y los personajes adecuados a su favor.

Se da por hecho desde la Iglesia en su discurso, que estos niños aceptaron de buena fe y, como ejemplo de santidad, todos los sacrificios que ofrecieron para convertir las almas de los pecadores de todo el mundo. ¿Cómo puede una institución que vela por las almas de sus fieles permitir que los más vulnerables de estos, los niños, acarreen con sus cuerpos y sufrimientos, a modo de sacrificio ritual de expiación, con la conversión de los pecadores? Y no se trata sólo de orar insistentemente el rosario, no; sino de torturarse con sufrimiento corporal para ofrecerlo como sacrificio. Recordemos las edades de los niños: 7, 9 y 10 años. ¿Qué clase de enfermos ponen esos ejemplos de beatitud en negro sobre blanco para que sean divulgados? Y lo peor de todo es que no se pone en cuestión. Leamos unas muestras extraídas de las memorias de una ya adulta sor Lucía: 

«Y corrió a llevársela (el almuerzo a unos pobrecitos). Por la tarde me dijo que tenía hambre. Había algunas encinas y robles. Las bellotas estaban todavía bastante verdes, sin embargo le dije que podíamos comer de ellas. Francisco subió a la encina para llenarse los bolsillos, pero a Jacinta le pareció mejor comer bellotas amargas de los robles para hacer mejor los sacrificios. Y así, saboreamos aquella tarde aquel delicioso manjar. Jacinta, tomó esto por uno de sus sacrificios habituales; cogía las bellotas amargas o las aceitunas de los olivos. Le dije un día: – Jacinta, no comas eso, que amarga mucho.– Las como porque son amargas, para convertir a los pecadores.»

«Derramé entonces el agua de la jarra en una losa, para que la bebiesen las ovejas, y después fui a llevarle la jarra a su dueña. El calor se volvía cada vez más intenso, las cigarras y los grillos unían sus cantos a los de las ranas de una laguna cercana, y formaban un griterío insoportable. Jacinta, debilitada por la flaqueza y por la sed, me dijo con aquella simplicidad que le era natural: – Diles a los grillos y a las ranas que se callen; ¡me duele tanto la cabeza! Entonces Francisco le preguntó: – ¿No quieres sufrir esto por los pecadores? – Sí, quiero; déjalos cantar – respondió la pobre criatura apretando la cabeza entre las manos.»

Estos son unos ejemplos bastante suaves de lo que relata en sus memorias, Lucia dos Santos, casi 25 años después. Omitiremos lo descrito sobre cuerdas atadas al abdomen para dificultar la respiración, en la que tuvo que «intervenir» la Señora, para advertirles que no se la ataran mientras dormían, o la aceptación de las muertes de los dos hermanitos como ofrenda de ellos por la redención por las almas pecadoras, porque en el caso de la pequeña Jacinta, lo narrado, roza el masoquismo. Una muestra de lo más moderado:» ¡Siento un dolor tan grande en mi pecho! Pero no digo nada a mi madre; quiero sufrir por Nuestro Señor, en reparación de los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María, por el Santo Padre y por la conversión de los pecadores.»  9 años tenía ahí. Recordemos.

Esperamos que la mayoría de estos pasajes concernientes a esos tormentos fueran fruto de la imaginación de aquellos «asesores» de sor Lucía y no los sufrieran en carnes. Lo que sí padecieron fue las consecuencias de lo que llamaron la «gripe española», esa extraña influenza, que golpeó al mundo como colofón de la Primera Gran Guerra. El pequeño Francisco anduvo 5 meses muy enfermo y falleció año y medio después de las apariciones, antes de cumplir los 11 años. Su hermanita, Jacinta, ya con problemas respiratorios anteriores a la epidemia, padeció una grave pleuritis que la llevó a padecer grandes tormentos en sus últimos meses de vida. Murió lejos del hogar familiar en un hospital de Lisboa antes de cumplir los 10 añitos. Puede que los ayunos a que se sometieron y otros tormentos (esperemos que no), no ayudaron a fortalecer sus cuerpos para afrontar esas enfermedades respiratorias.


Antes de desgranar la evolución del «secreto», que no tuvieron nada claro los tres pastorcillos en el tiempo que duraron las visiones, «transformados» en los tres famosos secretos, atenderemos al constructo que se estaba creando con las apariciones como símbolo de salvación de un Portugal que estaba en una profunda crisis a varios niveles. La intermediación de la Virgen como salvadora del pueblo caído en desgracia y los días 13, utilizando una cifra que se asocia desde la antigüedad con buenos augurios. Ejemplo eran «los idus«, sacrificios de animales que se ofrecían en honor a los dioses romanos para devenir el futuro. Estos se celebraban los días 13 de cada mes, excepto los meses de Marzo, Mayo, Julio y Octubre, que se celebraban los días 15 por cuestiones de cuadratura del calendario, que debían coincidir con el plenilunio, cuando este era de tipo lunar. «La Señora» se presentaba los mediodías de cada 13, recordando de alguna manera, aquellos augurios de los idus romanos, dándoles buenas nuevas para el pueblo. Pero no es el único caso en la historia.  

«Los números poseen un gran significado y simbolismo para el pueblo hebreo». Eso nos comenta el autor de temática católica Joseph Pronechen, autor de «Los Frutos de Fátima. Un siglo de señales y prodigios». El 13 tiene una conexión histórica con Fátima y la historia bíblica de Ester, considerada por los Padres de la Iglesia como una representación de la Virgen en el Antiguo Testamento. Ester forma parte de los exiliados a Persia, donde el rey Asuero escogió a Ester como reina entre todas las mujeres. «Amó a Ester entre todas las vírgenes; ella ganó su favor y devoción, de modo que él puso la Corona Real en su cabeza y le hizo Reina, sin saber que era judía«. Podría recordar de manera leve este suceso con el mito clásico de la corona que pone el dios Baco a la mortal Ariadna, …pero no; aunque Ariadna significa la más pura, …igual sí. Amán, el jefe de gobierno de Asuero, ante la negativa de los judíos a arrodillarse ante él, como Mardoqueo, primo y tutor de Ester, decide destruirlos y sacrificarlos, con permiso del rey, al que ofrece 10 mil talentos de plata, que este rechaza y le obsequia con su anillo. Se escribe la orden el día 13 del mes de Nisan, para cumplirse el día 13 del mes de Adar. Ester pide que se haga una especie de ritual para vencer a Amán. En el Libro de Ester 4, 15 explica: «Y Ester dijo que respondiesen a Mardoqueo: Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca.» El ritual de los 3 días de ayuno dio su fruto y Ester pudo deshacerse del enemigo del pueblo elegido y el 13 se convirtió en un símbolo de salvación y liberación de su pueblo. 

A través de los mensajes trasladados de la «Señora» a los pastorcillos, también les ofreció a su pueblo el camino de la salvación. El nombre «Ester» proviene del hebreo «estrella y felicidad». Lucía Dos Santos indicó al escultor José Ferreira Thedim, encargado de esculpir la imagen de la aparición de Fátima, que la Virgen siempre tenía una estrella en su túnica. También le indicó que «la Virgen predicó que el escapulario y el Rosario eran inseparables«.

