EL SACRIFICIO DE LA HUMANIDAD 2.0 (parte 3)


Hay dos artículos previos

EL SACRIFICIO DE LA HUMANIDAD 2.0 (PARTE I)

EL SACRIFICIO DE LA HUMANIDAD 2.0 (PARTE 2)

por el puntal de Dios

EL SACRIFICIO DE LA HUMANIDAD 2.0 (parte3)

¿DÓNDE QUEDARON AQUELLAS VOCES Y ESOS FUEGOS?
 

 

Si (como afirma el griego en el Cratillo)
el nombre es arquetipo de la cosa
en las letras de “rosa” está la rosa
y todo el Nilo en la palabra “Nilo”.
                                                            “El Golem”: Jorge Luis Borges (1958)
 
 
 
Eco, escritor encriptado, ascendiendo por la escalera del conocimiento.
Una última vuelta de tuerca al FUEGO-CONOCIMIENTO la intentaremos desarrollar, con más o menos fortuna, a través del mundo de la herencia cultural (o mundo tercero de Karl Popper). Utilizar una ficción que atesora innumerables síntesis de literatura, arte y pensamiento científico para arrojar un poco de luz sobre las tinieblas y divagar, a través de una historia creada sobre metáforas y códigos de la filosofía tardo-medieval, “El Nombre de la Rosa“, del escritor italiano Umberto Eco, y experto en semiótica (derivada de la filosofía que trata los sistemas de comunicación dentro de las sociedades humanas). Una novela que comienza con el primer versículo del evangelio de Juan: “En el principio era el Verbo y el Verbo era en Dios, y el Verbo era Dios” (supuestamente el mismo autor que tuvo aquella visión en la isla de Patmos). Una referencia al paso del mito al logos (en este texto otorgándole una dimensión “personal”), un paso de épocas oscuras anteriores a tiempos iluminados más cercanos a la razón. Ya hemos visto, que todo lo anterior es peor, más cruel y más severo. Lo nuevo y lo que está por venir siempre es mejor visto. 
 
En una nota aclaratoria inicial, que subtitula “Naturalmente, un manuscrito“, Eco, nos relata que esta novela está basada en un libro de un tal Abate Vallet, de la Francia del siglo XIX, que a su vez era el manuscrito fiel traducido por otro abad francés, Jean Mabillon, este del siglo XVII y que aseguraba ser “copia fiel” de un manuscrito de un monje alemán que escribió en latín su obra en las postrimerías del siglo XIV. Un tal Adso de Melk (leche en neerlandés y símbolo de pureza). 
 
Jean o “Dom” Mabillon, reformas de papiros a montón.
Pero no es la veracidad del manuscrito lo que nos ocupa (que no lo es, dicho sea de paso), sino la similitud con el planteamiento del origen de su obra con otra surgida hace casi tres siglos atrás, y que ya tratamos en la anterior investigación. “La Historia y Vida de Sethos“, del abad Jean de Terrason, data de 1731, y que inspiró la liturgia de casi todas las logias de la francmasonería a partir del siglo XVIII. Allí también se aludía falsamente a un antiquísimo manuscrito como licencia para “sobrevalorar” dicha obra. No creo que sean casuales las referencias de los abades Vallet y Jean Mabillon que pueden dirigirse a Jean de Terrason, y su obra inspiradora de los cultos de la masonería. La existencia de Vallet se llega a poner en duda. Mabillon, en cambio, fue el fundador de la paleografía y la diplomática, ciencias ambas relacionadas con los estudios de los documentos antiguos y su restauración. muy acorde con el trabajo realizado por los monjes que figuran en esta trama.
Umberto Eco trata de ponerse una máscara, para narrar con libertad (que no le hace falta, por cierto) un texto escrito por la copia de la copia de una traducción de otra persona. Lo que se llamaba y se utilizaba en las novelas de caballerías como el procedimiento del manuscrito encontrado, bien para evitar críticas posteriores a su narración; como hiciera Cervantes en su glorioso “Don Quijote”, el “digo que dicen que dejó el autor escrito“; o bien para ocultar de manera sutil algunos conceptos de carácter más profundos adquiridos por este, a través de sociedades intelectuales de costumbres iniciáticas. Velar, por tanto, señales de ideas “esotéricas” y exponerlas mediante mensajes encriptados en narraciones que mezclan datos biográficos reales, casi contemporáneos del autor, con situaciones y personajes ficticios que parapetan a este profesor italiano para no reconocer ideas algo irracionales.  Veamos algunas de ellas al levantar la bruma.
 
 
El bibliotecario ciego Borges-Burgos.
Como decía “el guardián de la biblioteca” Jorge de Burgos (in honore et Jorge Luis Borges) sobre su oposición a la divulgación del conocimiento: “Parte esencial del trabajo de nuestra orden es el estudio y la custodia del saber. La custodia, no la búsqueda, porque el propio saber, cosa divina, es el que está completo y fijado desde el principio por el verbo que se expresa a sí mismo. La custodia, digo, no la búsqueda, porque lo propio del saber, cosa humana, es el haber sido fijado y completado en los siglos que se sucedieron entre la predicación de los profetas y la interpretación de los padres de la Iglesia“. Es muy interesante la comparativa simbólica del bibliotecario, de Burgos, anciano cuya ceguera parece haber sido ocasionada por las débiles luces frente a centenares de manuscritos. El conocimiento es el causante de haber apagado la “llama” de sus ojos. No obstante, es el encargado de atajar toda fuga de “aquellos saberes que no son destinados para todos los oídos“. Aunque narrado a modo de ficción, por tanto hipotético, la expresión “completado en los siglos que se sucedieron” nos lleva a pensar en los añadidos (e invenciones, porqué no) de muchos, pocos, infinidad, o tan sólo algunos, de los pasajes de aquellos que se les supone “revelaban por inspiración divina“, y trasladaban a las sagradas escrituras de las religiones que han llegado hasta nuestros días. 
 
Pero sin duda, el símbolo central del libro es la enorme biblioteca que atesora ese monasterio, perdido entre montañas fronterizas. Zona tan sólo accesible al bibliotecario y su ayudante; cuyo celo lleva a impedir el acceso a toda persona ajena a ella. La estancia donde se custodian una enorme cantidad de valiosos libros y pergaminos, con acceso restringido. Antagonistas en esta historia, y de manera exponencial a distintos pasajes de varias épocas y territorios variados, los bibliotecarios. Archiveros del saber que ordenan y clasifican miles de textos para una eficaz búsqueda de todo aquel “degustador de conocimientos”; son señalados en instancias superiores como una suerte de cancerberos de aquellos estudios que son vetados al gran público. Una clave para el acceso y el desplazamiento por el laberinto que supone esta enigmática biblioteca es la posesión de unos saberes adquiridos sobre múltiples materias y sobre el mundo conocido de esos tiempos. Sigue siendo un acceso para unos pocos, entonces.
 
El laberinto-biblioteca con su oculto “finis africae”.


La resolución de los misteriosos crímenes de monjes benedictinos en la abadía pasa por una búsqueda, dentro y fuera del enigmático laberinto de libros vedados por una suerte de minotauro imaginario, que parece seguir en sus asesinatos unas directrices basadas en las 7 profecías de las 7 trompetas referidas en el Apocalípsis de Juan. Unos sacrificios que siembran la oscuridad entre los habitantes del monasterio, alentando al milenarismo y el fin de los tiempos ya cercano; bien diferenciados en las 7 partes de una centena de páginas cada una, correspondientes a los 7 días y a las 7 muertes que se producen en la obra. Puede recordar a la ofrenda de los 7 efebos y 7 doncellas atenienses para ser devorados por el minotauro del laberinto de Cnosos, como pago de esa ciudad al rey cretense, Minos, cada 9 años (¡otra vez 9!).

 
La marcada relación de maestro-discípulo se hace patente a lo largo de la investigación, que se convierte en un suceso de pruebas iniciáticas para el joven Adso, pero que sólo se ven de manera simbólica. En primer lugar, ambos encuentran un trozo de papel que está escrito con extracto de limón, que al aplicarle el calor de una llama, muestra la clave donde se encuentra aquel conocimiento por el que se están produciendo las muertes: el “secretum Finis Africae“, encriptado entre símbolos zodiacales y planetarios. El universo como clave. Es el fuego el que ha de iluminar las ideas oscurantistas que mantiene a la masa en la ignorancia (pero no del todo, claro). Prosiguen hacia el interior de la biblioteca con un buen sobresalto del joven Adso frente al espejo, cuya visión propia deformada lo asusta y alude al mundo de las emociones; las visiones que le provoca el libro “Apocalipsis mozárabe”, abierto por una página donde se puede leer “mujer frente al dragón”, símbolo sexual referido a sus votos de castidad y al mundo sentimental, y que se deben al humo de aquellas hierbas quemadas similares a las que les hacía aspirar “el Viejo de la Montaña” a sus hashshashin antes de una misión; o su preocupación por el viento producido por las troneras, para simbolizar al mundo intelectual. Veremos como se asume el temor a una maldición del diablo y a un reconocimiento colectivo de culpa, arengado por voces que señalan a las profecías apocalípticas, entre ellas la del antiguo bibliotecario, Jorge de Burgos.
 
 
 
Borges, posando como “llave de la oscura cerradura del conocimiento”
dentro de un Sol negro, en el hotel parisino donde murió su admirado Oscar Wilde.
 
Adaptamos aquí la figura a modo poético de Borges, el bibliotecario ciego, como de Burgos. Con personalidades contrarias, en principio: el primero divulgador de una filosofía muy particular a través de su prosa y poesía, el segundo, centinela de la sabiduría antigua que no duda en utilizar todas las malas artes que tiene a su escasa disposición para conseguir su objetivo, esconder de ojos ajenos aquel conocimiento que  piensa “dañino para mantener la disciplina sobre la moral de los hombres“, siempre dispuestos a rebelarse ante la severa doctrina de Dios. Se dio la paradoja con Borges que el año del nombramiento como director de la Biblioteca Nacional Argentina (1955), este se quedó ya casi completamente ciego. “Un lento crepúsculo de más de medio siglo“, diría el autor. Paradoja compartida con otros dos directores más de esa biblioteca, José Mármol y Paul Groussac, que a modo de maldición irónica por la regencia del saber, se les fue apagando la “llama” de la visión durante el ejercicio de sus funciones. Invidentes bibliotecarios que poseen la llave de la oscura cerradura del conocimiento escrito. La figura de Jorge de Burgos convertida en el legendario minotauro del laberinto. Cosa curiosa es que Eco acerque la visión de ese mito con Jorge Luis Borges… o quizá, no. Veremos. Si que se denotan unos paralelismos con el “mundo borgiano” de este autor plasmados en esta novela con conceptos como el laberinto, Babel, bibliotecas, catálogos o memoria.

 

 

El libro “extraviado”, una suerte de peregrinaje iniciático, o búsqueda del manuscrito perdido, y trama oculta de esta historia, es el “Segundo Tratado de Poética” que le atribuyeron a Aristóteles, y que trataba sobre la “comedia”, el uso del humor y la risa como manifestación y condición única del ser humano, que lo diferencia del resto de animales. De la risa y el humor desde dos visiones diferenciadas como el aristotelismo y el platonismo. Un combate dialéctico se disputa entre el franciscano Guillermo de Baskerville, defensor de las bondades de la risa y de la comedia para la salud y el ánimo del hombre; y el benedictino Jorge de Burgos, que apoya aquellas doctrinas de los doctores de la Iglesia, poco favorables a las exaltaciones de carácter jocoso, como la risa, el canto e incluso la poesía, consideradas como manifestaciones subversivas que pudieran convertirse en armas contra el poder establecido. Muy de la cuerda de Platón, personaje que antepuso la rectitud y el estado más justo, no así el más feliz. A lo largo de la obra se muestran referencias a una y otra posición por boca de ambos sabios. Puyas lanzadas entre uno y otro donde exponen su visión de la vida; una que trata de resaltar la racionalidad y los estados pertenecientes a la afectividad, como la amabilidad y la benevolencia, muy cercanas a la alegría y a la risa. Argumentos estos defendidos por Baskerville en base a los tratados de Aristóteles, y otros seguidores eclesiásticos de su filosofía adaptada al cristianismo, como Santo Tomás de Aquino (1225-1276).
 
De la erradicación de la risa en todo ámbito social trataría la obsesión de Jorge de Burgos. Una alegoría donde podemos pensar que el autor está velando de alguna manera las formas por las cuáles, las sociedades secretas, por llamarlas de forma coloquial, impiden mediante barreras y controladores, siempre sutiles y fuera de la vista de los ojos profanos, el advenimiento de la libertad de pensamiento. Esos que pudieran desviar el orden establecido y reconducir de manera recta, a esas ovejas descarriadas que serán altamente reprobadas y señaladas por ser peligrosas (sin ellas saberlo, claro está) para el sometimiento, el miedo al orden y el dominio de las oligarquías. Se los hará pasar, según nos hace entender Platón, en su “Filebo“, por cosas de esclavos, bufones y locos (libre reflexión, está, por cierto). La risa es, por tanto, transgresora de la armonía, de las medidas y de la conciencia social de los hombres libres. La “desaparición” histórica y real de todas las copias del segundo tratado de Aristóteles a la Poética, nos sugiere, a través de lo expuesto por Umberto Eco de manera ficticia, lo que suele ocurrir con determinados saberes que son “arrinconados” fuera de la enseñanza habitual, y debidamente alterados, en beneficio del “progreso por el bien común de la humanidad del mundo mundial para unos pocos más humanos que el resto (los capulli in extremum)”.
 

 

 

Buscando a Aristóteles dentro del laberinto.
En el momento de superar todas las pruebas para acceder a la cámara secreta del “finis africae”, maestro y alumno, pasan a ella con la sorpresa, o no tanto para Baskerville, de encontrarse al cancerbero del libro prohibido con este entre sus ancianas manos. En ese lugar, el narrador, es testigo de una batalla intelectual entre los dos antagonistas de la historia. La figura de dos sabios que entran en un juego de oratoria y retórica en la que una de las partes conoce su destino. La que representa al “toro-minotauro” que ha de ser sacrificado para salir del laberinto, del que ya fueron advertidos por un monje, “si lográis entrar, podríais no salir“. La biblioteca es un laberinto. “Aristóteles” espera encerrado en el laberinto, en el centro, y su custodio, no dejará arrebatarse la sabiduría que corromperá a los humanos, aquella que los puede convertir en “malos salvajes” fuera de la sumisión señorial. 
 

 

El maestro franciscano supera la prueba del libro envenenado por el benedictino, de Burgos. El cancerbero invidente confiesa que aprovechó las circunstancias de las primeras muertes de aquellos curiosos que osaban leer el “libro de conocimiento prohibido”, para desviar de manera sutil la atención hacia la figura del diablo, y la venida de las profecías apocalípticas de las 7 trompetas. Nunca faltan los milenaristas que colaboran de manera inconsciente a través de sus miedos inculcados, de una forma, llamémosla, traumática blanda , con este tipo de acciones del poder. Conozcamos el método de “sacrificio” de los considerados por Burgos como pecadores. La impregnación del veneno en las tapas del libro que al pasar sus hojas con los dedos, humedeciéndolos de saliva llevando la sustancia mortal a la boca, entrada al cuerpo físico del “alimento”, es toda una alegoría de como aquel saber que es prohibido a personas profanas se paga con la muerte por “intoxicación” del saber vedado. También un guiño a la trompeta del séptimo ángel del Apocalipsis:

 
Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre
Apocalipsis 10:10
 
El buen iniciado sabe Cuando no tiene que escuchar,
ni hablar y llevarse su visión a la tumba.

Y como no, la forma de simbolizar la destrucción de esos conocimientos que no pueden salir de la cripta, ha de ser la de un inmenso fuego. Los arrebatadores del libro prohibido no podrán sacarlo del laberinto iniciático. Puedes superar las pruebas de acceso, tener la oportunidad de conocerlos, pero no puedes divulgarlos al mundo profano. La oscura y ciega alma de su guardián es la que sella, de alguna manera, tragándose las páginas del libro envenenado y evitando su propagación con su muerte. La biblioteca, el laberinto, el minotauro y su enorme cripta, son sepultados bajo las llamas, producidas de manera casi fortuita a modo de metáfora de guardián del tiempo, que quema todo aquello que no ha de trascender a la mayor parte de la humanidad.

 

Existe una alusión al FUEGO INQUISIDOR, descrito como una suerte de conexión de carácter maligno que maneja bajo presiones del dolor y otros atemorizadores métodos, las mentes de aquellos que se salen de la versión del oficialismo religioso, en este caso de la novela, pero que puede servir para otras situaciones, en las que el sistema, a través de sus “guardianes”, utiliza  para obtener acciones o testimonios favorables hacia la entidad o hacedor de una manera, digamos, inquietante. El personaje de Baskerville comenta: “Cuando te torturan sientes lo mismo que cuando estás bajo los efectos de las hierbas capaces de provocar visiones. Todo lo que has oído contar, todo lo que has leído, vuelve a tu cabeza, como si estuvieras arrobado, pero no en un rapto celeste, sino infernal. Cuando te torturan no dices sólo lo que quiere el inquisidor sino también lo que imaginas que puede producirle placer, porque se establece un vínculo (éste sí, verdaderamente diabólico) entre tú y él…” . El franciscano reconoce un pasado como inquisidor. Esperemos que Eco no quiera expiar algún pecadillo a través de esta reflexión de su personaje. Quién sabe.
Nombre de personaje en “modo incógnito”
Como nota final de esta obra nos fijaremos en el enrevesamiento que ejerce el autor con las palabras y nombres para establecer “juegos” y, de paso, encriptar conceptos, habilidad en la que se manifiesta todo un especialista. El profesor José Luis López Calle mostró algunos ejemplos en un interesante artículo. Expondremos alguno, aunque nosotros haremos una segunda lectura de los mismos. La primera referencia al narrador enmascarado, Dom Adson de Melk. Ese título de “Dom” alude a “señor” o en este caso a “padre de la iglesia”, o “maestro”, o al otro nombre por el que se conocía a Jean, “Dom”, Mabillon, aquel fundador de la paleografía y que, de manera ficticia, tradujera los manuscritos del monje protagonista, por tanto. “Adson”, parece un compuesto de la preposición latina “ad” (hacia) y el término en lenguas germánicas (como el origen del narrador) “son”, para nombrar a “hijo”. “De Melk”, traducido como leche, veremos una concepción diferente a la de “pureza” o “infancia” de este profesor. Más adecuado sería la simbología dada en diferentes pasajes del Nuevo Testamento como alimento metafórico de los Hijos de Dios, para la “enseñanza”, para la “sabiduría”, como “crecimiento” para la salvación y, la mejor, señalada por Clemente de Alejandría y adecuada para el texto referido en la novela, “Nosotros bebemos el Verbo, alimento de Verdad”. Quedaría un estimulante mensaje: “del padre hacia el hijo el conocimiento de la verdad”. Algo escondida esa transmisión de sabiduría de maestro a aprendiz, uno de los nexos de la narración, pero ¿por qué tendría que velar Umberto Eco un hecho tan evidente dentro de su novela?¿Acaso está indicando el autor que hay diferentes niveles de ocultación dentro de esa enseñanza transmitida? Pues sí, muy probablemente. 
 
Otro mensaje multicapa sería el nombre del protagonista, “padre” aparente del relato, Adso. Así se le llama durante toda la novela, y que López Calle apunta a unas posibles iniciales de Anno Domini Sesenta e Otto (año del Señor 68), como fecha que indica Eco de su “hallazgo” documental. Vemos bien hallado el velo de la datación, pero no así (con permiso de este profesor) lo que esconde detrás. El autor narra que se encuentra en Praga una semana antes de la invasión de Checoslovaquia por las tropas del Pacto de Varsovia, cuando llega a sus manos el libro y escapa con él hacia el otro lado del “Telón de Acero” o “Iron Curtain”. Puede ser una forma de simbolizar una época de cambios sociales (dirigidos desde las sombras al más alto nivel, todo hay que decirlo) que se dieron en gran parte del mundo en ese año de 1968. Veríamos una analogía de estos años de cambios en el siglo pasado con la lucha que llevarían a cabo la Iglesia católica, con el poder político que ejercen las familias nobles y las élites financieras, apoyando a un bando y a otro, en el Sacro Imperio Romano Germánico por lo que se conoció como el Dominium Mundi y su lucha de poderes universales y dentro de la misma institución eclesiástica en sí; que en el siglo XIV se vieron amenazados por el nacimiento de potentes nuevos estados y naciones. Sucesos en el transcurso de la novela de Eco. Un cambio, por tanto, de paradigma político-social en ambos tiempos, que para unas mentes elucubradoras, sugieren unas manos directoras muy familiares. El poder Papal, político y espiritual, que podríamos trasladar a la utópica Unión Soviética, ambos proyectos fracasados, corruptos y totalitarios; si es que alguna vez hubo intención desde sus comienzos de ayudar al pueblo (que no). Por otro lado tenemos al poder del emperador Luis IV de Baviera, como ejecutor del poder terrenal, con pretensiones espirituales y extrapolable al imperialismo de los Estados Unidos de América, su colonización cultural y ejecutores policiales del planeta.
 
“La Expiación intelectual” de Umberto Eco.

 Podemos entender, de este modo, que el autor quiere “disfrazarse”, de alguna manera, de narrador de su historia. Contar en “modo incógnito” su proceso iniciático en su primera novela. Por la edad a la que realiza la obra, en plena madurez, sería más acorde identificarlo con Guillermo de Baskerville, el sabueso franciscano, reflejo este, del Sherlock Holmes de Conan Doyle, y pseudo-representación en la época de la narración del también franciscano inglés, Guillermo de Ockam, el de la famosa “navaja” y también conocido como Doctor Invincibilis. La novela puede parecer bastante compleja desde un punto de vista común, no por eso deja de ser entendible con un cierto esfuerzo intelectual, que parece que a priori es lo pretendido por Eco. Introducir al profano en una primera excursión iniciática de comprensión de símbolos intemporales. A través de la figura del joven novicio (aprendiz), como aquel joven Dante de la “Vida Nueva” (nuova-nova-nove-nueve), que pudimos analizar en la primera parte de este pequeño trabajo, que tratará de explicar los capítulos más difíciles de su obra para llegar a un público más amplio, pero en palabras suyas, Eco explica que “no me toca resolver toda duda, ya que entonces mi lenguaje resultaría demasiado inútil y verdaderamente superfluo. Pues sí, superfluo sería señalar que se dan unas formas de matar que pueden coincidir con la ya visionada con anterioridad, triple muerte, aunque de manera individual: el desmembrar, herir o despeñar, el ahogo o veneno, y el morir quemado; pero como dice el autor de esta novela, sería explicarlo todo.

 
Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otra ya recibió en otras borrosas 
tardes los muchos libros y la sombra  
 
                                           Poema de los Dones (1959) Borges.
 
Borges y Eco, nos acompañan en este tramo final de la investigación para desatascar un poquito las cañerías laberínticas de la historia de la historia, de la que vemos enredados a esa casta sacerdotal en marañas de textos presuntamente señalados como “herméticos“, pero que parecen vislumbrar segundas y terceras capas o cortinas que dejan ver, sólo un poco, un poco del misterio guardado por estas. El primero, por mostrar a través de una literatura, digamos poética-onírica, un simbolismo de creación en diferentes pasajes del ser humano en distintas épocas a través de sus obras; el segundo por ofrecer respuestas desde un punto de vista racional, desbrozando el bosque para señalar las tendencias que se ocultan tras estos grupos.
 
Borges buscando el hilo del tiempo en el laberinto de Cnossos.

 

Dijo Borges en una entrevista a modo poético-críptico: “Yo soy el que era cuando publiqué mi primer libro en 1923, ‘Fervor de Buenos Aires’, y creo que en mi primer libro está todo lo que haría yo después, salvo que está entre líneas,  sólo para mí, en una escritura secreta, que está entre las líneas de la escritura pública. Ahí está todo, salvo que nadie puede verlo, sino yo“. Pues miraremos entre líneas y más allá, que le vamos a hacer, Jorge Luís. Un ejemplo es como le gustaba referirse al tiempo: “El hilo se ha perdido; el laberinto también. Ahora ni siquiera sabemos si nos rodea un laberinto, un cosmos, o un caos azaroso

 

El profesor piamontés nos explica que el pensamiento neo-platónico cristiano tratará de explicar que no podemos definir a Dios de manera unívoca a causa de lo inadecuado de nuestro lenguaje. El pensamiento hermético, por el contrario, nos dirá que cuanto más ambiguo, polivalente y se sirva este de símbolos y metáforas, nuestro lenguaje será para nombrar un “Uno” en el que se realizará la coincidencia de los contrarios. Pero donde triunfa la coincidencia de los contrarios cae el principio de identidad. Todo encaja.
 