Vamos cogiendo las relaciones entre ayunos, sacrificios, augurios y salvaciones, ¿no?. Pero todos estos constructos tienen un propósito mayor. El poder-religión actúa a varios niveles y aprovecha el suceso escogido entre varias alternativas para ir tejiendo una poderosa telaraña que aguante el pasar del tiempo y no deje escapar la realidad oculta atrapada en ella, lista para ser devorada por este poder supremo de manera silenciosa y aceptada por los espectadores de la misma; ya sean contemporáneos o a través de la mirada histórica. Hemos recurrido a testimonios ambíguos y documentos en los que nos ha parecido ver pequeños focos, a modo de chispazos, que como incendios provocados en distintos lugares de un bosque, acaban por hacerlo incontrolable y difícil de apagar. ¿Y cómo quedaron esos 3 secretos? Debían ser 3, por aquello del origen divino y la Santa Trinidad.

La intermediación de «La Señora» a través de las 3 predicciones, profecías, anuncios, augurios o vaticinios (por aquello del Vaticano), 

«Infierno», Giovanni da Modena. 1410

«Hundidos en este fuego (estaban) los demonios y almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas con forma humana, que flotaban en el incendio llenadas por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo, cayendo por todos lados, (…) entre gritos y gemidos de dolor y desesperación, que horrorizaba y hacía temblar de pavor. Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes y negros.»

Así de dantesca, (no es de extrañar, como veremos) reflejó, sor Lucía bastantes años después, la visión del «Infierno» que les concedió en secreto a los tres pastorcillos como la primera parte del secreto; también conocido por el primero. Casi todo el mundo identificó la visión del infierno con la Gran Guerra. La segunda parte del secreto decía así:

«Dios quiere establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón. Si hicieran lo que digo, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra va a acabar, pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando vean una noche alumbrada por una luz desconocida, sepan que es la gran señal que les da Dios de que él va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, el hambre y las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre. Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón, y a la comunión reparadora en los primeros sábados. Si atendieran a mis pedidos, Rusia se convertirá y tendrán paz. Si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia, los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas, por fin mi Corazón Inmaculado triunfará.»

Hemos de hacer hincapié en que estas revelaciones salieron a la luz en 1921, con la Segunda Guerra Mundial ya iniciada y con Rusia aún no alineada con el resto de naciones que luchaban contra Alemania. Tampoco Pío XI había sido nombrado Papa aún, lo fue 1922. De este hecho fue preguntada y se ratificó; así como la fecha de inicio de la Segunda Guerra Mundial, donde advierte que para «la Señora» es la anexión de Austria en 1938, el detonante. Esa «noche alumbrada de luz desconocida» fue la aurora boreal de la noche del 25 al 26 de Enero de ese año 38, vista en toda Europa. Ese día coincide en el santoral con la conmemoración de la conversión de San Pablo y el día posterior, el de su colaborador San Timoteo. Pío XI falleció en febrero del 39, medio año antes del comienzo oficial. Se podría decir aquello de que «a toro pasado todos somos Manolete», pero los «asesores divinos» de sor Lucía parecían tener otros intereses geopolíticos. Resalta de los mensajes o advertencias de «la Señora» la ausencia de menciones a los fascismos europeos, del nazismo y su solución final hacia los «paisanos» de la Virgen María, por no mencionar, también, a las bombas atómicas sobre Japón, para centrarse en demonizar a la Rusia comunista como foco de todos los males y guerras que asolaban el mundo. Se da la circunstancia, de que los Estados Unidos de América declararan la guerra a Japón y la entrada en el conflicto mundial el día 8 de Diciembre de 1941, día de la Inmaculada Concepción… ¿casualidades?

¿Pero qué sucedió con la tercera parte del secreto? Hay un dicho popular que reza: “El secreto es el alma del negocio”. El secreto fue el alma de Fátima. Por «custodiar» ese secreto, sor Lucía fue la mujer portuguesa más popular en todo el mundo. Pasó a ser el hilo conductor en el que se apoyaron los tejedores de esta operación. De acuerdo con el relato oficial, la ahora monja, enfermó gravemente a finales de 1943, sin que hubiese redactado la tercera parte. Por orden del obispo de Leiria, al que presionaron con fuerza desde instancias superiores, se le metió un poco de prisa a la poseedora del «secreto». No lo acabó de redactar hasta los primeros días de Enero de 1944. Por aquel entonces estaba recluída en un convento de las Doroteas en Tuy, Galicia, donde desde hacía muchos años, a partir de 1925, tuvo varios confesores jesuítas, el Padre Jose da Silva Aparicio o el Padre Gonçalves, que pudieron influenciar de una manera directa en las redacciones de los secretos. Es ahí donde aquella «bola» de la Señora o el «medallón con picos», transmutan en el «Sagrado Corazón de Jesús» o el «Corazón de María» en los escritos de Lucía. Ella misma confiesa años después que es Gonçalves quien le ordenó quemar el anterior secreto redactado y reescribirlo. Aparte de las formas sagradas de Madre e Hijo, surge la petición de consagrar a Rusia al Sagrado Corazón.  

La guardiana del Secreto.

El secreto de Fátima tuvo esta evolución: 

— 1917, eran “palabritas (palabrinhas)” — 1922, continúan siendo “palabritas” — 1924, todavía son “palabritas” — 1927, se transforma en dos secretos — 1942, son tres partes (una visión de imágenes + palabras +¿enigma?) —2000, la tercera parte es la descripción de una imagen. 

Es la propia sor Lucía junto con otra monja dorotea, la encargada de transportar el manuscrito hasta la frontera con Portugal y de allí quedaría el Palacio Episcopal de Leiria en custodia. Se supone que cerrado y lacrado. con orden de no abrirse hasta 1960 a menos que sor Lucía falleciese. En 1955, el cardenal Ottaviani, pro-prefecto del Santo Oficio, se entrevista con la vidente en Coimbra, donde profesa ahora la monja como carmelita. Este ordena que le procuren copia de todos los manuscritos de ella que custodian en Leiria y el sobre lacrado sea enviado a Roma. No llegó hasta marzo de 1957, donde se rumoreó que Pío XII pudo haberlo leído, aunque no hay constancia de ello. Sí la hay de testimonios sobre la apertura de ese sobre por parte del siguiente pontífice, Juan XXIII, que junto al cardenal anterior mencionado Ottaviani, sí lo leyeron. Existen dos versiones distintas:

Una hace referencia al testimonio del propio cardenal, una década después, donde explicó que el Papa lo leyó y lo comprendió, a pesar de que estaba en portugués y que después lo cerró y lacró, y lo “metió en uno de aquellos archivos que son como un pozo, en el cual la carta cayó a un fondo negro, muy negro, y nadie más vio nada. De ahí que sea difícil decir ahora dónde está el secreto de Fátima”.

La otra, de una carta del entonces secretario de Roncalli, que veinte años después contó que «El día 17 de agosto de 1959, el papa Juan XXIII recibió de las manos del padre Paolo Philippe (entonces en la Comisión del Santo Oficio) una carta guardada en el Santo Oficio relativa al llamado “secreto de Fátima”. Y dijo: “me lo reservo para leerlo con mi confesor” (monseñor Alfredo Cavagna).» Tras la lectura del texto, el pontífice hizo una nota personal, transcrita por este, el monseñor Capovilla, que fue incluida en el sobre que contenía el secreto. El Papa no se pronunció sobre el contenido. Dijo que prefería dejar a otros la apreciación de la carta (Pasapalabra).

Pío XI y Benito Mussolini
dibujados, pero no fotografiados juntos.