Una revelación inédita, una verdad aún secreta y profunda. Así se identifica a la verdad con lo que no se dice de manera sombría u oscura y deberá de comprenderse más allá de la apariencia y de lo escrito. “Los dioses hablan” a través de enigmáticos mensajes y jeroglíficos; que por supuesto, sólo esa casta sacerdotal, o maestros-magos, han descifrado y plasmado (cuidado, porque siempre se pierden los manu scriptum originales), bajo supuesta revelación divina efectuada a los profetas, y estos primeros efectuarán la interpretación de estos “divinos mensajes”. Si la búsqueda de una verdad alternativa surge de la falta de credibilidad del conocimiento contemporáneo, algunos habrán proporcionado esa ausencia de confianza en dichas creencias, digo yo. Esa otra verdad deberá ser muy, muy antigua; tanto que su búsqueda deberá convertirse en una quimera. Eco explica de manera algo irónica: “la verdad es algo que habita en nosotros desde el principio de los tiempos, pero la hemos olvidado (¿la hemos olvidado?, ¡Vaya tela, Umbertino!). Si la hemos olvidado, alguien debe haberla conservado para nosotros, pero nosotros ya nos somos capaces de entender sus palabras. Esta sabiduría debe ser, pues, exótica“. 
 
Jung, fumando en una pipa “arquetipo”.

 

 

Es aquí donde entran los sabios-intemporales-sacros, para “iluminarnos” con “nuevos”, pero a su vez, “viejos” tótems. Alude Eco a Jung para explicar su posición sobre esta causa. Decía el suizo que cuando una imagen divina se nos hace demasiado familiar o rutinaria pierde su misterio o magia. Que somos empujados hacia imágenes de otras civilizaciones, porque sólo los símbolos exóticos conservan un “aura sacra”. ¿Seguro, her Jung?¿No querría usted vendernos la idea de una divinidad cambiante al gusto del “impostor” que desea imponer su exótica y a la vez, viejas y falsas divinidades? Acaso esa técnica de la imaginación activa creada por este psicólogo profundo, “llevar a la consciencia los contenidos inconscientes”, a través de imágenes simbólicas, pero desde un estado casi de vigilia, pueda recordarnos a una suerte de ritual sacerdotal para dar entrada, o establecer comunicación, con algún guía espiritual de otra, digamos, dimensión. Como a él le sucedió en sus prácticas de este método con una entidad que se le aparece durante estos “viajes activos” y que  llama Philemón (amable, hospitalario). Una poco original figura de guía iniciático, tantas veces vista, como arquetipo, sí, viejo sabio o senex, y que le ayudaba en los “diálogos” que mantenía con él y le daba las claves para avanzar en su universo interior (¿pensaríamos que en realidad Dante viajó a los infiernos de la mano del poeta Virgilio?); aunque más tarde plantearía de una manera correcta en su definición el concepto de inconsciente colectivo. Una hipótesis que ha servido de parapeto para rechazar muchas teorías “elucubradoras” acerca de las cosmogonías y escatologías de amplitud de religiones. Dejaremos al “abuelito esotérico de Heidi”, y esposo de la rica heredera de la firma helvética de relojes de lujo, IWC, en sus bosques suizos con sus “jungfrauen” para otra ocasión.
¿Hermetismo o manipulación histórica?
Pero para poder comprender de manera correcta estos dobles lenguajes histórico-temporales vayamos a conocer una pizca de ese conocimiento envuelto en brumas, que nublan un tiempo, en apariencia verdadero, con unos espacios y personajes que se mueven entre esa tierra donde acaba el mito y comienza la razón. El tres veces grande” (las tríadas de toda la vida, nada nuevo-nove-nueve), como lo conocían desde siempre a la traslúcida y mitológica figura de Hermes Trismegisto. Sincretismo del espíritu egipcio con el griego. Culto nacido en las postrimerías de la tradición de la cultura de los faraones. Influencia de los que entienden al ser humano como el reflejo del cielo que se acerca a Dios; a la divinidad, a su acto creador. Presentar al hombre junto al gran milagro de la creación.
 
Según la Doctora en Arqueología, egiptóloga, especialista en el Egipto grecorromano, la española Marina Escolano-Poveda, los escritos atribuidos a este culto serían una colección de textos llegados desde distintos lugares y tiempo. Casi todos atribuidos a Hermes Trismegisto o a sus discípulos; y difundidos a través de generaciones pertenecientes a estos. Uno de ellos, el “Corpus Hermeticum“, místico, mítico… o no tanto, quizá. 17 tratados en lengua griega y el Asclepio, en latín; otros escritos se han encontrado en fragmentos en griego y copto, en los papiros de Nag Hammadi; y definiciones y frases sueltas en lengua armenia que han llegado hasta nuestros días. Los textos herméticos más antiguos hallados son los llamados “textos de Viena”, muy fragmentados; pero su interés parte en la conexión con los posteriormente editados. Compuestos entre el siglo I. d.C y el siglo III. Se irán compilando posteriormente y traduciendo al copto, al armenio y al árabe.  No sólo se recopilan textos filosóficos y religiosos, sino también más técnicos, como tratados de astrología y astronomía. La alquimia es considerada el arte de Hermes. La magia escrita por las mismas manos que esos tratados de ciencia. Estos textos “mágicos” se remontan al siglo II a. C. y llegan hasta el siglo V de nuestra era.
 

 

Los textos herméticos más antiguos están escritos en griego y los podemos situar en el entorno de Alejandría, como capital cultural del Mediterráneo oriental en esas fechas. A este personaje divinizado se le conoce como “Hermes, el egipcio” por los propios narradores antiguos. El contexto era el Egipto romano. Recordar que el griego era la lengua “mediática” de la época. Escritos con toda probabilidad por los sacerdotes de los templos egipcios del momento. Conocedores de la cultura faraónica contenida en las bibliotecas de esos templos ancestrales. Presuntamente, los sacerdotes recibieron elementos de esta sabiduría del lugar e incorporaron la filosofía griega; esa que según la opinión de personajes como Platón: “desde hace mucho tiempo tengo entendido que han aprendido ellos (los egipcios) esta verdad que nosotros estamos formulando ahora: la juventud de la ciudades ha de ejercitarse en las bellas figuras y en las bellas melodías; en consecuencia ellos fijaron el carácter y la naturaleza de estas, y luego expusieron los modelos de las mismas en los templos”. La reflexión es, como mínimo, curiosa. Recordemos, una vez más, que sólo se transmitían ciertos saberes entre iniciados, que a su vez trabajaban para aquellos gobernantes de turno de los diferentes reinos, imperios y territorios, a modo de “comando itinerante” del espacio-tiempo histórico a lo largo del planeta. Sí, es una hipótesis no muy definida, para la cual deberíamos ampliar la historia de la historia casi una decena de milenios más. Todo se andará. 

 

 

Similitudes entre los campamentos de Ramsés II
y el tabernáculo del éxodo.

 

Tan sólo rascaremos un poquito en esa casta sacerdotal de unos supuestos “pueblos huidos” , en estos casos serían “castas huidas“, después de haber expoliado algún territorio, o bien, siendo perseguidos por aquellos expoliados. ¿Recordamos a los “magis” medas, controladores de todo lo que tenía que ver con la religión y el poder en la zona?¿El “magis” relacionado con los soldados de Loyola y su ansiado control del poder y conocimientos a lo largo de todo el planeta (más control, más conocimiento)? Se da una circunstancia filológica con una conocida tribu bíblica que se dedicaba a la custodia de la religión y los saberes ritualísticos de aquel pueblo escapado a la “Promise Land”, esclavizado y liberado a lo largo de la historia antigua (o al menos así lo reflejan en sus papeles): los famosos levitas, aquellos del clan de Moisés & family. Pues bien, basándonos en estudios recientes, relacionan a esta tribu un origen egipcio, la raíz del nombre “Leví” (לת)se traza en las mismas escrituras a partir de la raíz verbal “Lavah” (לבה ), que significa “unido para beneficio mutuo”, “juntado a”, “atado a”. Son estos los que reflejan la cultura material egipcia en la biblia. Ejemplo de ello es la similar formación de los clanes alrededor de los tabernáculos hebreos del éxodo y de la tienda del faraón Ramsés II en el campamento de batalla. También haría sospechar, según este estudio, que los levitas no aparecen en la lista de clanes del Libro de Números (lo hacen fuera, como “ajenos”)ni en el Cántico de Débora, en el libro de Jueces. Como también es sospechosa la procedencia egipcia de los nombres de los levitas (Fineas, Hofni, Hur, Merari, Moisés/ Pinjás, Jofní, Jur, Merarí, Moshé). “Los Venidos“. ¿De dónde?.
 
Números 1:49: “Solamente no contarás la tribu de Leví, ni tomaré la cuenta de ellos entre los hijos de Israel”.
Números 2:33: “Mas los levitas no fueron contados entre los hijos de Israel, como Jehová lo mandó a Moisés”.
De la misma manera que ocurrió con la cultura helénica, los árabes también identificaron la mítica figura de Hermes con una historia propia de sus leyendas y tradiciones, el profeta Idris, una constante en el Corán e identificado como noble sincero. Más tarde fue cogiendo fuerza la figura de Enoc, para este mito. Estos saberes o conocimientos denominados herméticos, podríamos situarlos en varios grupos elitistas a lo largo de diferentes civilizaciones y coincidentes en el tiempo, incluso. Sólo habría que fijarse en el comienzo oficial de la llamada “Ruta de la Seda“, allá por el siglo II antes de nuestra era. En un período temporal prácticamente similar, se produjo el comienzo de lo que se denominaría la ciencia alquímica, en dos territorios alejados entre sí a más de 7000 kilómetros. El Egipto helénico y China. Coincidencias temporales en diferentes espacios, aseguran algunos expertos historiadores. Sí, de esos que se ciñen a un meticuloso guión académico explicando una y otra vez la misma historia con ligeros matices de diferencia. Los mismos que nos tachan de ver conspiraciones donde no las hay y tirar de cifras y fechas especulativas sin base de ninguna clase; pero el hecho de asomarse y comprobar el rigor de ciertos datos les haría estremecer su dura disonancia cognitiva. Cosa que mostraría a mentes “lógicas”, que no sólo se comerciaba con bienes materiales, también habría una conexión de compra-venta, o “robo”, de todo ha habido, de “conocimiento oculto”. Esa misma “coincidencia temporal” sería la que pudimos plasmar en una anterior investigación donde se puede ver cómo se produjeron unas mediciones del arco de meridiano terrestre por parte del Imperio Chino allá por el siglo VIII y, prácticamente 100 años después, las realizó el Califato de Bagdad, y que les permitieron conocer distancias reales de todo el mundo.

 

Veamos la visión de Umberto Eco sobre este tema: “Esa manera de pensar que llamó semiosis hermética ha adaptado formas reconocibles y documentales en los primeros siglos de la era cristiana, se ha ido desarrollando de manera bastante clandestina en el periodo medieval, ha triunfado con el redescubrimiento del humanístico de los escritos herméticos, se han fundido en la más amplia corriente del hermetismo renacentista y barroco, no ha desaparecido con el afirmarse de la ciencia cuantitativa galileana y ha ido a fecundar las estéticas románticas, el ocultismo decimonónico y, sostengo. muchas teorías críticas contemporáneas.” Este autor que nos acompaña, analiza muy bien los símbolos de la hermética a través de las diferentes épocas. Eso sí, señala una sobreinterpretación de ciertos autores que quieren buscar tres pies al gato en este tipo de textos y desenmascarar una relación esotérica con masonería y rosacrucismo, inexistente, según él, en la mayoría de casos; y/o por una afortunada casualidad puedan acertar. Los “adeptos al velo” (nos) los llama. No en vano, es autor de una novela donde ironiza en grado sumo a los saberes esotéricos y sus divulgadores, a las teorías de la conspiración, pero con un alto conocimiento de todas estas, que haría de Dan Brown, un personajucho de medio pelo y dejaría a cualquiera de sus abominables novelas como textos escritos sobre papel higiénico reciclado. Se trata de “El péndulo de Foucault” (1988), donde a uno de los principales protagonistas lo llama como al filólogo y erudito clásico ginebrés, Isaac Casaubon (1559-1614), que fue quien puso datación de origen al famoso “Corpus Hermeticum“, atribuido a tiempos de Moisés, a una fecha más cercana al hermetismo de los siglos III y IV de nuestra era .
 