Demos un pequeño salto atrás en el tiempo para tratar de visionar a través de la historia de los papados que vienen acompañando el misterio de Fátima para poder llegar a su desenlace. Ya hablamos de Benedicto XV y su invocación a la Virgen como intermediaria, en 1917, para finalizar la Gran Guerra, y que dio el pistoletazo de salida al fenómeno. Recordando el apoyo inesperado de la alerta de los grupos espíritas, previos al suceso y que señalaban el 13 de Mayo. El siguiente Papa, Pío XI, tiene una gran importancia al volver a reestablecer el Estado Vaticano con territorio propio gracias a los acuerdos de los Pactos de Letrán, donde quedaban bajo la financiación de la Italia de Benito Mussolini y debían no oponerse sus políticas. Fue en 1929 donde empezó el pontífice a dar muestras y concesiones a la veracidad de las apariciones de Fátima. 

Mussolini y Pío XI, face to face.

A raíz de la celebración del décimo aniversario de estos Pactos de Letrán, Mussolini pretendía hacer una serie de homenajes, donde su figura saliese reforzada. Aquiles Ratti, Pío XI, que no soportaba al dictador italiano y su política, ideó un golpe de efecto para dañar su imagen a través de la lectura del texto «Nella luce» (en la Luz), una mordaz crítica hacia el fascismo, en la solemnidad de la celebración delante de todo el episcopado italiano. El acontecimiento estaba previsto para el 11 de Febrero de 1939. Parece que las intenciones del Papa fueron filtradas y el día 9 cayó este enfermo de gravedad, muriendo la víspera del acto. El médico principal del Vaticanó sufrió una fuerte gripe en esos momentos y fue el médico suplente, Francesco Petacci, padre de la amante de Mussolini, Clara Petacci, el que no pudo hacer nada por salvar la vida del  pontífice. ¡Vaya, por Dios! Hubieron de pasar dos décadas para que se diera a conocer el discurso que ideó Pío XI. Liquidado (o envenenado) el problema de obstaculización del Santo Padre, se dio pasó a su sustitución por otro mucho «más de la cuerda». No será el primer Papa en ser «destronado» de manera sutil en el siglo XX.

El Cardenal Pacelli, de familia aristócrata, fue nombrado arzobispo al ser proclamado nuncio apostólico de Baviera, justo el 13 de Mayo de 1917, ¿predestinación? Tuvo la presión de Consagrar a Rusia al Corazón de María, tal como pedía sor Lucía haciéndose eco de lo «confiado» por la Virgen casi 25 años atrás. Lo hace de soslayo y a través de un discurso radiofónico a los fieles portugueses con motivo de la Consagración de la Iglesia y del género humano al Inmaculado corazón de María, la víspera el Día de Todos los Santos, el 31 de Octubre de 1942. Esto provoca una decepción en el entorno de sor Lucía, que hacen saber que no servirá de nada sino se consagra a Rusia. Pío XII debía guardar la neutralidad enmedio del conflicto de la Segunda Guerra Mundial. Parece que fue fruto de un tipo de maldición, como veremos.

«Lo que Nuestra Señora quiere es la Consagración de Rusia a Su Inmaculado Corazón», promulgaba una y otra vez de manera machacona sor Lucía. En 1929, se le apareció «la Señora» en Tuy, ya como Virgen María y del Rosario, para advertirle que había llegado el momento de la consagración en unión con todos los obispos del mundo. En 1931, el mismísimo Jesúcristo apareciose también por allí para recordar «quid de mea (¿Qué hay de lo mío?)» y advertir de las consecuencias de no realizar dicha consagración de Rusia, recordando los sucedido al rey francés, entonces Luis XIV, en 1689. Al no querer Consagrar a Francia al Sagrado Corazón de Jesús, haciendo caso omiso a la futura Santa Margarita Alacoque, monja mística francesa, que tuvo como director espiritual al famoso jesuita Claude La Colombierè; y tras 100 años, comenzó la Revolución Francesa y el fin de la monarquía. Siempre, claro, según la monja, en esos tiempos bien asesorada por los padres jesuítas, también. En varias entrevistas aparecidas tras el conflicto mundial y las siguientes décadas volvía a reiterarse. «Nuestra Señora no pidió la consagración del mundo a Su Inmaculado Corazón. Lo que Ella pidió específicamente fue la consagración de Rusia.» «¡No el Mundo! ¡Rusia, Rusia!” .

El Padre Umberto Maria Pasquale, conocía a Sor Lucía desde 1939. Mantuvo correspondencia con ella hasta 1982, con 157 cartas (hay matrimonios que no llegan a hablar tanto en 40 años). El 5 de agosto de 1978, él le preguntó personalmente: “¿Ha hablado a usted Nuestra Señora sobre la consagración del mundo a Su Inmaculado Corazón?” Y la monja, algo molesta, replicó, “¡NO, Padre Umberto, NUNCA! La única forma de convertir Rusia es por medio de un Acto de Consagración de Rusia (y específicamente Rusia) al Corazón Inmaculado de María pronunciado por el Papa junto con todos los obispos el mismo día, a la misma hora. Sólo entonces el mundo tendría Paz. La alternativa de no obedecer la orden de la Reina de los Cielos sería: “varias naciones serán aniquiladas” y la esclavización de las naciones sobrevivientes. “Sin la Consagración, Rusia no podrá ser convertida, ni el mundo tendrá paz.” Estaba claro de por donde irían los tiros del tercer secreto de Fátima.

En esto que a mediados de los años 40 y tras las guerras civil, en España, y la mundial, emerge una figura en Roma con una pequeña institución religiosa de carácter muy conservador con buenas influencias dentro de la sociedad franquista, el anterior sibilino personaje mencionado, Jose María Escriba y Algás. Lo de Escrivá de Balaguer fue para catalanizar sus orígenes, pero Escriba es el apellido con que figuró en los registros oficiales. Poco después de la fecha oficial de la redacción del tercer secreto, a partir de febrero de 1945, se suceden una serie de encuentros entre sor Lucía y este personaje que inducen más a la sospecha que al simple encuentro entre «místicos». La monja ya empezaba a tener cierto peso dentro de las instituciones eclesiásticas y debía de estar un poco harta de las manipulaciones de los padres jesuítas. No es de extrañar la búsqueda de nuevos «aliados» que la tomaran más en consideración a ella como figura importante en el asunto de los secretos de Fátima; así como la deriva catastrofista en forma de cataclismo nuclear que se centraba sobre la supuesta profecía a partir de la década de los 50.

 

Obtuvo la aprobación del Opus Dei como Instituto Secular de derecho pontificio en 1950, pese a la multitud de reticencias que presentaba en las instancias vaticanas. Escrivá presentía las trabas y hostilidades que amenazaban con romper su institución por personas que llegaban a influir mucho sobre Pío XII y que querían la expulsión de su fundador. Josemari y su inseparable compañero, Álvaro del Portillo, consiguieron hacerse con una magnífica edificación histórica en Roma para utilizarla como sede de su organización religiosa: Villa Tevere (Tíber). El lugar estaba dividido en varias residencias donde las puertas de comunicación, con dos cerraduras y dos juegos de llaves, establecen una infranqueable frontera separadora entre las mujeres y los hombres. Viven, sí, bajo un mismo techo, pero… como si en el grosor de esas puertas hubiera cincuenta mil kilómetros de distancia. Como decía San Pepemari, «entre santa y santo, pared de cal y canto»

Quizá de ahí la razón de las costumbres promulgadas por el fundador del Opus Dei, de las mortificaciones con cilicios, ayunos y disciplinas. Mortificarse, según Escrivá, era muy bueno «para domar las pasiones castigando el cuerpo y refrenando la voluntad«. A este respecto, el arquitecto Ricardo Fernández Vallespín, uno de sus primeros seguidores, declaró sobre San Josemaría: «En su cuarto guardaba el Padre, en una caja, el cilicio y las disciplinas. Impresionaba ese instrumento de flagelación, de cuyos cabos pendían trozos de herradura y cuchillas de afeitar y puntas remachadas. Lo utilizó a menudo, y vigorosamente, hasta el punto de que las paredes del cuarto de baño estaban salpicadas de sangre.»  Lo más llamativo de la edificación es la distancia del centro del patio-jardín, justo debajo de donde estaban las estancias del fundador del Opus Dei, donde podía observar al suroeste el Vaticano, a 3.333 metros del centro de la cúpula de San Pedro

LLegamos a Octubre de 1958, donde el corazón de Pío XII se para el día 9, en la residencia de Castel Gandolfo. Según el médico, Galezzi-Lisi, el pontífice no quería que se le extrajeran sus órganos y líquidos para el embalsamamiento, y él mismo y un embalsamador de Nápoles, Oreste Nuzzi, iban a utilizar un método revolucionario de la época de Jesús. Ya se había comprometido con la revista París-Match para sacar unas fotos de los últimos momentos de Pacelli, para paliar algo sus deudas de juego. El método consistía en forrar el cuerpo, con ropajes y todo, en plásticos de celofán con hierbas y especias , para que absorbiera bien los perfumes aromáticos. Debido al calor que se produjo en esas fechas, y la eliminación de la circulación del aire, se aceleró la putrefacción de aquel Pío XII » en adobo». 

La situación empezaba a pintar muy mal. Se empezó a descomponer ante los ojos de los asistentes. Durante el traslado en procesión al Vaticano, el pecho del cadáver explotó por los gases acumulados, saltando la tapa del ataúd, a las puertas de Roma. Al llegar a San Pedro intentan arreglarlo de manera fallida, y el tabique nasal y varios dedos se le han desprendido; a parte del color gris de la cara y el olor nauseabundo que hacía desfallecer a los guardias que lo custodiaban. Los músculos faciales se habían retraído hasta tal punto que su expresión se asemejaba a la risa de una hiena. No hubo más remedio que ponerle una máscara de látex y cerrarlo con el ataúd de plomo lo más pronto posible. La ceremonia del entierro o bajada a las catacumbas se realizó el 13 de Octubre. No deja de ser curioso como su comienzo en los altos puestos de la institución comenzase un 13 de Mayo de 1917, como Arzobispo y se apagaran un 13 de Octubre, como aquel «Milagro del Sol». ¿Alguien quiso que se pudriera y corrompiera a la vista de todos el último Papa antes de la renovación de la Iglesia con el Concilio Vaticano II de sus sucesores?

Pero Pío XII creó una fuente de dinero negro que fue la semilla de la perdición en la Santa Sede. En 1942 constituyó el Instituto para las Obras de Religión (IOR), que pretendía «velar por la custodia y a administración de los capitales (en títulos o en efectivo) y de los inmuebles transferidos o confiados al Instituto, por personas físicas o jurídicas, destinados a obras de religión y piedad cristiana«. Esta última parte es la que permitió que fuera un lavadero de beneficios de todo tipo de procedencias. Los clientes se comprometían a ceder o destinar, una parte de sus ahorros para obras religiosas, para sustituir las comisiones que cobran los bancos ordinarios. Esto hacía que los «devotos clientes» cobraran intereses libres de impuestos y pudieran convertir sus capitales invertidos en este Instituto «milagroso» en cuaquier divisa y sin limitaciones a transferir a cualquier parte del mundo. Teniendo en cuenta la no existencia de aduanas ni fronteras entre Italia y el Vaticano, este «Banco Santo«, se convirtió en la herranmienta más cómoda para evadir capitales de la mafia italiana y todas sus redes hacia cualquier punto del extranjero. Por lo tanto, los beneficios que obtenía la Santa Sede estaban exentos de impuestos gracias a una concesión de Mussolini. Se afirma en algunas fuentes de que el Papa Pacelli, en el momento de morir, tenía un patrimonio de 80 millones de marcos en oro y valores, y sus tres sobrinos (Carlo, Marcantonio y Giulio) engrosaron otros 120 millones durante las casi dos décadas de mandato de su tío.

Su sucesor, el Papa Roncalli, quiso interrumpir estos oscuros negocios vaticanos (o eso pareció) limitando al Instituto a la administración ordinaria y dejando en manos del pontífice las cuantiosas donaciones de la comunidad católica. Su cáncer de estómago evitó tal suceso a mediados del año 1963. El siguiente pontífice, Pablo VI, parecía tener la intención de acabar con ese tipo de actividades, pero cabe la posibilidad que se le mostrara algún ventanal bien alto y se le sugiriera que la caída podía ser muy fuerte e inesperada. En concreto, el cardenal que presidía el Banco Vaticano, Alberto Di Jorio, cuentan que le dijo: «Usted sabe bien, Padre Santo, que sería imposible conservar el secreto de los nombres de los clientes si el IOR fuese inscrito entre las demás administraciones«. Esta idea tampoco fue aceptada por el Secretario del Papa, Pasquale Macchi. Así que vista la altura de la caída, el Banco Vaticano se mantuvo fuera de control. La centrifugadora de dinero corrupto continuó funcionando. ¿Cómo eran aquellos versículos del templo y los mercaderes? Ah, sí. Ya se olvidaron.

Sor Lucía y Pablo VI en el Santuario de Fátima.

Por el lado de la vertiente espiritual, las apariciones de Fátima se convirtieron en un activo que promocionaron para sacarle el mayor provecho posible. «El tercer secreto» fue primordial para mantener vivas varias opciones y conducir mejor los acontecimientos a desarrollar, según surgieran problemas al respecto. El mismísimo Pablo VI viajó a Fátima para celebrar el 50 aniversario de aquella primera aparición del 13 de mayo, junto a sor Lucía, que días antes, en Coimbra, había recibido la visita de un Escrivá de Balaguer que estuvo en el Santuario de Fátima unos días y, de manera extraña, se fue el día antes de la celebración, el 12 de Mayo. Para un pelota superlativo y redomado con los pontífices, como monseñor Escrivá, esta circunstancia se hace muy extraña y no se entiende esa actitud. ¿Tal vez sugirió algunas indicaciones a sor Lucía para que se las hiciera llegar al Papa Montini sobre su Opus Dei y desapareció de escena? El caso es que preparó el terreno para una futura prelatura de su organización, que cada vez conseguía más poder en Roma, como detractores en la curia vaticana. El futuro San Josemaría era un león feroz, pero tranquilo, esperando paciente para morder a la presa.

La logia «Propaganda Due» (P2), considerada paramasónica, se origina en el Gran Oriente de la masonería italiana. Lo normal en una logia es ascender por méritos en la estructura de la organización. Hay un tipo especial de logias «propaganda», en estas los miembros integran en ella por nombrar un secreto a la «orecchio del Maestro (a oído del Maestro), donde le transmiten una confesión importante en el que pueda estar comprometido o comprometer a más gente notable. Desde esta organización se tejió una red de políticos, militares, jueces, empresarios, artistas y, como no, la flor y nata de la mafia. Este selecto club fue indispensable para que actuaran impunemente desde los lavaderos de dinero negro procedentes del tráfico de droga y de armas, donde el Vaticano hacia de puente sostenible hasta la cobertura necesaria de la Operación Gladio, donde OTAN y CIA, practicaron su «estrategia de tensión» a través de terrorismo de falsa bandera para impedir cualquier influencia del bloque soviético sobre los partidos de izquierda en Europa. Una muestra es el secuestro y ejecución del líder del Partido Democristiano, Aldo Moro. El Maestro de esta Propaganda Due que la lleva a su máximo esplendor fue Licio Gelli, también conocido como ·el hombre de las mil caras».