“Vivió 75 años, 3 meses y 20 días”
Fue la órbita del cometa “Cosimo”.
Carta astral atribuida a Cosimo, Il Vecchio.

 

Antes de adentrarnos en el “resurgimiento del hermetismo” al comenzar el Renacimiento, su supuesta mítica Academia Platónica en la Villa Careggi en la Florencia de los Médici, y propiedad de esta filantrópica familia, echaremos un vistazo a ese lugar con los ojos de un “adepto al velo“, que dice Eco. Villa que poseía en la entrada un busto de Platón, con su lámpara votiva, de permanente llama, donde 9 “escogidos” humanistas, con Marsilio Ficino de maestro de ceremonias celebraban panegíricos discursos de alabanza y festejos rememorando el “banquete de Platón” (rituales, vaya). Dato curioso es el día seleccionado. El día de la muerte y nacimiento del filósofo, el 7 de noviembre, curioso que le sea otorgado el mismo día, el 311 del año y con 54 (5+4=9) para finalizarlo; así como los años de su muerte, los 81 (8+1=9). Estancia donde se reunían regularmente para leer su obra y desentrañar su sentido oculto. Dato menor sería su distancia de la Acrópolis de Atenas, lugar que el filósofo griego conocía bien, 666 millas náuticas, esas que se miden a través de los grados de arco terrestre (por las estrellas, quizá). Pero lo dicho, veamos a modo de enredo semántico-numerológico la relación entre los tiempos y personajes de Platón-Plotino-Pletón. Atisbamos un patrón de vida semejante al primero de ellos y más influyente, que comienza con la enseñanza de un maestro-filósofo, que no deja huella por escrito, seguido del viaje iniciático en busca del conocimiento a tierras lejanas y el regreso y creación de una escuela-hermandad filosófica (podemos olfatear aromas pitagóricos, también). Cojan aire y luego veremos quién es quién (o todos los mismos).
 
Plotino viaja a Alejandría para aprender de Ammonio Saccas a los 28 años, los mismos que tenía Platón en el momento del fallecimiento de su maestro Sócrates (¿suena a Sakkas?), que comenzó trabajando de cantero, como su padre, como aquel Sakkas, derivado de Σακκσφορος (Sacoforos, ahora suena más parecido), transportista de sacos (175-242) que fallece entorno a los 66 años, como Ficino (que nació el año 33 del Quattrocento y murió en el 99 de ese siglo), tampoco se le conocían escritos a Ammonio, como al autor del dicho “sólo sé que no sé nada“. El filósofo de las “sacas”(nombre de tribu nómada, también, de origen escita o iranio), al que conocían por “el instruido por Dios“, era un gran conocedor de la teúrgia, práctica ritual mágico-religiosa que tenía como intención de invocar la presencia de fuerzas, dioses, ángeles, esas cosas de la magia, vamos. También fueron usuarios de esta magia-magis su discípulo Plotino, al que se le atribuyeron dotes místicas de visionario; Porfirio, que lo era a su vez de este; y Jámblico, que lo fue de este último. Plotino,(204-270)  fundador del neoplatonismo, con permiso del “sacoforos”, que como el Pletón del siglo XV, estuvo interesado por el zoroastrismo o mazdeísmo, y marchó a Persia en una campaña romana en busca de conocimiento, allá donde los magos de Oriente. Fundó una escuela en Roma que gozaba del beneplácito de la corte imperial. Fallece de lepra a los 66 años, como Ficino y Sakkas, fue autor de las Enéadas, grupos de 9 tratados cada uno. Similar a la Enéada, que se utiliza para designar a 9 divinidades con lazos familiares relacionados con la creación. En griego, nueve es “ennéa“, como “neos” es nuevo (ennéa-nueva-nueve-neos), curioso.
 
Como curioso es el nudo de la historia de Platón-Plotino-Pletón, al que le podemos sumar Plutón, el dios romano del inframundo, en un endiablado juego de palabras. Platonismo, neoplatonismo o neoplutonismo, tal como plutocracia (gobierno de los ricos y poderosos). Recordar que Platón defendía la oligarquía como mejor forma de gobierno. Las palabras, símbolos y números esconden aquí una intencionalidad guiada, en apariencia. Y que mejor apariencia que la de un rico filántropo. Un benefactor de la humanidad que antepone sus intereses económicos a expandir por el mundo todo tipo de conocimientos y artes. Un rico banquero que sabía valorar como su familia, de la nada, y desde una banqueta de la parte trasera de una cuadra,.. que digo cuadra, ¡una pocilga! construyeron un pequeño negocio de prestamistas que los llevó a ser una de las dinastías familiares más ricas e influyentes del Renacimiento y la Edad Moderna europea. No suena creíble, ¿verdad? ¿Se imaginan a un humilde sastre de batas de un pueblo de finales del siglo XX, convirtiéndose en uno de los hombres más ricos del mundo? No hay que pensar mal. Recordemos el hilo de oro invisible del cuento de “El traje del Emperador”, y como todo el mundo de alrededor callaba por no salir del discurso oficial, por muy obvia  que fuera la mentira. Si nadie grita que el Emperador está desnudo… todos felices. ¡Vivan las batas!¡Vivan las cadenas! 
 
Giorgios Gemistos, alias “Pletón”,
con mirada altiva a lo Vladimir Putin.

 

Ironías a parte, sólo pretendemos mostrar los distintos discursos de la historia de aquellos que han sufragado el relato oficial. Tras esta pequeña parábola, asistimos al encuentro de un oligarca de Florencia, Cosme de Médici, Cosimo, “Il Vecchio”, para los florentinos del siglo XV, departiendo conocimientos de arte y filosofía con un enviado griego de la Iglesia Cristiana Ortodoxa de Constantinopla para el Concilio de Basilea-Ferrara-Florencia, durante la década de los 30 del Quattrocento. Ese fue Giorgios Gemistos (1356?-1452), alias “Pletón”, parecido a la traducción en griego de su apellido al latino, “pleno o relleno”, pero la historia dice que él se hacía llamar así por su admiración hacia su filósofo favorito. Un personaje poco conocido, con una biografía hecha a retales de otros, pero que es uno de esos elementos históricos bisagras para enlazar varias épocas y lugares. De joven tuvo la influencia de un desconocido judío cabalista llamado Elías, del que poco se conoce, durante su estancia en la ciudad de Adrianópolis, que lo inició en el conocimiento de la filosofía de oriente, en los llamados “oráculos caldeos”, atribuidos en ese tiempo a Zoroastro, en las enseñanzas de Platón y en el hermetismo. Hasta aquí parece una historia paralela a la del neoplatónico Plotino (los parches de la historia, que le vamos a hacer). Fue destinado al Peloponeso como gobernador, asentándose en el castillo de la localidad de Mistra (nombre que recuerda al culto de origen persa Mitra), donde llegó a fundar una comunidad-fraternidad filosófica neoplatónica. Todo muy superpuesto. 
 
Pero lo interesante aquí es el traspaso de conocimiento “oculto”, por llamarlo de alguna manera, de este personaje hacia el banquero florentino, que sufragó de su bolsillo el Concilio trasladado a su ciudad. En la historia habrá quedado que se intentó una unión de las iglesias cristianas, pero atisbamos un relevo o compra de sabiduría “al peso”. El séquito de sabios liderados por Pletón, “hizo entrega” al oligarca sufragador del convite, de toda la obra completa en griego de Platón, también la de Plotino (ya estamos todos) y la del resto de autores neoplatónicos. De las conferencias del sabio bizantino en Florencia le surgió la idea de montar en un futuro, al florentino, una Academia de Platón para su uso y disfrute. Para eso deberían pasar dos décadas, la caída de Constantinopla (1453) a manos del Imperio Otomano “mientras discutían del sexo de los ángeles” y la muerte del sabio griego. En tanto, escogió al hijo de su médico personal de bien pequeño, para instruirlo en todo tipo de artes y ciencias. Ese fue Marsilio Ficino, que luego sería el “encargado” de la Academia, de la que no se tienen registros oficiales, por cierto. Más bien fue un lugar de reuniones esporádicas y esotéricas, más simbólico que material. También se construyó lo que se conoce hoy como el Palacio Medici-Riccardi, acabado en 1457. Ahí vamos, pues.
 
Traspaso de “conocimiento” de Oriente a Occidente,
en cortejo por los Reyes Magiis.

Es en la capilla-cripta de ese palacio, donde el patriarca de Florencia, encarga plasmar el traspaso de conocimiento que se produjo dos décadas antes (fecha donde pide el permiso al papa Eugenio IV para la construcción de una capilla privada), en las paredes de la misma a modo de frescos pintados. La Capella dei Magi” (la Capilla de los Magos) de Benozzo Gozzoli. Los Reyes Magos de Oriente, en epifanía o revelación, intercediendo ante el poder celestial para sacralizar el poder terrenal. Una obra inspirada en otra, “Adoración al Niño” del artista Gentile da Fabriano, de 1423. Esa corte de reyes a caballo y su séquito estaba protagonizada por las efigies de los protagonistas de aquel evento y los contemporáneos a la pintura. Un vínculo entre lo visible y lo invisible. Un ritual de arte mágico, que actúa como mediador entre este mundo y el otro. Cosme, el Viejo, aparece a lomos de una mula. Alegoría a Cristo en su entrada a Jerusalén por Pascua allá por el año 33 (año arriba, año abajo), supuestamente. No se andaba con menudeces el tipo. A su lado aparece su hijo, Pedro, el Gotoso, en imponente caballo. El Papa del momento, Pío II, aparece en las filas de atrás del cortejo, justo detrás de aquel viejo sabio de Pletón. Un pontífice recién llegado al trono vaticano que acababa de publicar una obra histórico-geográfica, “Cosmographia”, donde entre otras descripciones, comenta la venida de “indios” a Europa durante el siglo XII desde el Atlántico. Las malas lenguas historiográficas emparientan al futuro pontífice, Eneas PicCOLOMini, como posible tío del más famoso de los navegantes genoveses y aderezado de mentiras olorosas y finas verdades que dejaron un indescifrable “constructo histórico”. Es en esta pared orientada al Este donde se caracteriza al rey joven “Gaspar” con un idealizado chico de 10 o 11 años, de rasgos andróginos (quizá para “atraer al otro mundo”), con el nieto de Cosme, el futuro Lorenzo, el Magnífico, con esa planta de laurus nobilis justo detrás. Padre y abuelo siguen al elegido, su descendiente. Y a estos, el Duque Sforza de Milán y el Señor de Rímini, Malatesta. Porta su comitiva la ofrenda que pudiera ser la mirra. Para embalsamar, quizá, al Príncipe Universal y reconocer de paso su condición humana, que es mortal de necesidad. El blanco es el dominador en esta parte del muro. Un buen reflectante de luminosidad.

 

 
El sabio Melchor, el maestro-iniciado Baltasar y
el joven aprendiz-iniciado Gaspar-Laurentius. 
 
Sí, todo apunta a ritual de iniciación de “El Elegido“, que comienza por donde despunta el Sol, al salir de Jerusalén y moviéndose el relato-conjuro pintado como las agujas del reloj. Prosigue la procesión-cabalgata en la pared Sur, con el mago Baltasar, en la figura del Emperador bizantino Juan VIII Paleólogo, con mirada perdida y visionaria hacia el fatal destino de su ya pequeño Imperio. Portador del oro, símbolo real, y representación de la madurez y vigor del hombre, ya iniciado. Con el verde como color dominante, de la regeneración y la armonización de los opuestos. En la pared Oeste, la del crepúsculo y fin de ciclo, tenemos al rey sabio anciano, Melchor, de la que su rostro es atribuido normalmente al Patriarca de Constantinopla, José II, líder de la Iglesia cristiana ortodoxa, que también viene en mula, como el mayor de la familia anfitriona. Su comitiva lleva consigo el incienso, aparente ofrenda y útil en los rituales iniciáticos. Los colores rojizos dominan en esta pared, que denota tonalidades propias del ocaso del día, alegoría de final de proceso. Una casualidad histórico-curiosa, ¿se acuerdan de quién hablamos en una peregrinación a Montserrat con una mula?.
 
Cosimo, muestra su “afición” al cabalismo.
 

Esta representación parece tener como objetivo identificarse como los vasallos del Emperador de los Cielos, en apariencia, y a la aspiración dinástica al principado universal en la tierra, la parte Occidental y la parte Oriental, en posesión otomana ya en esa fecha. De ahí la procesión hacia la Jerusalén Celestial y como guiño, un cedro, árbol simbólico de eternidad, que conecta la familia Medici a la colina que arriba a los cielos. El rey sabio es el reflejo de Cosimo, el Viejo; el rey maduro la imagen idealizada de Pedro, el hijo gotoso. ¿Y el joven Lorenzo, el nieto? Las posiciones y gestos de las manos de la mayoría de los participantes en el ritual escenificado, así como sus rostros, necesitan de un análisis profundo esotérico para el que no estamos capacitados, de momento. Eso no quiere decir que no veamos cosas extrañas aquí. 

 
Lorenzo, el niño.
El autor-mago Gozzoli autorretratado
en este mundo y el otro.

Duplicidades de personajes que reflejan un dominio para sugerir otro mundo, como así lo advierten los dos autorretratos del autor Gozzoli. Uno en la pared este, la del inicio y que muestra su firma, y el otro en la opuesta, la del oeste y el final de la iniciación, con una mano justo al lado de su rostro, que parece venida del más allá. Una suerte de espejo de unión. El joven Lorenzo aparece con su fisionomía real debajo de Gozzoli y cerca de su maestro, Ficino. Una muestra de caracterizar, en apariencia, un “ángel bueno” y un “ángel malo” ¿pero cuál sería el malo?¿el real o el idealizado? Como los ángeles y querubines que parecen cantar y gesticular diversos mudras mágicos, que simulan ritualizar la custodia del altar.

 
 
Las “luces” de la oscuridad vistas en penumbra.
Y decimos en apariencia con toda la intención, porque la de los autores (arquitectos, pintores, mecenas) de la “Capella Dei Magi” no simulaban tener intenciones demasiado católicas. Originalmente es una cripta de planta regular sin iluminación exterior. Tan sólo dos óculos, uno encima del altar y otro en la parte superior de la entrada, permitían pasar alguna luz de las habitaciones contiguas. Todo un poco en la penumbra. Pero quizá fuese esa la intención. Observar las escenas de las paredes con poca luz. Sí, no es una locura. A tenor de las pinturas brillantes utilizadas, lacas y mezclas con otros materiales luminiscentes, deducen que en esa cripta-capilla se deberían dibujar otras, digamos, “figuras”, en la intimidad de la semioscuridad. ¿Para qué y con qué motivos? Si tú tienes la llave de un cuarto oscuro, sólo sabes tú lo que puedes ver en esa habitación de las tinieblas.

Los 7 candelabros y los 7 sellos que “hermetizan”
la entrada a la “Capella dei Magi”.
 
Mal lugar para una herramienta.
Sólo habría que fijar la vista en el cuadro de bienvenida colocado sobre la puerta de acceso a la cripta y pensar que hay tras ella. Se puede ver un altar con el cuerpo del Cordero custodiado por los 7 candelabros y los 7 sellos del Apocalipsis. Una advertencia al visitante de que está totalmente sellado para los espíritus profanos, seguido por la visión, al fondo, del altar con la réplica de “la Adoración del niño en el bosque” de Filippo Lippi, con una inquietante hacha clavada en una madera a la altura del cuerpo del pequeño Jesús. Los juegos de luces y fuegos iluminadores y ensombrecedores, a la vez, que se llegarían a producir en ese espacio hacen pensar en unas costumbres (extrañas, como poco) ya arraigadas en el seno de esos mecenas de arte y cultura. Cabe añadir que el culto a la epifanía de los Reyes Magos se celebraba, a modo de extraño desfile, en Florencia, donde participaba el pueblo con sus más altas personalidades al frente, desde finales del siglo anterior a esa fecha. Su origen fue una espontáneo cortejo de gente partiendo desde la Iglesia de San Marcos hasta el Baptisterio de San Juan, donde se le ofrecieron “presentes” a Jesús ante la pila bautismal y después se escenificó “la matanza de los inocentes” con niños falsos (faltaría más, ya eran otros tiempos ¿no?), suceso que se podría relacionar con una antigua ofrenda a dioses pretéritos “hambrientos de carne muy joven”. El cortejo se escenificaba cada 3 años, en la fiesta de la Epifanía (invierno) y por San Juan (verano). Una celebración impulsada por los Medici; una revelación-epifanía del Hijo de Dios, por los impulsores de las revelaciones de Hermes, el dios del conocimiento oculto. Todo entre cortinillas, eso sí.
 
Juegos de manos cabalistas de
Cosimo.
Entonces, ¿podríamos deducir qué todos estos saberes esotéricos fueron traspasados por los sabios griegos y bizantinos de golpe? No, no parece que fuera de “un sólo pago”, pinta más la adquisición por fascículos. Los textos herméticos, depositarios de misterios mágicos, de los que tanto hablaron Gemisto Pletón y el obispo Bessarión durante aquellas reuniones del Concilio de Florencia allá por 1439, al patriarca de la ciudad, no estaban ni debían estar en unas únicas manos. Recordemos aquello de “no todas las lecturas son para todos los oídos“. Había, pues, que buscarlas. Cuenta la leyenda que el viejo Cosimo tenía informantes hasta debajo de las piedras de todo el Mediterráneo, que se venía produciendo una venta de documentos, la mayoría falsos, que hacían pasar por escritos mágicos del mismísimo Hermes. Comienza entonces una empresa en secreto de la búsqueda de esos manuscritos, durante quince años, a cargo de una persona de máxima confianza. Un personaje de esos que oculta la historia tan difíciles de rastrear y que se solapan con otros nombres semejantes de su tiempo. Este pareció ser un monje llamado Leonardo da Pistoia, de la familia Candia de ese lugar de la Toscana. Filólogo experto en latín y griego, sabía como moverse por los círculos culturales y esotéricos de la decadente Bizancio. Sus largas estancias de investigación en aquellas tierras se alternaban con otras siendo huésped de los Medici en Florencia, donde venía a depositar el material de interés. Con los otomanos asediando Constantinopla, en 1453, logró hacerse con unos documentos en griego que recopilaban 14 libros atribuidos a Hermes Trismegisto, pertenecientes a los herederos del historiador y filósofo (neoplatónico, también) bizantino del siglo XI, Michel Psellos (1018-1096), y hasta donde sabemos los recopiló entre Atenas, Alejandría y Constantinopla. 
 
Marsilio Ficino visto por
Leonardo da Vinci.

 

La figura de este filósofo, Psellos, suele presentarse opuesta a todo tipo de ocultismo, pero sus tratados sobre alquimia, adivinación y sabiduría caldea nos dicen lo contrario. Leonardo da Pistoia, apodado también, el Macedonio. aprovechó la emergencia económica de sus dueños y tras un riguroso análisis procedió al pago y mantuvo la adquisición en Tesalónica hasta 1459, fecha donde se lo llevó a su cliente. Al parecer, el erudito bizantino los ordenó y, digamos, limpió de elementos espurios a la tradición hermética. Cuentan que Cosimo mandó a Ficino parar las traducciones que tenía pendientes de los neoplatónicos y se centrara en aquel tomo de título “Hermetica”. No tuvo lista la traducción al latín hasta abril de 1463. Tan sólo un año antes que el máximo interesado en poseer su conocimiento, el viejo Cosme, abandonara la vida terrenal. Y dos después, por tanto, de la finalización de la cripta-capilla que hemos descrito. De bien seguro, este filántropo, se fue con su alma en paz por haber regalado al mundo los secretos bien guardados de una especie de magia divina ancestral beneficiosa para, bla, bla, bla…¿Pero de verdad alguien puede creer que este personaje y sus adláteres, que actuaban a golpe de espada, usura y cualquier engaño a su alcance para conseguir el máximo poder y riquezas, iban a poner a disposición pública unos conocimientos mágico-esotéricos que bien podían utilizar, en exclusiva, para su único beneficio?
 
Los 14 tratados que correspondían a los textos redescubiertos que todos daban al Gran Hermes como autor material se publicaron en 1471. A la obra de Platón traducida por Ficino le llegó el turno de la imprenta en 1483, “Divini Platonis opera omnia”. El hermetismo y el platonismo fueron casi de la mano a partir de ahí. La cultura hermética en el plano de la magia se convierte en un éxito entre esa minoría de privilegiados en Florencia y el resto de cortes y ricos comerciantes y banqueros del resto de Europa. La práctica de rituales teúrgicos se pone de moda entre los más afortunados, pero… ¿estaban seguros estas pudientes personalidades que estas celebraciones, ritos y adivinaciones eran todo lo “eficaces” que creían, no eran más que una tomadura de pelo o también eran víctimas de esta casta de magos negros? Miremos, pues.

 

 

Monumento-tumba en agradecimiento
por los servicios prestados a Isaac Casubon
en la Abadía de Westminster. 

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La copia en griego que llegó a manos de Ficino no puede ser anterior al siglo XI. En teoría, pues no se conoce manuscrito fechado con anterioridad. Aquel erudito, Casaubon, que dató los escritos herméticos en los primeros siglos del cristianismo observó ciertas peculiaridades y semejanzas en las temáticas. Ni en los diálogos de Platón, ni en las obras de Aristóteles y demás de sus contemporáneos, aparecían alusión alguna a esos documentos atribuidos a Hermes. Este autor ginebrés, piensa que la creación de estos textos tuvieron bastante que ver con la aceptabilidad del cristianismo para los nuevos adeptos de la fe de Cristo. No contienen doctrinas del antiguo Egipto, según Casaubon, que los tacha de supercherías con buena intención, pero que deben ser considerados falsos, en cuanto a la autoría del tal Hermes Trismegisto. Las considera un compendio de obras platónicas y los textos cristianos sagrados. Así, el “Poimander” (la primera parte de esa recopilación) resuena bastante al “Timeo” de Platón, al “libro del Génesis” y del Evangelio de Juan; los “poderes”  del Tratado XIII del Corpus Hermeticum es un recordatorio del capítulo 13, también (curioso), de la Carta a los Romanos del “hacedor” de la Iglesia, San Pablo, otrora conocido como Saulo, el de Tarso; himnos de liturgias antiguas, como de los Salmos y de Juan Damasceno (del siglo VIII este); los tratados sobre la “regeneración” se asemejan mucho a los de, entre otros autores, Pablo, Justino, Cirilo y Gregorio Nacianceno. Y completa la argumentación con razones de orden léxico y estilístico. Decir, en su contra, que fue bibliotecario real en Francia y en sus últimos años asistente intelectual en la corte inglesa. No podemos fiarnos de aquellos que son pagados por quienes escriben la historia oficial; pero lo que se produjo en la traducción de Ficino al latín y la copia griega de la cuál se realizó no deja de ser un “pastiche” de muchos otros textos contemporáneos a los años de formación del cristianismo y posteriores. Hagamos memoria: “Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro”.
Se advierte la herencia de aquellos intelectuales cercanos a la élite que fueron los Fedeli d’Amor y su esoterismo cabalista como nexo de unión a las evidentes costumbres de la familia Médici. Personajes como su trabajador a tiempo completo, Marsilio Ficino, fueron los encargados de “simular” fidelidad a la Iglesia en sus escritos. El “lloro”, el “llorar”, las “lágrimas”, en jerga de iniciados en ese movimiento esotérico, según cuenta el autor Luigi Valli, en “Los secretos de Dante y los Fedeli d’Amore”, de 1928, son unos ejemplos. El amor platónico es la “Santa Sabiduría“, según este investigador, esotérica y herética. Esa sabiduría extraordinaria estaría subvencionada por aquellos mecenas filántropos que conectan con los fuegos del más allá, aquellos que piden desde tiempos inmemoriales a estas castas sacerdotales cuerpos, almas y toda la energía posible que “les es demandada” para Dios sabe qué. 
 
Crismón con 8 extremidades
Hombre “aspado”

 

Son aquellos que pretenden arrojar todo tipo de oscuridad sobre todo lo antiguo. Alterar la visión histórica del receptor. Un ejemplo es la Edad Media, tildada de falta de intelecto, tinieblas, crueldad, falta de humanidad, corrupta y de todos los improperios tenebrosos posibles, que estos iniciados en la Santa Sabiduría nos quieren hacer ver. Sólo por este motivo nos tendrían que sonar las alarmas conspirativas de todo adepto al velo, y sospechar que nos la están dando con queso, parmesano, en este caso (excelente para gratinar historias). Se apoderan de los símbolos ya existentes e introducir de una forma sibilina sus mensajes, para transformarlos más tarde o acabar con ellos cuando la idea o concepto a transmitir haya hecho su función. El filósofo romántico alemán Friedrich Schlegel escribió sobre esta oscuridad temporal: “Admitamos la noche del Medievo; pero es una noche resplandeciente de estrellas“.
 