Un destacado trilero de la banca italiana, Michele Sindona, es introducido en esta organización. Sus estrechos contactos con altas personalidades del Vaticano le hicieron un miembro destacado dentro de la P2. El anticomunismo era el recurso base o excusa perfecta para cometer todo tipo de tropelías en los negocios y pasar a ser la organización secreta política más poderosa y violenta de Italia. Fue el principal asesor del Presidente del IOR, el Obispo Paul Marcinkus, que también pasó a las filas de la P2. Este mafioso y masón se convirtió en el banquero del Papa. Otro financiero de dudosa moral es introducido en esta logia con su Banco Ambrosiano, del que el Banco Vaticano poseía gran parte de las acciones, Roberto Calvi

Este pasa a suceder a Sindona en 1974, por problemas con la justicia. Pero la avaricia rompe el saco, y este banco está a punto de la quiebra a finales de los setenta. Es intervenido por el Banco Central de Italia y el escándalo puede ser mayúsculo para el Vaticano y su «extravagante cartera de clientes». A mediados de 1979, secuestran a Sindona y lo llevan a Palermo, es trasladado con los ojos vendados ante un personaje que le es presentado como «Il Padrone». Este le advierte en el lío que les han metido y que el tráfico de drogas está en peligro en Europa y Estados Unidos. Le amenazan de que la figura de Licio Gelli no es más que la de un peón al que permiten existir, como a él. Debe entregar los nombres de los políticos que le han ayudado y sacrificar a aquellos que no paguen por su protección.

Con el Banco Ambrosiano a punto de quebrar, en 1981, Roberto Calvi, recurre al Opus Dei para tapar el enorme agujero de las sociedades fantasma y salvar a la santa Sede de las pérdidas millonarias y de imagen. A cambio, la organización religiosa obtendría varios privilegios en el Vaticano, como así fue. Ya sin su fundador, fallecido en 1975. En marzo del 81 los jueces ordenan un registro en casa de Gelli y obtienen una lista de casi 1000 personalidades relevantes de todos los sectores del sistema del país ligadas a esta logia, y donde se mencionan numerosos escándalos durante toda la década anterior. La lista no se hará pública hasta una semana después del atentado de Juan Pablo II, el día 13, del que nos ocuparemos ampliamente. El gobierno cae y la República de Italia entra en una crisis política sin precedentes. Un año más tarde, el 17 de Junio, Calvi, fue suicidado en el puente de Blackfriers, a las afueras de la City de Londres, con unos trozos de ladrillo y 15.000 dólares de varias divisas en los bolsillos, y su cuerpo fue cubierto por la marea, tal como establece el juramento masónico como pena para los traidores dejando claro que fue un asesinato ritual. El nombre del puente significa «Frailes negros«, como se hacían llamar los miembros de la Propaganda Due, «Frati neri». Michele Sindona fue envenenado al poco de ingresar en prisión condenado a cadena perpetua con un café al punto de cianuro.

Ahora que hemos puesto en contexto las relaciones del Vaticano con la masonería y con todo tipo de organizaciones de dudosa transparencia, sigamos con el desenlace del «tercer secreto» y la influyente vidente pastorcilla portuguesa. La siguiente víctima de la lucha en el poder vaticano fue el Papa Luciani, Juan Pablo I, que tomó los nombres de los anteriores pontífices a él, cabezas de la Iglesia que supuestamente quisieron echar a los mercaderes del templo. Decimos supuesto, porque tiempo tuvieron y no hicieron. La «Reforma» del Vaticano II, no fue más que un lavado de cara a la galería. Cortinas de humo blanco que se sucedían, mientras el humo negro de la corrupción lo impregnaba todo en el Estado Pontificio. Y a este Santo Padre parece que se lo escogió para mostrar el camino de futuros papas justicieros. Muerte en la cama sin opción a conocer la causa de su asesinato. Un dato que dejaron escapar los testigos que encontraron el cuerpo, el Santo padre, tenía entre sus manos un ejemplar del libro «Imitación de Cristo«.

El Cardenal Albino Luciani, en ese momento Patriarca de Venecia, tuvo un breve encuentro con sor Lucía en el convento de clausura de Coimbra donde residía, en 1977, un año antes de ser nombrado Papa. Cuenta la leyenda (o su hermano Edoardo Luciani, más bien) que la monja le profetizó que sería nombrado sumo pontífice y que su reinado sería muy breve. Esto quedaría en anécdota con pocas posibilidades de ser probada (el encuentro sí fue real), pero como todos los personajes que entran en este hilo conductor de la «Operación Fátima«, se verá «tocado» por los designios de la providencia que acompañan a esta. La visita se produjo el 11 de Julio del 77 y hasta la fecha de su muerte, las 11 de la noche del 28 de Septiembre del año siguiente, transcurrieron 444 días. El 444, en la Biblia, es utilizado para medir el tiempo del ministerio terrenal de Jesús; desde el primer discurso público, el día de la Expiación, hasta el día de su muerte, antes de la Pascua, resultando 44 meses y 4 días. Se pueden encontrar ciclos de 444 días en el Antiguo Testamento, siendo el tiempo que necesita Dios para acabar con la corrupción o con un periodo determinado de la vida de alguien. En su reciente beatificación, la de Juan Pablo I, el día de Septiembre y 44 años después de su muerte, como el funeral , también estuvo pasado por agua. 444…como algo ya visto. 

44 días fueron los que se sucedieron entre dos intentos de magnicidio por dos «lobos solitarios». El producido hacia Ronald Reagan, recien elegido presidente de los Estados Unidos de América, el 30 de Marzo de 1981, con resultado de 4 heridos por bala y el producido sobre el Papa Wojtyla, el 13 de Mayo de ese mismo año donde fue alcanzado (oficialmente) por 4 balas44 días, 4 balas, 4 heridos… lobos solitarios…aullidos en la niebla…¿designios de la providencia? Los mismos designios que limitaron a Juan Pablo I a un brevísimo papado de 33 días, como el más alto grado de maestro masón, 33, dato archiconocido. Pero no sería suficiente para encontrar vínculos entre la «Operación Fátima» y estos atentados a dos de las cabezas más visibles en la lucha contra el comunismo soviético y su influencia en el mundo.

Al igual que sucedió antes de la primera aparición de Fátima, allá por Mayo de 1917, con los «anuncios espíritas» en los diarios portugueses que profetizando un extraordinario suceso para el día 13; el acontecimiento que iba a preceder en prensa, 11 días antes, iba a interconectarlo con el hilo de la red y atar otro nudo. Se trataba del secuestro del vuelo Aer lingus-164 por Laurence Downey, un antiguo monje de la Orden de la Trapa de 55 años, oriundo de Australia y que ejerció en Roma décadas antes, así como de guía turístico en el Santuario de Fátima. Tomó como rehenes a los 103 pasajeros y 10 tripulantes, un total de ciento 13 personas de un vuelo comercial entre Dublín y Londres. Sus reivindicaciones eran que se pusieran en contacto con el Vaticano para que Juan Pablo II revelara el contenido del «tercer secreto» de Fátima y siguieran unas instrucciones que él mismo había redactado para salvar al mundo. Se roció su cuerpo con gasolina y amenazó con prenderse fuego. Por suerte, el secuestro acabó sin incidentes, tras ser reducido por fuerzas especiales francesas en el aeropuerto de Le Touquet, tras liberar a 11 pasajeros. Llama la atención el juego de cifras entre el número 13, la cantidad de pasajeros y el total de personas del avión, con el simbolismo del mensaje del peculiar «pirata aéreo» y sus reivindicaciones con la revelación de ese famoso secreto. El principio de una gran cortina de humo.