El centro del cielo y la tierra,

 

Ejemplo “elucubrador” de una transformación de símbolos y sus conceptos sería el paso del crismón, que significa “monograma de Cristo”, que ya analizamos en la segunda parte de este trabajo, y que evolucionó a un círculo que englobaba múltiples mensajes, siendo el principal que Padre, Hijo y Espíritu Santo eran el principio y el fin de todo (Α  y  ω). Este símbolo lo relacionamos con el medievo. Fijemos la vista en el dibujo más famoso del Renacimiento, el “Hombre de Vitrubio“, de Leonardo da Vinci. Un hombre con las extremidades convertidas en aspas, que delimitan en movimientos superpuestos las dos figuras geométricas representadas alrededor de la humana. El círculo en representación del cielo, con brazos y piernas, abiertos y estirados, recuerdan un potro de tortura. El cuadrado, en cambio, asienta los pies firmes en el suelo, representando a la tierra, con los brazos aquí en posición horizontal, simulan un alfa y omega, donde el hombre pasa a ser el centro de todo. El Renacimiento lo convierte en el “ombligo/ónfalos” del mundo terrenal y el celestial, el “nuevo dios”; pero… ¿Quiénes promocionan ese concepto y para qué? Cambio de paradigma  que vino para quedarse y evolucionar.
 
La “estrella fugaz” de las 900 tesis.

 

La idea del neoplatonismo donde el hombre se situaba en la mitad de la cadena del ser o jerarquía de los seres, que comienza con Dios, bajando por los ángeles, los planetas, los hombres, el resto de formas de vida hasta llegar a los demonios y seres del inframundo, aún seguía vigente. Es aquí donde nos encontramos al “niño mimado” del movimiento renacentista, Giovanni Pico della Mirandola (1463-1494). Un joven noble que se le supone sabedor de árabe, griego, hebreo, caldeo (suerte que China le quedó lejos) para poder comprender de primera mano la cábala, el Corán, los diálogos platónicos y los oráculos caldeos. Impulsor de la idea de la unificación de las tradiciones culturales creía que el cristianismo era el eje donde podrían converger todas las religiones. Parecido a una idea bastante actual y muy “milenarista”, el ecumenismo. Se le considera fundador de la cábala cristiana. Punto de inflexión fue su obra conocida como “Las 900 tesis” (nueve), una especie de recopilación de todos los saberes que había aprendido para extraer aquello que tuvieran de verdad. Compuesta a finales de 1486 pretendía defender su obra en un gran debate delante del Papa Inocencio VIII y toda su corte de obispos y teólogos. El supuesto “gran debate” de aquel joven pretencioso no se llegó a celebrar por haber sido declaradas 13, de aquellas tesis, heréticas o sospechosas de serlo para el Vaticano. Sea como fuere, el comienzo de aquella obra, el llamado “Discurso sobre la dignidad del hombre“, fue el fuego que prendió el ideario del Renacimiento citando a Hermes Trismegisto en su inicio: “Gran milagro es el hombre, ¡oh, Asclepio!“. Este alumno y gran influenciado por Marsilio Ficino propuso que el hombre podía tener la posibilidad de ascender o descender en cualquiera de esas clasificaciones de los seres, incluida la posibilidad de contemplar al mismo Dios a su altura. Antropocentrismo de luz y de color, frente al oscuro teocentrismo del medievo. El final del joven Pico, junto a otro erudito y posible amante, Poliziano, envenenados con arsénico y ambos del entorno de la Academia de los Medici, nos haría recordar el libro de Aristóteles, aparecido en la obra de Umberto Eco antes mencionada, que mataba a todo aquel que tuviera acceso a un determinado conocimiento y  fuera eliminado por peligro a ser divulgado.
 
A principios del siglo XX, una serie de eruditos y filólogos trataron de contextualizar los escritos herméticos para deducir sus fuentes. Richard Reitzenstein los situó en el entorno egipcio de la teología de Ptah (señor de la magia) en la mitología egipcia y otras influencias orientales. En referencia al Corpus Hermeticum, decía que probaba la existencia de una comunidad egipcia que utilizaba esos tratados como culto religioso. Thaddeus Zielinski resituó los “Hermetica” en el contacto de las filosofías griega peripatéticas (referentes a Aristóteles), platonizantes y panteístas. Bausset exploró las fuentes orientales del gnosticismo y estableció como elemento clave la llegada a la cultura helena de la influencia irania. Reintzenstein cambió su postura sobre el Hermes egipcio y sostuvo que Irán era la cuna del Hermetismo. En esas puso “paz oficial” un dominico, Festugière, con el objetivo de demostrar que no había nada de orientalismo ni de origen egipcio, para fijar la postura filo-helenista. 
 
Biblioteca de Alejandría antes de los “fuegos purificadores”.
 
De manera oficial, las reescrituras llevadas a cabo por la Biblioteca de Alejandría de las religiones más influyentes o practicadas en el Egipto Ptolemaico de ese interesante siglo III antes de la era oficial; ya fueron la ley judía, que la compilaron en la famosa Septuginta, en griego koiné, así como la reinterpretación del pensamiento egipcio religioso adaptado a la forma de pensar griega, se realizaron para dejar constancia del pensamiento del Reino. En modo elucubrador y profano, propondremos una influencia común de los sacerdotes que poseían los saberes ocultistas, “disfrazados” del “mago Hermes”, que también se esconden en aquellos sacerdotes levitas, en los magiis medas, o en esos modernos administradores del poder-conocimiento-religión de la inefable Compañía de Jesús, entre otros, pero siempre bien “achuchaditos”, característica común de todos estos grupos, con los gobiernos territoriales. Por cierto, una lástima lo de los incendios de esta gran hemeroteca del saber antiguo, ¿verdad?
En los vastos confines orientales
del azul palidecen los planetas,
el alquimista piensa en las secretas
leyes que unen planetas y metales.
                                                           “El Alquimista”. Jorge Luis Borges  
 
Para poner los pies sobre la tierra, el viento, el agua y el fuego de unos determinados conocimientos alquímicos sobre los que vamos a especular, veamos una pequeña clasificación de un sabedor de estas ciencias ocultas, aunque él siempre lo ocultara y arrojara esputos de ironía sobre ellas. Umberto Eco, divide en dos esta ciencia: alquimia operativa y alquimia simbólica. 
 
La alquimia simbólica, en la cima de su sueño místico, expresó el deseo materialista de unidad, una idea de nacimiento espiritual, en solidaridad con el nacimiento, muerte y renacimiento de la naturaleza.
 
La alquimia operativa representó un modo, ingenio y precientífico, de integrar a la naturaleza, verla como cosa viva, lugar de posibles transformaciones, teniendo con la magia un proyecto de integración y dominio de la naturaleza.
 

 

 
Unos ejemplos para que entendamos mejor estas dos variantes de la alquimia nos los proporciona este autor en su ensayo, “Los límites de la interpretación”: “Un operador práctico no podía olvidar que el hornillo en que se cuece la materia era una metáfora del vientre de un útero y de cualquier proceso generador de vida, así como el operador simbólico, volvía al clasicismo y a la doctrina cristiana para demostrar que todos los mitos de generación y transformación, y la misma imagen del vientre de María, eran metáforas que aludían a la práctica de la alquimia.” 
No entraremos a fondo en lo que era o representaba la alquimia, entonces. Sólo cogeremos esas pequeñas alusiones, legendarias o no, pero documentadas, que nos ayuden a vislumbrar el camino que estaba tomando el hombre con la ayuda de esos supuestos saberes “herméticos y ancestrales” que lo llevarían a la “fabricación” de vida humana, ponerse a la altura del mismo Dios. 
 
Paracelsus, intentando salir del encuadre del Universo.

 

En estas vicisitudes encontramos a un archiconocido Paracelso (1493-1541), médico suizo que utilizó la alquimia en la primera mitad del siglo XVI para lograr numerosos avances reconocidos desde esa época, como el descubrimiento y uso de la toxicología. Pero ya sea por megalomanía, por sus numerosas ansias de experimentar, o quizá, por encargo, intentó crear vida humana desde una perspectiva platónica de la perfección del ser. Con todas las cualidades humanas, pero sin las impurezas de la materia. Lo que denominó “homúnculo“, en su “Liber Paragranum”, a través de unas pruebas realizadas para conseguir grados de pureza en la putrefacción de esperma humano, inseminado a su vez en un huevo que ha de dejarse también llegar a la descomposición pura, ayudado con excremento de yegua preñada…y a esperar 40 días. Todo muy limpio y puro. Y 40 días más alimentándose de sangre humana. Algo escabroso, sí; pero en realidad lo que se deja ver en estos tratados es la creación de vida humana sin la aportación femenina. Este detalle habría que tenerlo en cuenta para un futuro no demasiado lejano de nuestros días, donde se trata de conseguir el desarrollo de humanos fuera de la matriz materna; pero a Theophrastus Von Hohenheim, alias “más que Celso”, esto lo aprovecharán para acusarlo de misoginia. Carecerán de alma estas criaturas, entonces. Serán de pequeño tamaño, unos 30 centímetros, y podrán realizar diversos trabajos para su creador. Tenían un problema: su capacidad para rebelarse, tal como Adán y Eva. Dejémoslo en que sólo eran metáforas filosóficas para experimentar con la naturaleza y su ciclo de vida y muerte. A resaltar la importancia que le daba este peculiar “matasanos” a los cuatro elementos principales, simbólicamente regidos y representados por criaturas mitológicas clásicas: Ondinas, para el agua; gnomos, para la tierra; sílfides, para el aire; y salamandras, para el fuego. Una gran figura de la medicina, pero la mayor parte de su obra “extraña” fue publicada muchos años después de su muerte. Ojo a ese dato.
 
 
Criaturas de barro al servicio del hombre-dios.

De seguido, nos vamos a la Praga del siglo XVI para abordar la más famosa leyenda de creación de humanoides artificiales, o en este caso, el famoso Golem de la mitología judía. El Rabbí Judah Loew (1512?-1609), más conocido como el “Maharal” de Praga, fue rabino protector de la comunidad hebrea de esa ciudad, que como en la mayoría de lugares donde estuvieron asentados eran atacados por los recelos que produjeron a lo largo de la historia, antes y después de sus famosas “diásporas”. Sea como fuere, el gran Rabbí, decidió “fabricar” una enorme criatura según los ritos estudiados por él a través de la interpretación de la cábala y los escritos talmúdicos. Mediante “barro que no debía haber sido pisado por el hombre“, (al igual que Adán, el primero de todos) procedente de la orilla del río Moldava amasará una gran figura semejante a un hombre. Según el cabalista Eleazar de Worms, la fórmula para el desarrollo del golem consiste en realizar 23 columnas en folio, con el conocimiento de los alfabetos de las 221 puertas aplicadas a cada uno de los órganos de la criatura. Se introducía el “inefable nombre de Dios” con un papelito en un orificio y grabar en la frente del “ser” la palabra hebrea “emet” (verdad). Dicha criatura sirvió, según las leyendas registradas de la época, para amedrentar a los posibles atacantes de su comunidad y realizar trabajos varios de gran fortaleza, aunque de pocas entendederas. Por un descuido del Rabbí en la preparación del Sabbat, se le olvidó sellar la boca de la criatura. Salió esta como una bestia enfurecida provocando el terror en las calles de la judería. El rabino logró darle alcance y borrar la letra inicial grabada de su frente, dejando escrito “met“, muerte en hebreo. Acto seguido el “golem” cayó al suelo y volvió a su amorfa masa de barro. La leyenda dice que fue guardado en la habitación más alta de la sinagoga vieja de Praga y que cada 33 años vuelve a la vida para recorrer esas calles. No deja de ser curioso como la verdad esté a tan sólo una letra (o sonido) de distancia de la muerte para esta cultura.

 
 
“En la hora de angustia y de luz vaga
en su “Golem” los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino de Praga?”
                                                
El Golem. Borges. 1958
Fuego para acabar con el Nuevo Prometeo.
Estos serían hechos documentados, basados en leyendas y posibles experimentos; pero… ¿de dónde viene introducida la idea de crear humanoides y máquinas con vida propia? Exacto, de la literatura. Personajes como “Frankenstein, el nuevo Prometeo” (¿met?), escrito por Mary Shelley en pleno fervor romántico de principios del XIX, un ser creado de trozos de cadáveres por un estudiante de medicina de Ingolstadt, la Universidad donde fue catedrático unos años antes a la publicación de la novela un tal Adam Weishaupt, el de los Iluminados de Baviera (cosas de la imaginación de una joven señorita inglesa, nada más). Se alude en la obra a la influencia de alquimistas o presuntos, como Cornelio Agripa, Alberto Magno y, sin presunto, Paracelso. No se explicita el uso de la electricidad para la creación de vida, de hecho no lo escribe y guarda el secreto. Fue en las adaptaciones cinematográficas donde se expone visualmente este hecho. La energía eléctrica como creadora de vida y necesaria para el funcionamiento del mundo. Y manejada por las grandes corporaciones, eso sí.
 
“¡Miénteme, Pinocho!”


Ni que decir tiene que los más jóvenes también han sido las presas de estos artistas-iluminados. Un vistazo al inocente “Pin
ocho” y sus aventuras. Su autor, Carlo Collodi (1826-1890), un florentino cuya familia trabajaba para los condes de Garzoni, acaudalada familia desde los primeros tiempos de los Medici. La condesa fue su madrina y a causa de esto el joven Carlo pudo tener la oportunidad de acceder a la biblioteca del conde, donde encontró valiosas y esotéricas lecturas. Masón reconocido, Collodi se mueve de joven en el entorno político de Giuseppe Mazzini, entre los movimientos carbonarios y masónicos. El inocente muñeco de madera construido mediante un leño mágico que tiene el don de hablar y sentir recuerda a la creación de homúnculos. El cuento original es bastante más macabro que sus adaptaciones posteriores en novela y cine. El relato tiene una constante de nacer, morir y renacer, con un traumático viaje iniciático del muñeco-golem de madera, que desea ser un niño de carne y hueso. Está a punto de morir quemado, ahorcado y herido por cuchillos. De nuevo podemos ver una alusión a la triple muerte, aquí. Estas lindezas aparecieron por capítulos en la publicación infantil “Il giornale per i Bambini” en 1881.

 
Máquina de recolección del alma humana
para la construcción de robots-golems.

Introducir imágenes a fuego lento en la memoria colectiva de los hombres para que vayan procesando su futuro. Sustitución de los hombres por máquinas antropomorfas y de corte andrógino. Primero como un suceso escabroso, monstruoso y de película de terror o fantástica, pero a la larga y gracias a todos estos “artistas”, pequeños magos negros al servicio del poder, que desde aquellos filántropos y mecenas del Renacimiento vienen mostrando el arte como medio de introducción masivo en la memoria de todos nosotros. ¿Creen qué es una exageración? Y no sólo los artistas. Recuerdan los filósofos a lo largo de la historia. Miremos pues a la nueva filosofía científica.

 
 
Marvin Minsky, Kaminsky o el “Golum”
para gobernarlos a todos.
La búsqueda por colocar un cerebro creado a estos seres metálicos o máquinas inteligentes, que vayan sustituyendo al, cada vez más subversivo ser humano, tiene una inquietante anécdota protagonizada por varios de los “creadores de mentes” que hemos rescatado de las telarañas de la información. Mitchell P. Marcus, profesor de Inteligencia Artificial en la Universidad de Pennsylvania, cuenta que cuando era graduado en los laboratorios de la Universidad de Massachusetts los profesores que allí colaboraban, Moses, Sussman y el más conocido Marvin Minsky, todos de ascendencia judía, contaron la anécdota de las “confesiones de familia” por parte de sus respectivos abuelos en sus celebraciones del “bar mitzvah“.  A cada uno de ellos les confesaron ser descendientes del Maharal de Praga antes mencionado, y les pasaron al oído (como deben pasarse los secretos) la información de que el “golem” no había sido destruido, y les dieron las palabras clave para poder devolverlo a la vida. Los dos primeros científicos las anotaron  por separado y resultaron coincidentes. Minsky, se burló del suceso y confesó que a él también le hicieron lo mismo, pero que no recordaba las palabras en cuestión ni le dio importancia. Pues bien, Marvin Minsky, fue el más brillante e inventó la interacción del proceso de pensamiento, reproducción de los mecanismos de nuestro cerebro. Lo que vendría a ser, “dar vida a una inteligencia artificial“. 
 
H.A.L. 9000 (¿nueve, nove, neo?)

 

A partir de aquí podríamos hablar de “cibercabalismo” y/o “cibercabalistas“. La modernidad es lo que tiene, y esta disciplina esotérica o su evolución aprovechando las nuevas tecnologías, parece que es utilizada desde finales del siglo XX. Sigamos con la A.I. (Artificial Intelligence) y el miembro histórico del M.I.T. (Instituto de Tecnología de Masssachusetts), Minsky,  que nació en una familia de tradición judía, pero fue ateo confeso a lo largo de su vida. Como Stanley Kubrick, director de “2001. Una Odisea en el Espacio” (1968), película de la que este profesor de inteligencia artificial fue asesor científico y aconsejó, quizá, a Kubrick, de origen judío, pero ateo, también, cambiar la fecha del “nacimiento” del superordenador que dirigía la nave Discovery en su extraña misión. En la novela de Arthur C. Clark, la máquina es creada el 12 de enero de 1997, mientras que en la película, el director del Bronx, retrasa esa fecha hasta el 12 de enero de 1992. ¿Por qué? La desconexión de esa malévola mente artificial se produciría en 2001. H.A.L. 9000 (nueve-nove-nuevo), por tanto contaría con 9 años, buena cifra para morir y renacer. Uno de los tres tripulantes silenciosos y sometidos a hibernación de la nave (posible alusión simbólica a las triadas religiosas) lo llaman tanto en la película como en la novela Kaminsky, referencia al profesor del M.I.T. 

 
 

Podríamos aplicar el término “inteligencia artificial” a máquinas que tratan de imitar las funciones cognitivas propias del ser humano: capacidad de resolver problemas, de pensar, reflexionar, decidir, aprender… Y con una suerte de legislación surgida de la literatura, como no, llamada Leyes de la Robótica, según el autor de ciencia-ficción Isaac Asimov, ateo, también, y de ascendencia judeo-rusa.

Primera LeyUn robot no hará daño a un ser humano ni, por inacción, permitirá que un ser humano sufra daño.Segunda LeyUn robot debe cumplir las órdenes dadas por los seres humanos, a excepción de aquellas que entren en conflicto con la primera ley.Tercera LeyUn robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o con la segunda ley.

 

Pero, ¡Qué diablos! Resultaría mucho más barato convertir a la gran mayoría de la humanidad en robots. Golems con muy pocas luces que asintieran sin ningún atisbo de rebeldía a las órdenes de sus dioses-amos. Y mucho más satánico o luciferino, o como quieran llamar a las intenciones que llevan camino de producirse en breve tiempo. Eso sí, siempre con nuestro consentimiento, que a parte de parecer un modus operandi necesario en las actuaciones de estos enemigos de lo humano, es un ahorro en recursos inestimable para ellos. Veamos como tienen planeado hacerlo y ritualizarlo. Supuestamente, claro, que para eso estamos “elucubrando”.
 

 

Arribamos al momento cumbre simbólico de esta investigación. El cambio de milenio. Un pretendido cambio de la Humanidad que había que incentivar para darle un giro de 180 grados al mundo. Aprovechar la incipiente “conexión virtual” entre personas; lo que el filósofo y teórico de la comunicación, Marshall McLuhan, acuñó y profetizó como la “Aldea Global” (Global Village), allá por la década de los 60 del siglo XX, y que en su pensamiento más profundo quería probar que esas “extensiones de la conciencia humana se proyectaban hacia el medio de todo el mundo a través de la electrónica, empujando a la humanidad hacia un futuro robótico“; lo que vendría a ser una canalización de una nueva naturaleza del hombre en sistemas de información, que anularía los secretos y tendría como consecuencia un aumento de la sensibilidad global a todos los niveles. Craso error. 
 
Efecto 2000 o pánico milenario

 

 Y como no podía ser de otra manera, el cambio de milenio debía de llevar su momento de operación psicológica apocalíptica, que aprovecharan los magos negros esos que dilucidan tramas para beneficio de las élites psicopatocráticas. Se llamó  “El Efecto 2000“, aquí. También conocido como “Efecto Y2K“. Un caos en la tecnología a nivel mundial iba a producirse por un error lamentable de falta de previsión. Las mentes humanas no son capaces de ver a largo plazo (o esa idea nos quieren dar) y allá por los sesenta del siglo pasado, la falta de espacio de memoria informática en sus comienzos hizo que se normalizara el uso de dos dígitos para las fechas anuales. ¿Qué pasaría cuando llegara el momento de cambiar el “99“(nove-nuevo) al “00”?¡Qué sería de la humanidad, ya acostumbrada a que las máquinas programadas por hombres regularan la energía, el suministro de agua, las cuentas bancarias, los datos fiscales…! Creado el miedo, se invirtieron unas suculentas sumas de dinero público para tratar de mermar estos posibles daños del “fin del milenio”. Salvo alguna anécdota, no pasó nada, el día 1 de enero del 2000, y como siempre hubo unos beneficiarios. A todos los niveles, creemos. Siempre se nos ha inculcado que hubo un terror en el anterior cambio de milenio, el año 1000, en el que esperaban los temerosos cristianos el juicio final. ¿Y si fue todo una invención de siglos posteriores? Todo apunta a que sí. Por cierto, ¿se han fijado en el parecido de ese acrónimo de “Y2K” al de ese dios bíblico “YHV“? Noooo, sería demasiado.
 
Con tanta imagen robótica proyectada sobre nuestras mentes, idealizando un futuro tecnológico en el que los humanos pasaríamos a ser semidioses y las máquinas nuestros esclavos sin alma. Los “golems” electrónicos serían nuestros simpáticos sirvientes en un viaje egocéntrico donde pagaremos (o hemos pagado ya, irremediablemente), con ese alma de la que carecen esos inteligentes aparatos, cuya dirección de diseño está realizada por una renovada casta sacerdotal, renovada en cuanto a la imagen con la que se muestran hacia sus feligreses modernos. Ya no son los tenebrosos viejos con túnica, barbas largas y cetros retorcidos. Ahora visten de marca, cuidan su imagen pública, se manejan a través de esa red de redes a la perfección, la cual utilizan para atrapar a sus “followers-feligreses”, acepción más actualizada.
 
El viaje iniciático de Jasón y los argonautas.
Se configura un proyecto ritualístico local, pero global a la vez. La construcción por parte de muchas opiniones (para nada influidas, que va) de los valores y rasgos que habría de tener el “nuevo hombre del milenio” que ya, nos decían, se estaba transformando, o mejor aún, “evolucionando espiritualmente” (oh, que bonito) hacia una comunión con la madre Tierra o Gaia o la Era de Acuario con lacitos rosa, donde todos seríamos iguales y el mundo estaría mejor repartido. Todo bien promocionadito por los “pensadores” a sueldo de las grandes corporaciones. A través de una gran entidad de comunicaciones, se promociona el evento y se encarga a los mejores productores de performances del momento: la Fura dels Baus, que se hicieron mundialmente conocidos tras la exitosa inauguración de los juegos Olímpicos de Barcelona de 1992.
 
Hércules dando paso al mundo desconocido

 

Esta compañía de teatro catalana fundada en 1979, “la Fura”, que definen su trabajo como “atípico, que busca espacios escénicos distintos“, derrochan imaginación con morbo en sus espectaculares performances, movidas en un contexto dramático-imaginativo de “creación colectiva” (¿de qué me suena?). Esa gran performance que fue la inauguración de las olimpiadas de Barcelona, a los que se encargó el acto central de esta. Una suerte de recreación del viaje iniciático del mito de Jasón y los argonautas, con el semi-dios Hércules, abriendo las columnas del mar que llevan su nombre y que dejan paso a las aguas del mundo desconocido. Alegoría de un encuentro entre pueblos, religiones y razas diferentes…o quizá, la apertura ritual de un escenario nuevo en el mundo, al ser un acto visualizado de manera global y masiva. 
  