«A las 17:17 del 13 de mayo de 1981, Juan Pablo II acaba de devolver una niña a sus padres, después de haberla abrazado y bendecido durante la audiencia del miércoles, cuando algunos disparos resonaron en la columnata de Bernini y el papa cayó herido.»

En concreto fueron 4 los disparos. 2 disparos se alojaron en el estómago, una en el codo derecho y otra en un dedo de la mano izquierda. Incomprensible que un asesino profesional a pocos metros de distancia, errara tantas veces y no vaciara el cargador de la pistola Browning de 9 mm en el objetivo, el torso de Wojtyla. Y atentiendo a los testigos, ni monjitas, ni cardenales, ni guardas suizos le impidieron disparar. El punto de disparo dista 77 metros del centro del obelisco. Está muy bien marcado en el suelo de la Plaza de San Pedro Un guiño, tal vez, a la reiteración del 7 en el Apocalipsis para enumerar conceptos. Las 7 Iglesias de Asia, los cuernos del cordero, las 7 trompetas o los sellos que han de abrirse.  

¿Y quién era el asesino fustrado que no pudo escapar con la confusión? Era un joven de 23 años, fugado hacia dos, de una cárcel turca donde cumplía pena por asesinar un periodista su país. Su nombre, Ali Agca, un miembro de la organización mafioso-terrorista de extrema derecha de Turquía, los «Lobos Grises». Lo ayudaron en su fuga de prisión con una misión de la que dejó su sello en una carta de advertencia a su futura víctima en el diario Milliyet, con motivo de la visita oficial del Papa a Estambul tres días después: “Los imperialistas occidentales, temiendo que Turquía y sus naciones islámicas hermanas puedan convertirse en una potencia política, militar y económica en el Próximo Oriente, envían a Turquía, en tan delicado momento, al Jefe de las Cruzadas, Juan Pablo, disfrazado de dirigente religioso. Si esta visita… no es cancelada, sin duda, mataré al papa-jefe. Este es el único motivo de mi huida de la cárcel. Además, la responsabilidad en el ataque a La Meca, atribuible a norteamericanos e israelíes, no quedará sin castigo” . Ese viaje transcurrió con normalidad y Agca, comenzó una larga «peregrinación» por Europa que finalizaría en Roma el día de autos. Por supuesto, con todo tipo de apoyo logístico. 

El nombre de «Alí» puede que no fuera casual en este hilo de «alta conducción energética» de constructo histórico. Ali ibn Abi Tálib, Alí, para los amigos, fue el primer varón en convertirse al islam, primo y yerno del profeta Mahoma. Y claro, esposo de la hija favorita del fundador, Fátima, la que recibió el título de al-Zahra, «la brillante» . Y Fátima vimos que significaba «señora»… ¿brillante señora vestida de blanco no fue cómo llamaron los niños en Cova de Iria a la aparición?. Alí fue la única persona que nació dentro del «sancta santorum» del islam, la Kaaba, donde permaneció 3 días con su madre, Fátimah bint Ásad. Alí, significa «el exaltado« …vaya.

Tras un rápido juicio donde fue acusado a cadena perpetua y dejaron todos los cabos sueltos habidos y por haber. Según el juez instructor, Rosario Priore, hubo «muchos interrogantes de esta investigación se hubieran resuelto si hubiera habido colaboración por parte de la Ciudad del Vaticano. Pero nos hemos encontrado delante de una actitud que aparece como intento, y no se comprende con qué fines, de cerrar toda la investigación y de poner una losa sobre la búsqueda de la verdad«. Se sentenció que lo más probable sería que fuese una conspiración internacional, que si soviéticos con sus países satélites… , que si la pista búlgara a través de los «lobos grises» subcontratados por el Kremlin… pero vayan ustedes a saber si quieren. «Con la Iglesia hemos topado, Sancho«, que diría aquel hidalgo manchego. Juan Pablo II tampoco estaba interesado en saber quiénes estaban detrás. «No me interesan; porque ha sido el Maligno quien cometió aquel acto. Y el Maligno puede conspirar de mil modos, ninguno de los cuales me interesa.» Añadimos, de mil modos o con mil caras, cual titiritero siniestro que maneja las cuerdas de muñecos parlantes, como los apodos que tuvo el venerable maestro de la Propaganda Due.

Dos años después, Wojtyla visitó en la cárcel a Ali Agca para otorgarle el perdón espiritual y mantener una conversación en privado, la víspera de «los Santos Inocentes«, el 27 de diciembre de 1983. Pero las conexiones del día del atentado a Juan Pablo II fueron muy estudiadas. Digamos que los astros fueron propicios, literalmente. La presión ejercida por la situación financiera era insostenible. Además, la lista de los miembros a esa logia de poder que participó en los más sucios asesinatos y casos de corrupción, relacionándolos con miembros del Vaticano, iba a ser on golpe muy duro para la Santa Sede y el jefe de la Iglesia. Ya dejó caer el maestro venerable de la logia P2, Licio Gelli, entre Marzo y abril del 81, al jefe de la prensa del partido socialista italiano y miembro de esta logia, Vanni Nisticò, mostrándole unas fotografías de Juan Pablo II, como Dios lo trajo al mundo, al borde de la piscina en la residencia de Castel Gandolfo: «El problema son los servicios secretos. Si se pueden hacer estas fotos al Papa, figúrate con que facilidad se le podría disparar«. 

Según detalló el doctor Francesco Crucitti, jefe del equipo médico del Policlínico Gemelli de Roma, el hospital donde operaron al Papa tras los disparos: «el proyectil, entró a la altura del ombligo de Su Santidad, recorrió en zigzag el abdomen del pontífice, perforó el colon y el intestino delgado en cinco lugares«. La bala debió perforar su aorta central, por la trayectoria que llevaba, de haberlo hecho, el Papa, hubiese muerto segundos después; pero el plomo zigzagueante se desvió y atravesó la columna vertebral sin dañar, por milímetros, ninguno de los principales centros nerviosos; lo que hubiese supuesto algún tipo de parálisis del Santo Padre. De manera simbólica, ese fuego entrando por la conexión del hombre con la vida fuera del útero maternal, sus desvaríos por las entrañas como destruyendo el pasado y su salida rozando la médula espinal, nos muestra una injerencia no natural que apaga un fatal desenlace. Hasta su muerte, en 1998, el doctor Crucitti, hombre de ciencia (pero poco), siempre manifestó estar asombrado de la extraña trayectoria de aquel proyectil. El relato de la bala iba a ser perfecto para cuadrar la divina intervención de «una mano salvadora» que desviara los disparos. Un relato raro y espectral el de ese disparo. Si ese proyectil fuera una nota o un acorde musical, sería una nota discordante y desafinaría en esta ópera, pero no es un acorde, es una bala explosiva cuyo fin es destruir lo que toca y que fue engarzada en la corona de la Virgen de Fátima. Raro y espectral, como los autores de la Operación Fátima.