 

 

 

El ambicioso proyecto se llamó “El Hombre del Milenio” (L’Home del Mil.leni, en catalán), y como vamos contando, se trataba de plasmar las opiniones y sensaciones de la gente sobre la idea de como deberían ser las características del nuevo hombre que había de “renacer”; parece ser que algunos decidieron que debía morir el anterior (oscuro, genocida, ególatra, contaminador, y lo peorcito de todo, heteropatriarcal). El escenario sería en el corazón de Barcelona, ciudad cosmopolita desde las olimpiadas del COBI. Esas “cualidades” serían el resultado de la macro-encuesta-digital…¿o no? “El asunto busca la participación ciudadana, a través de Internet, para establecer cómo será el hombre -la persona: el gigante será andrógino en aras de lo políticamente correcto- del próximo milenio” (ojo a lo que soltó este pollastre hace dos décadas). Como podemos ver en las declaraciones del entonces alcalde de la ciudad condal, (me ahorro el nombre, no merece la pena su vacuo recuerdo) el resultado de la “consulta colectiva ya estaba decidido de antemano. 

 

 

Según las fuentes de la organización, el gigante de 14,25 metros, se iría construyendo en base a los resultados dominantes de los deseos transmitidos en esa página web realizada ex profeso. De estructura metálica, iría tomando forma con las ideas del colectivo, lo que hoy denominamos “las tendencias”. Paremos un momento. Volvamos la vista atrás y visualicemos al Maharal de Praga moldeando el barro con forma humana de su “golem”. Sigamos. La idea final quedó en una mezcla andrógina. Véase ni macho ni hembra, caderas anchas, casi femeninas, sexo no definido, espaldas entre fuerte y flojas,… Una suerte de aquel viejo C3PO de Star Wars, pero sin gracia. Eso sí, con las ideas de la tolerancia, la sostenibilidad sostenible ecológica renovable limpia y reluciente, como la nueva mente del ser humano, que psicológicamente debía de ser femenina. Atentos a la explicación de Carlus Padrissa, uno de los directores de la Fura, y responsable del ritual… perdón, de la actuación. 
  
¿”Cabezas pensantes”?

La idea de una escultura hecha de carne humana, inspirada en los “castellers”. Todos hacen uno. Todos unidos hacen fuerza. Con esta torre humana emergiendo de la tierra mirando hacia el agua, que es el origen de la vida e imitan la naturaleza. La criatura viene desde el aire sobre las fuentes. Entonces, los “castellers”, suben por la estructura metálica y ocupan todo el interior menos la cabeza y el corazón; porque mientras no tenga corazón no puede funcionar. Se llena el corazón y lo ayudan a latir con las luces de los teléfonos móviles. “¡PAM- pam!, ¡PAM-pam! Suben a la cabeza, ocupada por gente muy joven, personas inocentes. Su mente, la del nuevo ser, es inocente. Comienza a tomar vida y abre los brazos. Gira 360º, convertir la “idea global” de todo el mundo. Luego vienen las 12 campanadas muy poco a poco, porque quien va lentamente llega más lejos“. (Y fuegos de artificio).

 
Fin de 1999…9, 9, 9.
 
 El escenario elegido fue la céntrica Plaza de Cataluña de Barcelona. Nexo de unión entre la ciudad antigua y la moderna, aquella que se empezó a construir en la segunda mitad del siglo XIX con el famoso ensanche de Cerdà. Lo anterior y viejo con lo nuevo bueno. Ese último día del año 1999 (festival de nueves-noves-nuevos) era el ideal para acabar con el antiguo hombre y que renaciera otro. Sacrificarlo de manera metafórica, ritualizar el evento, que fuera visible por el mayor número de personas y en un lugar especial. Pero volviendo a esta explicación del aparente ritual del nuevo hombre milenario, ¿no recuerda un poco o “un mucho” a un ritual que hemos descrito al comienzo de esta investigación? ¿Les suenan aquellos celtas brutotes que describía Julio César y que introducían a unos 

congéneres en un gran muñeco de estructura de madera y forrado con mimbre? Sí, el ritual del hombre de mimbre wickerman dedicado a su dios Taranis del cielo y del rayo.

Taranis y su rueda “cósmica” listo para el ritual del milenio.

 Dios que representaban con una “rueda cósmica“, como aspada, justo como el pavimento central de la Plaza de Cataluña, aquí tomando la forma de una rosa de los vientos, que no coincide con los puntos cardinales, por cierto. Su ofrenda más preciada era un muñeco o maniquí realizado de maderos de grandes proporciones con capacidad para varias personas en su interior, que eran quemadas con la ayuda de abundante mimbre. Se cree que se realizaba como ritual de fertilización en primavera. Qué mejor fecha para renovar “el ambiente mundial” que el cambio de milenio, ¿no?. Aunque parece que en esta ocasión se ha utilizado un sincretismo de varios rituales de muerte y vida… siempre metafórica y simbólicamente (claro, claro), que son tiempos de humanidad evolucionada, nada más faltaría pensar otra cosa. 

 

Gigante de carne humana
 
Nuevo Renacimiento Andrógino

Como hemos visto en la descripción del director del evento, Padrissa, se utilizan los cuatro elementos principales en la celebración. La tierra, con la torre humana de personas emergiendo como un ser vivo con fuerza colectiva, una humanidad conjunta. El agua, con el dominio de este elemento en las fuentes adyacentes. El aire, transportando la gran figura metálica que parece venida de los cielos, manejada hábilmente por los magos del espectáculo; como el fuego, aquí a modo de pirotecnia. Hasta aquí resultaría normal. Pero ese relleno de “carne humana” empieza a chirriar y las comparaciones con el wickerman son visibles. Y otros ritos, como el del “golem”, que hemos venido observando. Proporcionar esas ideas de cualidades a conseguir en la nueva criatura, como aquel rabbí recitaba ciertos sonidos desde combinaciones de la cábala que daban vida a los órganos del humano artificial. Más de 30.000 sugerencias intervinieron en la idea colectiva por la red de redes (¿cibercabalismo?). Aquí sucede con vidas humanas que van fluyendo por el cuerpo del gigante, como si de torrente sanguíneo se tratara. Ahora incluso tienen relación los elementos en este experimento de alquimia simbólica, como aquel homúnculo de reminiscencias “paracelsianas”. El corazón, relleno ya de humanos, ritualiza su puesta en marcha mediante el “fuego” de la energía eléctrica de los aparatos de comunicación de los asistentes, “luz colectiva”. La cabeza sería la parte última de las 100 personas introducidas en el “wickerman de metal“; número redondo, proporcional de 10, número de perfección divina. Pero había que saltárselo, como buenos magos que eran. La cantidad de jóvenes destinados a la cabeza sería de 11 y su peso total de 900 kilos. Paso del 9 al 11 (saltarse a Dios). Y por supuesto la inocencia de la juventud para poder manejar a la “nueva criatura” milenaria según las órdenes de sus creadores. De hecho, los cables que lo sujetan nos recuerdan que este “Pinocho” gigante nos es mostrado sin opción de rebelión.  

El torrente humano fluyendo para la nueva criatura.

 

¡Ya pueden sonar las 12 campanadas! El Ser del Milenio abrirá sus brazos para cuadrarse bien a la tierra y dar un círculo completo sobre sí mismo. Ya está completado el ritual de unión con cielo y tierra. Falta sacrificar a la humanidad. Simbólicamente. Los fuegos artificiales destruirán a la antigua humanidad para empezar a crear de manera muy rápida al “Andrógino Colectivo“. Pero no todo quedó ahí…
 
Nueva ubicación del ritual.

 El gigante andrógino fue guardado a buen recaudo en una localidad cercana y en un parque con nombre de “Milenio”. Su ubicación, proporciones y construcciones mágicas relacionadas son dignas de un estudio en profundidad (en un futuro próximo, quizá). En el transcurso del decimotercer (13) aniversario del ritual del “Andrógino Colectivo” se decidió volver a celebrarlo. Cambiar el lugar de la performance de la Fura dels Baus a uno más idóneo donde se pueden añadir ciertos suplementos para acabar de aunar piezas que complementarán el ritual de sacrificio, muerte y renacer de este nuevo ser del milenio. Y esto sucedió con el fin del año 13, después del ritual, al  14. De nuevo las 13 partes del cuerpo de Osiris para completar, con el falo simbolizando el catorceavo (14) trozo que unió Isis para engendrar al hijo de ambos, Horus, que parece simbolizar aquí una nueva humanidad andrógina.

 
Árbol sefirótico diseñado a partir de la construcción
del ensanche de Barcelona en la segunda mitad del siglo XIX.

 

Las fuentes de Montjuïc fueron las escogidas como escenario para magnificar la simbología de los cuatro elementos principales. Bien custodiadas por las dos torres venecianas de la limítrofe Plaza de España, que en anteriores investigaciones pudimos observar que está situada en el lugar destinado al sefirot Kéter, de un más que hipotético, árbol de la cábala diseñado para la ampliación de la ciudad condal un siglo y medio atrás. 

 
Fuegos para encender a la criatura.

 

 


 

El fuego tuvo más protagonismo en esta nueva versión del ritual, portando a modo de antorchas con formas de elementos alquímicos en procesión para darle la vida al gigante-golem-andrógino que ha de volver a vivir. El año siguiente, la nochevieja del 2014, fue la última en que se ritualizó al “Ser”. Desde entonces duerme en su parque milenario… hasta nuevos ritos.

 
Hombre del milenio, corazón andrógino.

Como decía un autor, de cuyo nombre no quiere acordarse ni ser recordado,  al comienzo de una obra suya: “El núcleo de la transhumanización es, precisamente, el género. Pues de lo que se trata es de demoler, de manera controlada, la familia tradicional y la fertilidad heterosexual natural, sustituyéndolas por una masa social atomizada de individuos andróginos, infértiles, equiparables a mercancías y a ganado cibernético.” Deseamos que su trabajo no quede como una antigua piedra olvidada en un estante perdido. Según este auto-olvidado autor, la androginización de la humanidad  derivada actual, es producto de esa gigantesca propaganda que ha superado a sus homólogos de las grandes religiones de masas y los regímenes totalitarios clásicos del siglo XX. 

 
Ciberser del Nuevo milenio Normalizado.

 Pero se atisba una conspiración velada desde estas castas sacerdotales, tan dadas a dominar a los hombres mediante su esoterismo. Hacer creer al mundo profano que sus primeros semejantes eran andróginos. Desde el platonismo y el gnosticismo, desde la cabalística y la alquimia, y ahora desde el cibercabalismo, de una manera más rápida y sin apenas resistencia. Un transhumanismo que derivará en un Sacrificio de la Humanidad 2.0.  

 

 

 
Unos cambios que derivan hacia el encierro del humano por miedo a un “enemigo invisible”, que no se ve, pero que nos lo enseñan constantemente. No se ve, pero es ritualizado delante de nosotros. No se ve, pero no podemos decirlo por llevar la boca tapada. Es la Nueva Normalidad; la nueve-nueva vida; la “Vita Nuova”, de nuevo; la de los “fieles” de ese “Amor” platónico, humanista, ilustrado, romántico u ocultista. La que no podemos aceptar de ninguna de las maneras para ser quemados en el muñeco de mimbre.

 

 

*Bibliografía y referencias (*algunas): 
–El rito de la ‘triple muerte’ en la Hispania céltica De Lucano al Libro de Buen Amor.– Martín Almagro-Gorbea. Ilu. Revista de Ciencias de las Religiones Vol. 17 (2012) 
La Vida Nueva.–Dante Alighieri. (1293)
–Don Quijote liberado. Relato del Peregrino o Autobiografía.
‎–El lenguaje secreto de Dante y los “fieles del amor.”–Luiggi Vaggi (1928)‎
–La humildad científica.–Umberto Eco. (1983)
–Del sentido al síntoma del sinsentido en Umberto Eco.–José Luis López Calle
–El Nombre de la Rosa–Umberto Eco (1980)
–Umberto Eco e l’abate Vallet, un’avventura di libri e di idee. Contra Tempi. 21-2-2016
–Lilith o Luna Negra. (4-5-2015) María Sánchez-Villacañas. Metamorfosis y Vida. WordPress
Siete crímenes y una biblioteca en llamas.–Annunciata Rossi. Instituto de Investigaciones Filológicas. 2018
Comentario de memorial a Teodoro de Jorge Gemisto Pletón. Luis Pérez Sánchez.
–La esencia de la Kábala. Brian L. Lancaster. Edit. Edaf 2007
— El hermetismo. Ensayo bibliográfico por Antonio González Blanco. (1976)
–Sant Ignasi a Montserrat–Anselm Maria Albareda.(1935)
–Historia de Montserrat–Anselm Maria Albareda-Ed. Abadia de Montserrat 1972
“La Guerra de las Galias” Caius Julius Caesar (s. I a. C)
–Defendámonos de los dioses- Salvador Freixedo. (1984)
La gran manipulación cósmica”- Juan García Atienza.(1981)

 
 

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