En los días siguientes al intento de magnicidio, en los corrillos de los palacios vaticanos se comentaba que sólo había tenido un fin intimidatorio, relacionado con la intención de Wojtyla de conceder la ansiada Prelatura personal al Opus Dei. Aquel 1 de Mayo, Radio Vaticana, informó que daría comienzo la causa de beatificación de su fundador, el inefable Escrivá, fallecido 6 años atrás. El pago de la deuda contraída para tapar el enorme agujero del Banco Ambrosiano suponía el inicio del gran asalto del Opus Dei a los puestos jurídicos, políticos y económicos de las sedes pontificias. El 28 de Noviembre de 1982, previo pago de 250 millones de dólares para ocultar las vergüenzas fiscales, Juan Pablo II, concedió la Prelatura personal de ámbito universal. Escrivá de Balaguer siempre profetizó que había tenido una visión sobre su propia muerte que situaba en 1982. Al morir en el 75, sus fieles discípulos no aceptaron ese fallo de su padre fundador, y promovieron la idea de que entregó su alma a Dios como sacrificio para paliar el momento delicado por el que atravesaba la Iglesia católica. Pero apuntemos la fecha del deceso del futuro santo a golpe de talón: 26 de junio de 1975, veremos porqué.

Fuentes deslenguadas del Vaticano señalaron que junto al alta médica en la Clínica Gemelli, el Santo Padre, recibió el sobre lacrado del Tercer Secreto de Fátima de la mano del sustituto del Secretario de Estado del Vaticano, el español Eduardo Martínez Somalo, en la órbita del Opus Dei, en Julio de 1981. Lo primero que hay que hacer para que un relato salga bien es convencer al protagonista principal de que es el centro de toda la acción, tanto terrenal como celestial, y en este caso era el elegido para ello. La hora fue perfecta: las 17 y 17, una reiteración del año de las apariciones de la Santa Señora de Fátima, 1917; el nombre del verdugo, Alí, como esposo de Fátima, la cuál evita el sacrificio del Papa. Los nombres de los lugares, fecha, ¿y el cielo, cómo estaba situado el cielo en el momento del sacrificio fustrado? 

Aquel día y aquella hora el cielo romano presentaba una conjución de Júpiter y Saturno, que se da cada 18-20 años durante unos meses, en este día en la constelación de Virgo, la de la Virgen, asomando al Este junto a la Luna. Al otro lado, al Oeste, el Sol custodiaba a Venus, aquella Stella Matutina, iluminada al 99 por ciento por el astro Rey, en su fase plena. Ambos en Tauro. Ese Venus lleno será el punto coincidente a comparar en breve.

Un año después del ataque, la víspera del 13 de Mayo, Juan Pablo II, comenzó la visita a Portugal y el Santuario de Fátima para dar las gracias a la divinidad . Durante la visita, fue atacado con una bayoneta por un trastornado sacerdote español, Juan Fernández Krohn, seguidor del arzobispo ultraconservador católico Lefebvre, opositor al Concilio Vaticano II. No llegó a herirle. Los motivos para querer sacrificar a Wojtyla argumentados por este extraño personaje, que en el 2000, intentó atacar también, al rey Alberto II de Bélgica, fueron que era un agente soviético queriendo corromper el Vaticano. Al año siguiente, el obispo de Leiria-Fátima visitó el Vaticano y el Santo Padre le entregó la «bala mágica», que fue «santamente» desviada para que la colocara en la corona de la Virgen de Fátima en su santuario. Y allí sigue. La bayoneta como arma nos lleva a pensar en la ira del soldado que ataca con órdenes ciegas y suicidas. No creemos en lobos solitarios. ¿Recuerdan ese ataque? Por qué será.

Aquel 13 de Mayo del 82, después del susto, un Juan Pablo II, «con la muerte en los talones», tuvo un encuentro con la vidente Lucía, allí en Fátima. Sor Lucía, le dio en mano una carta donde pedía renovar aquel pedido de la Virgen del Rosario, que en diversas apariciones a esta, le había reclamado, ya que las proclamas anteriores de Pío XII, en 1942, y 25 años después de las apariciones; y de Pablo VI, en el 50 aniversario de estas en el mismo Fátima, en 1967, no eran consideradas válidas por la Santa Señora. 

«La tercera  parte del secreto se refiere a las palabras de Nuestra Señora: «De lo contrario [Rusia] esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas.» Esta versión actualizada de la segunda parte del secreto le sirve a la monja portuguesa para ponerle en contexto al Papa, donde prosigue: «La tercera parte del secreto, que tanto queréis saber, es una revelación simbólica, que se refiere a esta parte del mensaje, ligada a la aceptación o no de lo que el mismo mensaje nos pide […] Por tanto, como no hemos atendido a este llamamiento, debemos señalar que se ha cumplido: Rusia ha invadido el mundo con sus errores. Y si todavía no logramos ver el cumplimiento de la parte final de esta profecía, percibimos que nos dirigimos hacia allí a grandes pasos«.

Un momento, ¿no se supone que Wojtyla ya había leído el tercer secreto un año antes? Seguro sabedora de este detalle, sor Lucía (nos referimos a su equipo asesor, por supuesto), lanza un ultimatum al Vaticano velado en forma de «misiva de origen celestial«. En esos momentos se estaba negociando el pago de la deuda del IOR, o Banco Vaticano, como responsable accionista de los desmanes de sus banqueros amigos y propios y, como no, la ansiada Prelatura para el Opus Dei, que tantos beneficios les reportaría. Las visitas de aquel incansable Josemari a su amiga Lucía y su entorno dieron su fruto. El día de la Anunciación de la Virgen (25 de Marzo) de 1984, el Santo Padre, había hecho traer la imagen de la Virgen de la Capilla de las Apariciones de Fátima hasta la misma plaza de San Pedro, para consagrar el mundo al Inmaculado Corazón de María. 66 años y medio después de las visiones. ¿Pero no debía consagrarse a Rusia específicamente? El día antes de la caída del muro de Berlín, el 9 de Noviembre de 1989 (9-11), Sor Lucía, dio por buena la consagración con un «ha sido hecha tal como Nuestra Señora había pedido«. El bloque soviético cayó en los años posteriores. 

¿Ya se podía conocer el ansiado tercer secreto? No, aún no. En el 75 aniversario de las apariciones, Juan Pablo II beatificó a Escrivá de Balaguer, el 17 de Mayo de 1992, primer Domingo tras el día 13 y con ese «17» que conecta de manera simbólica con el año de las visiones.  

Faltaba el broche final. Uno que llevara a Wojtyla a los altares del cielo de forma rápida. Se dio a conocer el tercer secreto, o a explicar de manera un tanto subjetiva, durante la beatificación de los pastorcillos Francisco y Jacinta, en el Santuario de Fátima por el Papa, el 13 de Mayo del año 2000. También asistió invitado el Prelado del Opus Dei, Javier Echevarría. El Cardenal Ángelo Sodano, Secretario de Estado del Vaticano, dio a entender que la visión narrada por Lucía, predecía el atentado contra Juan Pablo II aquel día del 81. La visión de un ataque a un obispo vestido de blanco que yacía muerto, se entendió como una intervención de la Santa Señora para salvar la vida al pontífice y que salvara al mundo… o al menos eso se entendió. 

Y por supuesto el tiempo y el cielo acompañaron en tan magna ritualización. Los magos intercesores ayudaron a cuadrar la fecha del acto litúrgico. Se cumplían 19 años exactos desde el atentado-intervención de 1981, un ciclo metónico lunar, donde las mismas fechas corresponden a las mismas fases de la Luna. Eso en tiempo, ¿pero que decían los cielos aquel día?. Nos decían que había una cuádruple conjunción del Sol, Júpiter, Saturno y Venus, de nuevo al 99 por ciento de visibilidad, todos en la constelación de Aries. La Luna, como no en las estrellas agrupadas de la Virgen. ¡Vaya tino el de estos magos!

Pero el texto completo y el manuscrito de sor Lucía, de aquella carta lacrada de 1944 se presentó un mes después, el 26 de Junio (¿13+13?) en el Vaticano. 

Después de las dos partes que he expuesto, vimos al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más alto un Angel con una espada de fuego en la mano izquierda; al centellear, despedía llamas que parecía que iban a incendiar el mundo; mas se apagaban al contacto del brillo que la mano derecha de Nuestra Señora expedía a su encuentro. El Ángel apuntando con la mano derecha hacia la tierra, dijo con voz fuerte: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia! Y vimos en una inmensa luz que era Dios, “de forma similar a como se ven las personas en un espejo cuando pasan por delante”, a un obispo vestido de blanco “tuvimos el presentimiento de que era el Santo Padre”. Varios otros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subían una escabrosa montaña, en la cima de la cual había una gran cruz de troncos toscos, como si fuera de la corteza del alcornoque; el Santo Padre, antes de llegar allí, atravesó una gran ciudad medio en ruinas, y medio temblando, con el andar vacilante, abrumado por el dolor y la pena, iba orando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; una vez llegó a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros y flechas, y así mismo fueron muriendo uno tras otro los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y varias personas seglares, caballeros y señoras de varias clases y posiciones. Sobre los brazos de la cruz estaban dos ángeles cada uno con una regadera de cristal en la mano, con las cuales recogían la sangre de los mártires y con ella regaban las almas que se aproximaban a Dios”. 

Tuy, 3-1-1944

Se produjo una sensación de desencanto por la revelación. La gente esperaba otro tipo de profecías. Al Cardenal Ratzinger, futuro pontífice, le tocó la ingrata tarea de explicar lo que la Iglesia no puede explicar. Dijo que «el texto era simbólico, que permitía un margen de explicación, que no era una interpretación histórica absoluta.» y que quién leyera el texto “quedará presumiblemente desilusionado o sorprendido, después de todas las especulaciones que se han hecho. No se revela ningún gran misterio; el velo del futuro no se ha rasgado. Vemos la Iglesia de los mártires de este siglo que está al terminar«. A la pregunta que realizaron a sor Lucía, poco después, de si el personaje principal de la visión era el Papa Juan Pablo II, contestó de inmediato que sí. Pacto cerrado.

Pero aún encerraba esa fecha otro mensaje para hilar mejor los nudos de la autoría de uno de esos magos tejedores de conspiraciones. El 26 de Junio del año 2000 se cumplía el 25 aniversario de la muerte del futuro San Josemaría Escrivá, aquel escriba que enderezaba renglones torcidos de Dios al precio que fuera, y que canonizaron (a golpe de talonario) dos años después el domingo anterior al 13 de Octubre de 2002. Sor Lucía y Juan Pablo II fallecieron en 2005. Un 13 (como no) de Febrero, la monja y el 2 de Abril. el Pontífice.  En 2017, en el centenario de las apariciones, fueron canonizados Jacinta y Francisco, por un nuevo Papa, de nombre Francisco, también. Aquel Cardenal que comentó el texto del tercer secreto, el día de su presentación, Ratzinger, renunció de su papado como Benedicto XVI y aún vive. La Operación Fátima comenzó con su anterior en el número, Benedicto XV.

Ese pacto entre el Opus Dei y la Santa Sede parece que ha concluido, cuando este verano de 2022, el Papa Francisco ha retirado varios derechos a esta Prelatura. El Prelado principal ya no será elegido Obispo y la Obra tendrá que rendir cuentas a las administraciones vaticanas. Tras una carta-ley titulada «Ad charisma tuendum» (para proteger el carisma), el Santo Padre, rompe la independencia de las prácticas y competencias en todas las sedes donde ejercen con un silencio, hasta ahora, absoluto. En principio sería una evolución de transparencia lógica, dentro de la Iglesia, pero analizando los hechos, sacrificios y corruptelas varias por las que llegaron a esos privilegios, no nos queda otra que sospechar que esa beatificación de Juan Pablo I, sea el inicio de nuevos pactos que puede que lleven a nuevas ofrendas. Es como si 44 años después del sacrificio de aquel Papa, se haya mostrado la señal a aquellos que salieron beneficiados por su eliminación (Qui bono). 

De nuevo, Rusia ha entrado en escena con sus actuaciones bélicas, claramente provocadas y, quién sabe si pactadas, por los ailados de la OTAN. La continua amenaza atómica, como en aquellos primeros años de la década de los 80 del siglo pasado. Estaremos atentos a los sucesivos datos que nos serán mostrados en esta simulación de batallas, con muertos que no se muestran, pero que están, con heridos bien maquillados, a saber en qué condiciones, aquellos que no son vistos. 


No nos aventuraremos a dilucidar fechas concretas de tal o cual suceso, pero ese eclipse parcial sobre toda Europa, y con especial visibilidad, desde Rusia y Ucrania, augura un aprovechamiento del evento para crear un velo bastante grande como para tapar otras funciones que no son vistas para el común de los espectadores, como nos advierte el investigador Ramón Valero (alias Un Técnico Preocupado). Una coincidencia en la fecha con el comienzo de la Revolución de Octubre Rusa, entonces regidos por el calendario Juliano de la época zarista, situarían el mediodía del 25 de Octubre como un momento propicio para «lucirse» en el teatro de la guerra de Ucrania.


Aunque destaca en el juego «hierogámico» del Sol y la Luna de ese día el planeta Venus, como espectador de lujo, iluminado al 100 por cien y realizando una triple conjunción en la constelación de Virgo, la de la Virgen que hemos estado analizando. La Stella Matutina en su constelación favorita para este tipo de celebraciones expuestas por los magos negros. El actual pontífice debería cuidarse de los «idus de marzo«, como le aconsejaron a Julio César, o de los idus, en general. ¿En qué fecha fue elegido el Papa Bergoglio? ¡Ah, sí! El 13 de Marzo del 13. Vaya…

Llegamos al fin de la primera parte, no sin confesar la elaboración de la segunda parte, previamente a la primera, pues había elementos que debían ser tratados y analizados para disponer de un patrón con el que poder dilucidar los contenidos velados que hemos expuesto, y que veremos en la segunda parte. De unos manuscritos perdidos, otros creados, algunos manipulados, muchos deseados y todos, todos venerados, de una u otra forma, nos iremos a las creaciones de vidas y atribuciones de unos personajes históricos, conocidos unos, escondidos los otros.

 

2 Comentarios

    1. el puntal de dios

      Conozco desde hace mucho ese rumor y, para mí, carece de sentido y de rigor. No hacía falta cambiar a la protagonista porque ella, tras los análisis de mucha documentación, no manejaba nada del «secreto». Como mucho podría haber influenciado con los años en las personas o instituciones que se benefiaran con ese constructo, como fue el caso del Opus Dei de Escrivá, pero sin ningún peso sobre el mensaje. Saludos y gracias por leerlo.

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